Pamplona es acogedora en sí. Su gente es amable, educada, agradecida y apuesta por la cultura. El Festival Flamenco On Fire, que este año ha cumplido sus temidos trece años, por aquello de la mala suerte, ha servido para nuevamente comprobarlo. El público ha asistido en masa a las actividades, tanto a las de entrada libre como a las de previo pago. Cuando son de libre acceso, ocupan el suelo, cualquier rincón, se sientan como pueden, pero nunca dan las quejas ni se alteran. Aplauden y ovacionan al artista protagonista.
Ya escribí en años anteriores que cualquier aficionado que pudiera debería asistir a este encuentro, vivirlo con total improvisación. La programación, principalmente en Pamplona, pues todo comenzó en Viana con Mayte Martín y José Gálvez, el 21 de agosto, y en Estella-Lizarra al día siguiente con David de Arahal, Sandra Carrasco y Ana Morales, está ajustada a un estudio previo para que sea accesible y compartida.
Los balcones son los grandes iconos, como lo fue Pepe Habichuela, el gran ausente de la edición. Pepe estaba siempre, en los escenarios o tomando algo, por las calles paseando con Amparo o Gamboa, levantando la bandera continuamente del saber estar. Se le ha mencionado en numerosos momentos y, como ha advertido Arturo, director del festival, “ya habrá tiempo para rendirle el homenaje que merece”.
La temática de este año giraba en torno a la Cadencia Andaluza, que nos lleva a las notas de soleá, seguiriya o el fandango, en una época relativa a la Ópera Flamenca, coincidiendo pues con el centenario de la novela Fiesta de Hemingway, imagen oficial del cartel de esta edición. La guitarra, entonces, ha tenido una gran presencia con conciertos de extraordinario nivel como el de Yerai Cortés, en el gran escenario de Baluarte. Por ahí han pasado José Mercé, Manuel Liñán y el mencionado guitarrista, los tres colgando el cartel de ‘no hay billetes’. El jerezano cantó a su paisano Manuel Alejandro, Liñán hizo llorar nuevamente con Muerta de amor, y Yerai, en solitario, dio un repaso a sus últimas creaciones, con un público aparentemente de mediana edad.
Hay un lugar, Sala Zentral, que acoge las propuestas más alejadas del flamenco, o que tienen un envoltorio musical más novedoso, contemporáneo, lo que convence a otro tipo de públicos. La Tremendita fue una de las que estuvieron aquí, con su Tránsito, así como el conjunto Cervatana, que se acerca a lo electrónico, a nuevos ritmos, a singulares letras que nada tienen que ver con lo que cantaron los clásicos.
«Todo esto y mucho más es Flamenco On Fire. Son los desayunos en el Hotel Tres Reyes, donde coincidimos todos. Son los buenos de Pescao y Cristóbal Santiago de un lado para otro para tocar las palmas, acompañar con guitarra o incluso echar un bailecito. Es el trato a la prensa de la organización… Es un festival único»

Uno de los espacios más interesantes es el Escenario Sabicas. Ahí en Civivox Condestable, la guitarra se convierte en epicentro ante un numeroso, formato distendido, puertas abiertas, siempre con aforo completo. Hemos podido disfrutar esta edición de Felipe y Jerónimo Maya, entrañable abrazo generacional entre padre e hijo, Joselito Acedo, trianísimo y personal, y Alejandro Hurtado, selecto y creativo.
El Tablao del Hotel Tres Reyes es el lugar para la noche, ya con una copa, esperando a la madrugada. Por ahí han pasado artistas como El Granaíno y El Pele, plenos ambos de facultades y conexión, y el baile de Águeda Saavedra y Paloma Fantova, estilizado y racial, respectivamente, pero con mensaje empoderado.
Media hora suelen durar las apariciones de los artistas en los balcones, el tiempo justo de que no te duela el cuello mirando hacia arriba y el calor no se convierta en insoportable, porque aunque estemos en el norte las temperaturas también aprietan a mediodía. Además de El Pele, Granaíno o José Mercé, desde el del Ayuntamiento, el del Chupinazo, por el del Hotel La Perla han pasado Morenito de Íllora, Carmen Carmona y Miguel Ángel Heredia. Los tres recibieron grandes ovaciones. La noche inicial en Pamplona, desde el de la comunidad Navarra, Felipe Maya ofreció un concierto de muchísimo nivel, que supuso la vuelta de un clásico.
Otra de las actividades destacadas este año, en formato concierto, fue el encuentro entre Rafael Riqueni, Tim Ries y Ana Moura, con Tres Orillas, una conversación sonora entre el flamenco, el jazz y el fado portugués, bajo la producción del Flamenco On Fire, en el precioso Teatro Gayarre. Escuchar a Riqueni es subir al cielo. Como resultó de lo más emotivo el homenaje a El Encierro, esto es, desde el patio de caballos de la Plaza de Toros de Pamplona, el festival rindió honores públicamente a Casa de Misericordia, que gestiona la plaza y la fiesta, así como lidera toda la obra social que hay detrás, pensando siempre en los mayores de Pamplona. Fue Juan Diego Mateos el encargado de ofrecer, en primicia, algunos títulos de su nuevo disco, Oriundo. El jerezano dejó un grandísimo sabor de boca, fue sutil, elegante e infalible.
Otras actividades destacables fueron la entrega del Galardón de la edición a Tere Peña, Fermín Lobatón y Elvira López Hidalgo, con sus emocionantes palabras de agradecimiento, o la cata de José María Castaño hermanando la Cadencia Andaluza y los vinos de Jerez.
Todo esto y mucho más es Flamenco On Fire. Son los desayunos en el Hotel Tres Reyes, donde coincidimos todos. Son los buenos de Pescao y Cristóbal Santiago de un lado para otro para tocar las palmas, acompañar con guitarra o incluso echar un bailecito. Es el trato a la prensa de la organización… Es un festival único. ♦































