De las múltiples influencias que contribuyeron al nacimiento de la música flamenca, la tirana ha sido seguramente la gran olvidada por la flamencología. Fue un género musical del siglo XVIII con mucha presencia en el repertorio de tonadillas, sainetes y entremeses. Es canto y es baile, y se realiza generalmente sobre un compás de 3/8 en tiempo rápido y sincopado. En las postrimerías del XVIII solía sustituir a las seguidillas como número final de las tonadillas. En ese inmenso repertorio (más de tres mil obritas) se encuentran manuscritas muchas pistas acerca del origen del género flamenco. Por ejemplo, en esta tonadilla a dúo de 1794 compuesta por el italiano españolizado Lorenzo Bruzzoni con el título La maja pobre y el majo enamorado o El zorongo 2ª parte encontramos el siguiente diálogo:
Él: Vaya mujer que vengo
con unas “jambres” tremendas
de oírte tocar la guitarra
y una canción de las nuestras
Ella: pues mira voy a cantarte,
¿Qué te cantaré, lalea?,
que en Cádiz me la enseñó
una gitana de aquellas
Él: toma toma la guitarra
y el mundo abajo se venga, lalea.
Concluyamos nuestra zambra (fiesta)
con una tirana nueva,
y mira que has de bailar
aquello que en Madrid peta.
Ella: El bailete a lo gitano
tocando las castañuelas.
Nadie debiera dudar de la ligazón entre estas fuentes y los orígenes del flamenco. El aire de la tirana pudo influir en la cristalización de los jaleos como género musical, entre otras cuestiones por la tendencia a acentuar los tiempos 2 y 3 en un compás ternario, tan propia de las bulerías gaditanas. No en vano, la tirana fue considerada modelo de majeza y sal, tal y como dice Pablo Esteve en El paje galanteador, tonadilla a tres de 1777:
Es un cantar la tirana
con tantísimas las sales,
que si algún francés la escucha
el francés se deshace.
Que fue salerosa y bullanguera, personificada como hija del mar, por lo salada que es, queda confirmado en el sainete anónimo La boda del guarda de 1777:
La tirana esta muy triste
porque es corto el carnaval
y es la primera quaresma
que le ha tocado ayunar,
Ay ay tiranilla mía
que lástima que me das
Echad marineros
la red de pescar,
y pues la tirana
es hija del mar.
Traedle pescados
que no tengan sal,
que ella con la suya
los sazonará.
De su ascendencia agitanada da fe este verso de Blas de Laserna para Los cómicos de repente, sainete de 1782:
Esta tiraní que es tan pulidí, una gitana me la enseñó.
Y que se tocaba acompañada a la guitarra lo demuestra otro de los grandes autores de este repertorio, Pablo Esteve, en su tonadilla a solo Aviso a los forasteros y mal uso del idioma, Tonadilla a solo, 1784
En los ratos ociosos
que tengo en casa,
he compuesto a mis solas
una tirana.
Escuchadla queridos
con la guitarra.
En la partitura se indica que la tonadillera canta la tirana con la guitarra, práctica muy habitual en este tipo de obras líricas. Y también se bailaba, en la muy flamenca de Jacinto Valledor Los majos de rumbo, sin fecha (1770?) se cantó:
Mas que todos los trajes
de la gran Francia,
vale una mantilla
de las de España.
Y sus respingos
de fandango y tirana
son un prodigio.
Y en la tonadilla a solo del gaditano Tomás Abril intitulada La anónima, de 1779, se dice: “Un cantar y que sea un Minue de la viña meneando las tabas con teología”:
Vengan los barrios del mundo,
Lavapies o Maravillas,
a envidiar los salerosos
racimos de nuestra viña.
Ay tira, tirana, tirana
Su ascendencia gaditana parece confirmarse con los versos de la tirana nueva de Pablo Esteve en El desvalido y protegido, tonadilla a dúo de 1780:
Una tirana nueva
oid queridos,
que ha traído de Cádiz
vuestro Perico.
«La tirana es canto y es baile, y se realiza generalmente sobre un compás de 3/8 en tiempo rápido y sincopado. En las postrimerías del XVIII solía sustituir a las seguidillas como número final de las tonadillas. En ese inmenso repertorio (más de tres mil obritas) se encuentran manuscritas muchas pistas acerca del origen del género flamenco»

Las hubo también indianas, concretamente del Perú, y así lo pude comprobar en una caja que contenía de “Varios Papeles sueltos de las partes de apuntar y otros no identificables”:
Han traído los limeños
muchas cosas de primor,
una tiranita nueva
que cantaros quiero yo,
Canta mi vida
la nueva canción,
que los limeños trajeron
en su embarcación.
Sobre los parientes de la tirana, el navarro Blas de Laserna puso música a varios versos que pueden aclararnos su ascendencia y descendencia. En la tonadilla a cuatro La resurrección de la tirana de 1781 se dijo y cantó a modo de árbol genealógico:
Ya saben según dicen
las malas lenguas
que murio la tirana
requiem eternam
Yo, el caballo tan nombrado
fui su padre natural.
Yo el fandango su marido
sin ella vine a quedar,
llorando su desventura
en mi triste soledad.
A la tirana señores
ya la dieron sepultura,
y después viva la hallaron
el enterrador y el cura.
tiri ri ri ri ay, tiri ri ri ay, tiri tiri ay.
Y en El último que llega, tonadilla a tres sin fecha de Laserna estas seguidillas mencionan otros “parientes»:
Si el bolero al fandango
le quitó el trono,
a vengar al fandango
vino el zorongo.
Ay ay porque esta escrito:
que el que a cuchillo mata
muere a cuchillo.
Mató a la seguidillas
la aria italiana,
y esta ha sido despojo
de la polaca.
Al parecer fue un tema muy recurrente, si no lean estos versos puestos en música por Pablo Esteve en El peluquero y la modista, tonadilla a cuatro de 1788:
Ay tirana aunque te mueras
mui pocos lo sentirán
pues ya quedan las boleras
que tu falta suplirán.
Como he dicho al principio, la tirana sustituyó en muchas ocasiones a las seguidillas con las que solían concluir las tonadillas, entrando en competencia con el bolero, como menciona Mariano Bustos en La dama voluble, tonadilla a tres de 1790:
Una boda el otro día
se celebro en este pueblo
entre la alegre tirana
y entre el festivo bolero.
Ay tirana tira tiraní,
le decía el bolero a la tirana,
serán nuestros hijitos
la sal de España.
Tiranilla, bolerillo,
desta vez el español
tendrá placeres mas chuscos
vuestra plausible unión.
La Biblioteca Municipal de Madrid guarda miles de tiranas olvidadas, como la de El esterero, la petimetra y el oficial de Pablo Esteve, tonadilla general de 1783:
Con el cuchirivís
no me engaña usté a mi,
con el cuchirivó,
no me engañaras no.
Tirani cuchirisví
tirani cuchirisvó.
Para no aburrir, solo dos pinceladas más. Una de las expresiones más usadas en la tirana es “tirana y andar”, que tanto recuerda al Alto mirabrás y anda de Marchena. Y para concluir, la tirana más popular de las que han llegado hasta nosotros desde aquellos años de 1780. Comenzó a aparecer en las tonadillas de Blas de Laserna y Pablo Esteve y fue recuperada por Ramón Carnicer en su tonadilla a tres de 1836 Los maestros de la Raboso o El Trípili.
Trípili trípili trápala,
que esta tirana se canta y se baila.
¡Anda chiquilla, dale con gracia!
que me robas el alma.














