Después de dejar la compañía de Gades en 2000, pude volver a ejercer mi verdadera profesión y disfrutar de mi vocación de musicólogo, después de los mejores años de mi vida junto a un genio con quien pude dar varias vueltas al mundo a su lado. En mis labores de ratón de biblioteca en la Biblioteca Histórica de Madrid, con el nuevo siglo, puse la lupa en un repertorio que por entonces estaba abandonado en los sótanos de los cuarteles del Conde Duque. Allí estuve cuatro años revisando miles de partituras manuscritas de tonadillas, sainetes, entremeses, bailes de teatro, fines de fiesta, loas, y las primeras zarzuelas, escritas entre 1750 y 1808, todos los días de 8 a 14 h. Ya lo he contado por aquí, a cero euros la hora (me lo pude permitir). Durante el trabajo de escrutar aquel tesoro escondido durante más de dos siglos me salieron al encuentro muchas escenas de gitanas y gitanos que, aun siendo de mediados del siglo XVIII, mostraban claramente la vocación flamenca de ese pueblo tan crucial en la cristalización de algunos estilos del género flamenco. He traído una pequeña selección para los lectores de ExpoFlamenco que espero sea de vuestro interés.
La obra más antigua protagonizada por gitanos es de 1754, se titula El prioste de los gitanos, y se trata de un sainete anónimo, en el que un coro canta: “Ya que prioste tiene el jitanillo corro, vaya así de festejo, vaya así de alboroto, pues los coros digan con su alegre tono: que tiri titiri, titiri». Pensé entonces que se iban a arrancar por seguiriyas, pero aún habría que esperar un siglo para eso, aunque de ilusión también se vive. Al final del sainete se cantaron estas seguidillas agitanadas en música y letra (transcribo literal lo que allí está escrito): «zeguidillaz gitanaz canta mi chula, que como ez tan gitana gitano guzta… ay nenene, que tu amor gitanillo, loco me tiene». Y entonces llega el estribillo: «Calandrita que cantaz en el almendro, lleva miz gorgoritoz al bien que quiero, ay ay ay calandrita…». Enseguida recordé la nana «Pajarillo que cantas en un almendro, no despiertes al niño que está durmiendo”. Una muestra más de la importancia de ese repertorio a la hora de rastrear cientos de canciones del acervo tradicional español.
Otra, si cabe, más sorprendente. Hoy en día sería impensable que uno de los piropos entre gitanos, el más frecuente, fuese el de gachó ¿no? Lean si no este diálogo entre gitanos: “Llégate a tu gachona resalá, con todo garbo… Que rechuscón que estás, y tu que flaco y rechuscazo, ay gachí de mi vida. Cuando estoy malo, este Jopeo me pone sano, y orandito andero, y a mi camaradita chero… ea, Janda, que eres la sal de España, anda, joa, que eres como una perola… ay mi jechizo, que eres la reina del gitanismo…”. Esta obra es de Antonio Esteve, y se titula Las aventuras del gitano, y es del año 1774. Ese «orandito andero» recuerda mucho al jaleo del «arandito arando, rosas y lirios vas derramando» que cantó Matrona.
Siguiendo con el dichoso piropo. Antonio Rosales, en la tonadilla sin fecha titulada La Gitanera, puso en música la siguiente letra: «…Allá en Cádiz queriditos, en el tiempo que yo estaba, iba por plazas y calles, un pulida gitana, y con mucho donaire si si…. y sin faltarle gracia no no… cantaba deste modo e e e… con muchísima de alma: Qué he de jacer probe de mi, si tengo a mi gachó ausente de aquí…. Pelanchón amao… que te chero a ti… (mas su gachó que la oye tan triste y desgalichaa, le canta de aqueste modo al compás de sus cachas: oyes gachó igo chaimi, chiquiyo querío Juan, juie de aquí” (y el gitano, el gachó, le contesta): “Pelachona del alma no te me aflijas, que tu gachó te quiere, con alma y vida, echa penas a un lado y ancha es Castilla”.
«Durante el trabajo de escrutar aquel tesoro escondido durante más de dos siglos me salieron al encuentro muchas escenas de gitanas y gitanos que, aun siendo de mediados del siglo XVIII, mostraban claramente la vocación flamenca de ese pueblo tan crucial en la cristalización de algunos estilos del género flamenco»
De todas las divas de Madrid, las famosísimas tonadilleras que incluso tenían «clubs de fans», los Chorizos y los Polacos, que iban todos los días a buscarlas a sus casas en Lavapiés, y subían Ave María portándolas a hombros hasta los teatros del Príncipe, hoy Español, y el de la Cruz, en la calle del mismo nombre, de entre todas, la más conocida fue María Antonia Fernández, para el arte La Caramba, «sobresalienta de cantado». Quien desde su Motril natal pasó a Cádiz, y de allí dio el salto a la corte. A ella dedicaron los autores decenas de obras reservándole casi siempre papeles de gitana, maja rechuscaza, la castiza máxima de la corte madrileña. José Castel le escribió La gitana pobrecita, tonadilla sin fecha, donde nuestra proto-cantaora cantaba: «…ay chairito, ay zeñor, ay quién digo, ay gachón. Y con mi pandero, ahora bailare, a lo Gitanito, que te hechizare». Seguidillas:
“El garbo y lo salado
de un Gitana,
no lo tiene en el mundo
persona humana,
sal salerito, ayre y mas ayre, este es donayre, chi chi tru chi chi tru, viva el rechiste de la gitana… sal salerito este es respingo, ayre y mas ayre este si es baile, que bailan las gitanas con dos mil sales”.
Que María Antonia apuntaba maneras de cantaora lo confirma esto que canta de Pablo Esteve en El susto del hidalgo (sin fecha): «Oigan señores como cantaba, estas seguidillas una gitana, se componia el dengue, tomaba su guitarra, pespunteaba un poco, y luego gargajeaba…La sal de una Gitana excede a todas y si no que lo diga mi real persona, mire uste que chaira…cabal…». Pespuntear la guitarra que ella misma se tocaba, gargajear con jipío, si esto no anuncia lo flamenco ya me contarán ustedes.
Otra tonadilla de Pablo Esteve (en honor y recuerdo de su sobrino-tataranieto Antonio Esteve, Gades) es Los gitanos y los payos, de 1776: «Yo zenorez soy gitana, Ventosa por nombre tengo y el pobrezito que pillo buena ventosa le pego…soy alegrita, soy graciosita y sé bailar un sonsonete, que hace brincar. (baila haciendo posturas con el dengue) Eche usté en el denguecito, que yo apararé, chameme, que si tu me chamas, yo me arrimaré…».
Este material da para cien artículos (lo publiqué en mi Guía Comentada), pero aquí tenemos el espacio que tenemos. Voy acabando. La valentona, tonadilla a solo de 1770, seguidillas: «Ay en cadiz señores una gitana que vende en los paseos ricas naranjas… así cantaba la gitana que nombran la sal de españa…». Y en El señorito enamorado, sainete de 1777, hay un coro de gitanas que dice: «Viva el chiste y el gracejo de la perla gaditana, viva viva la gitana prototipo de la sal». Para terminar, una de las joyas de este repertorio. Es de uno de esos italianos que se instalaron en Madrid y estaban locos con lo español. Su nombre, Lorenzo Bruzzoni, y la obra una tonadilla a dúo titulada La maja pobre y el majo enamorado o El zorongo (2ª parte), del año 1794. En uno de los recitados (parolas se llamaban) dice el cómico Garrido: «…vaya mujer que vengo con unas jambres tremendas de oirte tocar la guitarra y una canción de las nuestras”. Le contesta la maja: “pues mira voy a cantarte ¿que te cantaré? Lalea, que en Cádiz me la enseñó una gitana de aquellas”. Él: “toma toma la guitarra y el mundo abajo se venga (canta a la guitarra sin orquesta). Concluyamos nuestra zambra con una tirana nueva, y mira que has de bailar aquello que en Madrid peta”. Ella: “el bailete a lo gitano tocando las castañuelas…». Anda que no. ♦


















































































