El tipo de flamenco que hoy consideramos contemporáneo comenzó a forjarse a principios de la década de 1960. El flamenco solía considerarse algo indecoroso, tanto en España como en el extranjero, aunque en 2010 fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. ¿Qué hizo que la percepción sobre el flamenco cambiara en un periodo de tiempo relativamente corto?
Hace cinco o seis décadas, los lugares tradicionales donde se practicaba el flamenco como una tradición familiar estaban a punto de desaparecer para siempre. Las dulces y líricas voces de la llamada ópera flamenca, que había dominado el flamenco durante décadas, estaban perdiendo popularidad, mientras que un poderoso movimiento neoclásico cobraba impulso, en gran medida gracias al trabajo del cantaor flamenco Antonio Mairena, quien defendía una forma tradicional de flamenco que con el tiempo pasó a conocerse como mairenismo.
Paco de Lucía y Camarón de la Isla, quienes han tenido un impacto tan enorme en el flamenco, ya eran adolescentes y estaban inmersos en el flamenco clásico, al tiempo que anhelaban insuflar su energía juvenil en un arte que sentían que se había estancado.
A medida que España se abrió al turismo extranjero, el baile flamenco se convirtió en un producto cultural ofrecido en numerosos locales pequeños y tablaos, que reproducían el formato de los primeros cafés cantantes, donde el flamenco había comenzado a existir como espectáculo público un siglo antes.
La guitarra flamenca como instrumento de concierto estaba alcanzando su madurez gracias a Sabicas y Carlos Montoya, ambos desarrollaron sus respectivas carreras en el ambiente de gran libertad de Estados Unidos, donde se convirtieron en figuras legendarias.
«A medida que el flamenco continúa globalizándose, seguramente veremos cada vez más estrellas no españolas alcanzar la cima de la profesión. El flamenco es un arte capaz de renovarse por sí mismo. No puede permanecer congelado en el tiempo, tampoco reinventarse de la noche a la mañana»
La fácil disponibilidad de grabadoras de casete y cámaras de vídeo hizo posible aprender mucho sobre el flamenco sin necesidad de viajar a España. Las escuelas de baile y las compañías profesionales comenzaron a proliferar en el extranjero.
La intensa renovación del cante y la guitarra flamenca, que también se extendió al baile, reflejó los cambios que se estaban produciendo en todo el mundo y sacudió al flamenco hasta sus propias raíces. Nunca antes, desde los albores del flamenco, ni siquiera durante la célebre Edad de Oro de los cafés cantante, se había producido un grado semejante de renovación estilística. Grandes figuras del baile que hoy veneramos como maestros, como Carmen Amaya, Antonio Ruiz, José Greco o Antonio Gades, entre muchos otros, recorrieron el mundo con grandes compañías, alimentando el interés y el entusiasmo internacional por este arte conmovedor que cautivó la imaginación de públicos de todo el mundo.
El flamenco se ha abierto, ya no está limitado a un círculo cerrado. Cantaoras, e incluso guitarristas mujeres, ya se ven como algo normal, y uno de las figuras actuales, Miguel Poveda, ni es gitano ni andaluz. Los espacios reducidos donde se presenta flamenco se ven mucho menos, y punteros como Israel Galván, Rocío Molina, María Pagés, Eva Yerbabuena o Sara Baras, entre otros, ahora presentan obras conceptuales con estilo contemporáneo inspirado en música y danza moderna.
¿Qué podría depararnos el futuro? Los problemas económicos mundiales ya están reduciendo el tamaño de las compañías de flamenco, por no hablar de los salarios, y los artistas menos conocidos están disfrutando de oportunidades que antes estaban reservadas a las grandes estrellas. Las descargas gratuitas de Internet han perjudicado a la industria discográfica, y muchos jóvenes artistas han optado por producir sus propios trabajos, lo que ha permitido que algunos nuevos talentos interesantes pasen a ocupar un lugar destacado.
A medida que el flamenco continúa globalizándose, seguramente veremos cada vez más estrellas no españolas alcanzar la cima de la profesión. El flamenco es un arte capaz de renovarse por sí mismo. No puede permanecer congelado en el tiempo, tampoco reinventarse de la noche a la mañana. ♦















