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El Carpeta: «Guardo en mi correo la gira que no pude hacer con Paco, pero puedo morir tranquilo»

LOS ELEGIDOS (XXXII). El bailaor sevillano Manuel Fernández Montoya 'El Carpeta', que acompañó al genio de Algeciras en sus últimos recitales, lamenta que el maestro falleciera cuando tenían por delante muchas actuaciones y momentos por vivir juntos.

Alejandro Luque por Alejandro Luque
3 abril 2025
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Manuel Fernández Montoya 'El Carpeta'. Foto: Instagram Carpeta

Manuel Fernández Montoya 'El Carpeta'. Foto: Instagram Carpeta

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El 9 de octubre de 2010, Paco de Lucía clausuró la Bienal de Sevilla. Aunque puso al público en pie, no fue su mejor noche. Los nervios se le hicieron patentes como casi siempre que actuaba en la capital hispalense. Hasta que, ya en el fin de fiesta, sacó a bailar a Manuel Fernández ‘El Carpeta’, nieto de su amigo Farruco con apenas 12 años, y el rostro se le iluminó. Fueron veinte minutos tocándole con una sonrisa de oreja a oreja, olvidando las fatigas que había pasado las dos horas anteriores. El Carpeta, naturalmente, nunca ha olvidado aquella ocasión, ni los dos recitales más en los que acompañó al genio de Algeciras. Estaba llamado a seguir de gira con él, pero la muerte interrumpió aquel sueño.

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–Muchos tuvimos noticia de usted por aquel concierto de Paco de Lucía en la Maestranza. ¿Qué supuso aquel baile para usted?

–Los veinte minutos más bonitos para cualquier persona que ama a un artista tan grande. Fueron veinte, pero para mí fueron tres, de las ganas que tenía de que no acabara. ¿Cómo puedo recordar eso? Pues como el momento en que uno piensa que algún día puede llegar a ser alguien. Y cuando admiras tanto a alguien como yo admiraba a Paco, quieres estar ahí, ser como él. Son las cosas bonitas que te da el flamenco, que te da tu carrera. Salir en mi tierra, con mi hermano Farru a mi ladito, y poder bailarle un cachito al maestro, siendo tan pequeño pero sabiendo lo que estaba haciendo… Tener al genio de la guitarra ahí, el artista más grande que ha dado este país, y que él dedique sus cuerdecitas para mí, fue un sueño.

–¿Recuerda cómo era El Carpeta en aquel momento?

–Creo que mucho no ha cambiado la cosa [risas]. El Carpeta de entonces tenía 11 o 12 años, ya había estrenado su propio espectáculo, Escuela de Arte, en el Auditorio de Barcelona. Ya sabía lo que era subirse a unas tablas, había hecho Farruquito y familia con mi hermano, pero era una persona inquieta y con ganas de investigar. En aquel momento, el baile no era aún un trabajo, era un hobby, solo que me lo tomaba de una forma un poco más profesional. Pero me lo tomaba como un juego, sin dejar de tenerle el máximo respeto. Era un muchacho muy travieso en el buen sentido, con un punto investigador, y curioso de todo lo que se hablaba en casa, incluyendo, cómo no, al maestro Paco de Lucía. Cuando tuvo su oportunidad, investigó, conoció todo lo que necesitaba conocer, y aprovechó el momento como nadie.

–Ahí se juntaban los nervios y las ganas de exprimir la experiencia, ¿no?

–Imagínate, fueron mil sensaciones en una. Te explico algunas de ellas: nervios, sensación de alegría, ganas… Y emoción, porque estábamos cerca de un genio, de un casi Dios, de alguien muy importante y alguien de corazón, como era él. Estaba cerca de alguien a quien había adorado desde que tenía uso de razón.

–Él le diría que iba a sacarlo en el fin de fiesta, pero, ¿le avisó de que sería tanto rato?

–[risas] Muchas veces esas cosas pasan. No tienes previsto nada, y luego sale…  El maestro le había dicho a Farru: “Oye, tocamos en Sevilla, tráete al niño, al Manuel, y que se haga una cosita con nosotros”. Estábamos a gusto, me cantó el Duquende, y… Recuerdo que hay una foto preciosa, que está él abrazándome, yo con una camisa blanca y un chalequito. Son cosas que pasan cuando el ambiente y el momento son mágicos. Sale uno a bailar para un detallito y resulta que se pega un rato. Yo miro a Paco, Paco me mira a mí… Yo eso no lo voy a olvidar en la vida. ¡Y me pedía que bailara más! Con los códigos nuestros, no paraba de decirme: “Vamos allá, ¡disfruta!… Vamos allá, ¡disfruta, Manuel!”. Cuando uno tiene ganas de bailar, te motiva así. Fui para una pinceladita y estuve un ratazo.

 

«He trabajado con gente muy grande, talentosa, que llena estadios de fútbol. Pero el talento que tenía Paco era otra cosa, esa capacidad de creación, de meterte en una película sin decir nada. Porque un cantante te cuenta una historia con palabras que tú entiendes, pero él te la contaba, te metía en la película con seis cuerdas. Tienen que pasar cien años para que salga otro así»

 

Paco de Lucía y El Carpeta, en la Bienal de Sevilla. Foto: Luis Castilla
Paco de Lucía y El Carpeta, en la Bienal de Sevilla. Foto: Luis Castilla

 

–Fue, además, un concierto muy sufrido para Paco, como sucedía a menudo cuando venía a Andalucía. Y al final se le cambió la cara cuando empezó a tocar para usted.

–Con todos mis respetos, él ahí fue él mismo, era colega de mi hermano, había sido colega de mi abuelo, y vio, yo qué sé, el legado que había dejado su amigo, el maestro Farruco. “Ya ha terminado todo, el concierto ha acabado, ahora voy a disfrutarlo”. Paco era muy natural, pero era muy raro también, no compartía con nadie que no fuera real. Ya podía venir el mejor músico del mundo que, como no fuera natural como él lo era, le costaba. Pero ahí disfrutó, se liberó después de dos horas de concierto. Es verdad que iba a verlo un niño de quince años que estuviera empezando a tocar, y se ponía nervioso, de lo mucho que respetaba la guitarra y el flamenco.

–A Paco ya lo había tenido cerca muchas veces. ¿Qué persona era para usted, más allá de su genialidad como músico?

–Mira, esos dos seres, la persona y el músico, se juntaron en un minuto. Antes de llegar a la Bienal, para mí era casi Dios, como he dicho. ¡Paco de Lucía! Y luego a quien tuve cerca fue a Tito Paco. Alguien que me vio, me pasó la mano por el hombro y me dijo, “sobrino, vente para acá”, natural, entregado con sus compañeros, no con sus músicos… Llegó como un ídolo y se fue como alguien a quien queríamos. Alguien de la familia, un corazón lleno de cariño y de humildad.

–¿Recuerda la primera vez que lo vio en persona?

–Sí, la primera fue en el Casino de Barcelona. Mi hermano, si no recuerdo mal, hizo un concierto con Alma vieja. El maestro también andaba tocando por allí y vino a vernos. ¿O pudo ser con Farruquito y familia? No lo sé, lo seguro es que cerró el Casino para él, y por eso pude entrar, obviamente.

–En su casa, ¿se contaban historias de Paco?

–Toda la vida. Y en la última actuación que hice con él fue en Cádiz, en el castillo, y tras la prueba de sonido, en los camerinos, me dijo: “Te voy a contar cómo conocí yo a tu abuelo”. Era un festival en el que compartían varios artistas, y él tocaba la guitarra. Todo eso antes de ir con José Greco. Cuando llegó mi abuelo, hubo un murmullo, “ha llegado Farruco, ha llegado Farruco, el muchacho ese que baila muy bien”. Mi abuelo era mayor que él, Paco era un niño, y lo saludó: “Maestro, ¿cómo está?”. Y le dijo mi abuelo: “¿Tú sabes tocar por soleá?”. Le respondió que por supuesto que sí. “Pues te subes conmigo”. Y fue la primera vez que actuaron juntos. Esa anécdota fue la primera cercanía que tuvimos Paco y yo solos, sin que estuviera mi hermano delante. Qué bonito, ¿no?

–Después de aquello, transcurrido el tiempo, Paco quiso que fuera con él en otras giras. ¿Cómo se lo propuso?

–Eso lo tengo en mi correo, y quiero por favor que lo saques. Llegué a tener la última gira apuntada en mi correo. Iba a ser el último bailaor, no lo llegué a ser, pero iba a serlo.

 

«Él siempre me lo decía. ‘Tienes que tener disciplina, Manuel, y ser buena persona, buena gente. Y amar el flamenco como te amas a ti mismo’. Pero el mejor consejo que podía darte Paco era su persona, su ejemplo»

 

Manuel Fernández Montoya 'El Carpeta'. Foto: Instagram Carpeta
Manuel Fernández Montoya ‘El Carpeta’. Foto: Instagram Carpeta

 

–Además de Cádiz, ¿qué otros conciertos hizo con él?

–Hice solo el Festival de la Guitarra de Córdoba, y luego lo de Cádiz.

–Fue como quedarse con la miel en los labios, supongo…

–Imagínate, ahí tenía yo 14 años… Miento, 16. Ya sabía lo que era la responsabilidad, ya sabía lo que era bailar teniendo detrás a Paco de Lucía. Y me quedé… Más, después de que me dijera que Michael, su mánager, me iba a mandar las fechas. Y me las mandó.

–¿Quién le puso las pilas para poder hacer un espectáculo completo? ¿Fue Farru?

–Fue Farru. Me llamó un día, estaba yo en el instituto, saliendo sobre las tres, y me dijo: “Vente para la casa, que quiero hablar contigo”. Era distinto de lo que pasó en Sevilla, que me dijo “vas a bailar con Paco”. Lo de Córdoba y lo de Cádiz era distinto, ya se sentó conmigo. Y ya me llevé mi traje y mis zapatos de baile. Era un salto importante. Farru simplemente me dijo, “ponte las pilas, y no dejes de ver a Paco en los vídeos”, porque yo lo veía diariamente. Me sugirió que me mirara cositas, me pegué una semana con las botas puestas, y luego otra semana montando y bebiéndome a Paco desde que me levantaba hasta que me acostaba. Las ganas ya estaban, Farru solo me metió la responsabilidad.

–Paco, ¿le dio alguna instrucción?

–No, no, Paco para eso… Sí era muy meticuloso para el ritmo, con la perfección en ese sentido. Pero yo era más chico, Farru me lleva nueve años, tenía 23. Si me llega a coger ahora, seguro me da instrucciones, pero ahí, antes de salir, solo me dijo “disfruta, vamos a pasarlo bien”. Si me llega a decir otra cosa, me habría puesto atacado…

–¿Recuerda alguna otra conversación con él?

–Hemos tenido algunas conversaciones cercanas que quizá no puedo contar, pero no por nada… Eran cosas que él había vivido con mi abuelo, como amigos, como hombrecitos que estaban creciendo, que eran guapetes y apañados, ganando dinero. Y Paco en ese sentido era muy cachondo, estaba todo el tiempo con la guasa. Ya te puedes imaginar. Y sí, me contaba cuando se iban a pescar los dos con el maestro Pepe de Lucía…

 

«Nervios, sensación de alegría, ganas… Y emoción, porque estábamos cerca de un genio, de un casi Dios, de alguien muy importante y alguien de corazón, como era él. Estaba cerca de alguien a quien había adorado desde que tenía uso de razón»

 

–¿Dónde pescaban?

–Cuando tenían un día libre con Greco, en América, se iban por ahí. Hay fotos de los dos pescando. Y ni una foto que tienen es seria, uno poniendo una morisqueta con la cara, otro poniendo otra… Y mira quiénes eran, dos pesos pesados.

–Alguna vez se ha dicho que Paco tenía la espinita de que le hubiera bailado Farruquito, ¿lo ha oído usted?

–A ver, creo que hay confusiones con eso. No es que tenga una espinita porque mi hermano no hubiera querido, es tontería. Simplemente que cuando Paco llamó a mi hermano Juan, éste tenía una gira de 80 conciertos por delante. De hecho, mi hermano le dijo: “Maestro, si me llegas a llamar un mes antes, te hubiera dicho que sí y lo dejo todo”. Estaba Farru al lado, y dijo: “Pero bueno, mi Farru puede estar ahí”. Y Paco puso los ojos en el Farru. Pero vamos, igual que la espinita se le pudo quedar a Paco, ¡imagínate a mi hermano! ¡Se le quedó una estaca! Mi hermano le ha bailado a Paco, por supuesto, pero una gira era otra cosa, y aquella vez coincidió con su gira. Pero gracias a Dios, los tres hemos hecho cositas con Paco.

–Usted ya había trabajado con algunos artistas grandes. ¿Qué tenía de diferente subir al escenario con Paco?

–Como bien dices, he tenido la suerte de trabajar con grandes artistas, también del pop, de la música urbana, que no forman parte de mi carrera, aunque sí de mis gustos. ¿Qué diferenciaba a Paco? Una de ellas, la naturalidad. Todos son humildes, pero entre la humildad y la naturalidad hay una diferencia. Yo puedo ser humilde, con no ir todo el tiempo creyéndome que soy alguien, pero la naturalidad de llegar a un sitio y que todo esté bien, que lleguemos a un hotel regular o un catering regular y diga, “está bien, ¿dormimos aquí?, qué age”. Eso era, la cercanía, y la musicalidad… Porque te voy a decir una cosa: he trabajado con gente muy grande, talentosa, que llena estadios de fútbol. Pero el talento que tenía Paco era otra cosa, esa capacidad de creación, de meterte en una película sin decir nada. Porque un cantante te cuenta una historia con palabras que tú entiendes, pero él te la contaba, te metía en la película con seis cuerdas. Tienen que pasar cien años para que salga otro así.

–¿Recuerda cómo le llegó la noticia de su muerte?

–Perfectamente. Estaba yo dormido. Mi madre vino al cuarto, “Manuel”, y yo tengo un sueño ligero. “¿Qué pasa?”. “Que se ha muerto Paco…” Me levanté de la cama como un rayo, imagínate. “¿Cómo? No me lo puedo creer”. Se me juntó todo, pensar en la buena persona que era, un ídolo, pero lo más fuerte era que yo tenía las fechas de la gira de Paco. Me vestí, me puse un jersey gris, unos vaqueros y unos botines, y me tiré en el sillón todo el santo día sin moverme de una postura: llorando, llorando, bebiendo agua, llorando, bebiendo agua, llorando… Se había ido una persona muy especial. Michael Jackson era mi ídolo pero yo no lo conocía, me dolió su partida pero no como Paco, porque Paco era nuestro. En la música y en persona. Ha llegado a comer en la casa, y era muy cercano. Tres días estuviera cerca, ya eran para nosotros oro en paño. Tuve que alquilar lágrimas para dedicárselas a Paco.

–¿Ha pensado alguna vez cómo habría sido su carrera si Paco no se hubiera ido tan pronto, si hubiera podido completar aquella gira?

–Por supuesto, es obvio. Me da igual lo ajeno, lo de fuera, pero la experiencia tan bonita que habría vivido con Paco… Es inimaginable. Y proyección artística, claro que sí, me habría conocido muchísima gente, habría pisado escenarios que creo que no pisaré en la vida, y habría sido una inyección de motivación para mi baile y mi carrera, de aprendizaje como persona y como músico. Me habría hecho otro, y para bien.

 

«Cuando Paco llamó a mi hermano Juan, éste tenía una gira de 80 conciertos por delante. (…) Mi hermano le ha bailado a Paco, por supuesto, pero una gira era otra cosa, y aquella vez coincidió con su gira. Pero gracias a Dios, los tres hemos hecho cositas con Paco»

 

Manuel Fernández Montoya 'El Carpeta'. Foto: Instagram Carpeta
Manuel Fernández Montoya ‘El Carpeta’. Foto: Instagram Carpeta

 

–Usted ha seguido su carrera en todo caso. ¿Cómo ha sido, qué retos se ha puesto?

–Subirse a un escenario preparado física y mentalmente siempre es un reto. Montar un espectáculo, que huela a Farruco, a Farruquito y a Farru es normal, pero que cada vez sean más personales, que la música, la letra y la coreografía sean de mi banda y mías… El objetivo que tengo es no dejar de bailar, no hacerme el más famoso, ni el que más dinero gane ni el que más estadios llene. Tener un huequito en el flamenco y que, cuando pasen cien años, el Carpeta se pueda estudiar en cualquier campo de trabajo, en cualquier exposición de flamenco, y se vea que estuvo ahí.

–¿Alguna enseñanza de Paco que lleve siempre consigo?

–La disciplina que había que tener en el flamenco, él siempre me lo decía. “Tienes que tener disciplina, Manuel, y ser buena persona, buena gente. Y amar el flamenco como te amas a ti mismo”. Pero el mejor consejo que podía darte Paco era su persona, su ejemplo.

–¿Cuántas veces lo recuerda cotidianamente?

–Todos los días, a todas horas. ¿Por qué? Porque en mi casa lo que más se escucha es flamenco. Me meto en la ducha y escucho la colombiana de Monasterio de Sal, o Mi niño Curro, o Patio Custodio de Cositas buenas, o me pongo en el vídeo al Farru con Paco… Es más, tengo su firma tatuada en mi brazo.

–Eso no es una exageración, ¿no?

–No, es literal. Él decía que su firma era una rueda de churros, y es verdad. Tengo a mis tres ídolos tatuados en el brazo: Farruco, Michael Jackson y Paco de Lucía.

–Volvemos al principio. ¿Dónde vio aquel concierto de Paco en el Maestranza?

–Entre cajas, todo el tiempo. Y peinándome, porque como no me sabía el espectáculo, tampoco sabía cuándo era el final. Estaba todo el rato peinándome para que, apenas Paco mirara entre cajas, yo saliera vestido y peinado perfecto, porque tenía el pelo muy largo y si no te peinas bien, te molesta en la cara. Me chupé el recital entero en un baúl de esos donde guardan los micros, todo el tiempo. Allí estaba el Alain, el Piraña, el Duquende, el Serrano, el Antoñito… Ahora sí los conozco y somos todos compañeros, somos amigos, de hecho, ahora bailo con el sexteto, estuve hace poco en Israel con ellos. Pero ahí era yo más chiquitillo y lo que conocía era lo que me habían hablado. ¿Sabes lo que me dio más fuerte?

–¿Qué?

–La prueba de sonido. Como Paco probaba, y le decía al Farru, “toma, prueba la guitarra”. ¿Eso? Y verlo comiéndose un plátano, bebiéndose una botellita de agua antes de empezar, eso me marca más que una actuación. Lo estoy viendo tal cual es. Yo me puedo morir tranquilo, porque le he bailado a mi ídolo.

 

«Me tiré en el sillón todo el santo día sin moverme de una postura: llorando, llorando, bebiendo agua, llorando, bebiendo agua, llorando… (…) Ha llegado a comer en la casa, y era muy cercano. Tres días estuviera cerca, ya eran para nosotros oro en paño. Tuve que alquilar lágrimas para dedicárselas a Paco»

 

–El problema ahora es pensar, después del ídolo a quién le gustaría bailarle. ¿Lo sabe?

–De ahí para arriba, no hay nadie. De ese gremio le he bailado a Vicente también…

–¿Ha hablado con él sobre Paco alguna vez?

–Siempre que nos vemos, es compadre de mi hermano. Dice que mientras la sombra de Paco estaba, todos la seguían. Ahora que no está, la sombra es más grande, y mucha gente echa el peso en él. Pero Paco ha dejado un buen legado y hay muchos guerreros sosteniendo su legado. Diego, los Parrilla, Josemi, el Paquete, Román Vicenti, Antonio Rey, el maestro Riqueni… De los vivos hay muchos muy buenos y tienen a Paco en muy buen lugar.

–Pero hablábamos de a quién le gustaría acompañar…

–Hago conciertos en los que me rodeo de artistas invitados muy internacionales, he estado en los Grammy Latinos de Las Vegas y creo que el más pequeño era Karol G… Allí estaba Alejandro Sanz, con quien ya he hecho unas cuantas cosas, Juan Luis Guerra, Maluma… Pero vamos, me gustaría bailarle a mucha gente. A uno que me gustaría, sin tener nada que ver conmigo, es Bruno Mars, y hacer una fusión guapa. ♦

 

 

→  Ver aquí las entregas anteriores de la serie LOS ELEGIDOS, de Alejandro Luque, sobre los colaboradores de Paco de Lucía.

 

Alejandro Luque

Alejandro Luque

Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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