Las gradas del Teatro Alameda se van llenando calmadamente hasta completar el aforo. Un buen comienzo para una apuesta como la de Macarena López. Si algo identifica a la bailarina-bailaora es el afán de ofrecer una absoluta libertad en su propuesta, su coreografía y su baile.
Sobre todas las cosas es una obra autobiográfica en la que la autora se desnuda física e íntimamente para entregar al público las claves de su baile vanguardista y abstracto, con la danza como lugar de expresión, con pocos guiños al flamenco que ella misma llama “tradicional”. Ella transita sobre ese espacio en el que la música y los cantes se deconstruyen hasta llegar a ser música tratada por un DJ. En un escenario desprovisto de decorado y de músicos, resuena la música enlatada. Detrás hay un magnífico equipo de personas con una alta preparación que esperan nerviosas entre bastidores, como es el caso de Ernesto Artillo, asesor de dirección y dramaturgia, o Alberto Sellés, asesor musical y coreográfico.
Macarena inicia el espectáculo en el centro del escenario con una luz cenital que la transporta a otros tiempos, aquellos, como ella misma narra, de su adolescencia cani, con pantalones de campana, abalorios y cruces al cuello. Una época en la que, si todavía sentía alguna creencia, ya ha desaparecido y con ella su fe. En este primer instante, Macarena aprovecha para ironizar sobre todos los comentarios que han vertido sobre ella y su baile: que si es salvaje, que si mueve todo el cuerpo, que si no se olvida de las manos, que si es la taxidermia del flamenco. Palabras y opiniones que no le preocupan lo más mínimo, pero que le sirven para poner un tono de humor ácido que despierta risas en el público. Taxidermia… una expresión que utiliza para despojarse en el suelo de una piel que ya no le pertenece, ayudada por sus magníficos compañeros de baile Iván Delgado del Río e Iván Amaya, quienes le arrancan la ropa con el supuesto sonido del desgarro dérmico en los altavoces.
Si se analiza el título desde una perspectiva bíblica encontramos dos acepciones. Una, la que apela al primer mandamiento, amar a dios sobre todas las cosas. Pero también se puede entender desde el significado proverbial que apela a cuidarse una misma sobre todas las cosas. Quizás la obra de Macarena López se debate en esta dualidad. Si entendiéramos el flamenco como Dios, Macarena ha perdido la fe. Si se ama a sí misma sobre todas las cosas, se abre de par en par la puerta de su libertad y de su propias decisiones en la construcción de sus proyectos, en la ejecución de su baile y en la coreografía de sus montajes. Una mujer libre sobre todas las cosas.
«El mundo tiene otra mirada desde los jóvenes. Nada es igual, nada permanece inalterable y el baile flamenco tampoco. Ese es el mensaje abiertamente plasmado en la obra. Solo en la soleá y la seguiriya hay un guiño al clasicismo flamenco. Vestida con bata de cola negra, le dice a los dos Ivanes: “Vamos a bailar una mijita tradicional”. Pero no es posible. Lo clásico y lo contemporáneo se mezclan constantemente»

La artista se confiesa bailarina-bailaora y sola, porque “quién va a querer a un maricón dentro del cuerpo de una mujer”. Y así se califica abiertamente, sin tapujos, en igualdad con sus dos compañeros de escenario. Sorprende el importante aspecto teatral en la obra. Tanto es así que la dramaturgia es el eje sobre el que pivota todo lo demás. Macarena utiliza la palabra como herramienta, como elemento imprescindible en esta propuesta, y juega con el guion para mandar en el escenario y pasar de un momento escénico a otro sin romper el hilo conductor. Hay que contar una historia y lo cuenta ciertamente bien. Su gran capacidad de interpretación puede llevar a los espectadores desde la risa hasta la reflexión con una manifiesta habilidad en su monólogo. Pero ¿realmente está interpretando o es ella misma en su estado natural? Habría que preguntárselo, aunque bien pareciera apuntar a lo segundo.
La música de principio a fin es un ensarte de fragmentos de letras, palos y formas que sirven de apoyatura para el baile, sobre la que no se ha puesto el interés ni en la belleza ni en las formas de ejecución. Se ha puesto el interés en las letras, que ayudan con el discurso. La música es aquello que se baila en cualquier estilo y así es tratada por los tres artistas, que están mostrando a lo largo de la obra una exquisita técnica y ejecución, pero que no busca la aprobación del público, sino solo el propio disfrute de los bailarines.
Son jóvenes. Macarena recuerda al público que ellos son hijos de este tiempo. Un tiempo en el que todo es distinto. El móvil es la ventana por la que se reproduce la realidad. “Todo se está grabando y se va a publicar” en las redes sociales. El mundo tiene otra mirada desde los jóvenes. Nada es igual, nada permanece inalterable y el baile flamenco tampoco. Ese es el mensaje abiertamente plasmado en la obra. Solo en la soleá y la seguiriya hay un guiño al clasicismo flamenco. Vestida con bata de cola negra, que también es una metáfora clara en su discurso. “Vamos a bailar una mijita tradicional”, le dice a los dos Ivanes. Pero no es posible. Lo clásico y lo contemporáneo se mezclan constantemente, dejando muy poco espacio a lo tradicional, a lo heredado, al legado que Macarena evita que la encorsete.
No cabe en esta crónica hablar de tal o cual palo, o si ha sonado Marchena, Rocío Jurado o Juan Luis Guerra. Si se ha bailado por polo y caña o si la soleá y la seguiriya eran o dejaban de ser. Cuando los cánones son otros, la cronista también se ve obligada a mirar con otros ojos. Aún afirmando las altas capacidades técnicas en la danza y el baile flamenco de Macarena López y sus compañeros de escenario Iván Delgado del Río e Iván Amaya, el dominio del compás y del movimiento, y el acierto en la dramaturgia, salgo con la sensación de haber visto un espectáculo de danza con muy poco aroma a flamenco, a pesar de que la obra en su conjunto merece una alta calificación. Me preguntaba durante la representación si tomando algunos fotogramas sueltos de ciertos pasos y desplantes dignos de destacar, cualquiera que no conociera la obra adivinaría que se trata de flamenco, pues ni el atrezzo, mínimo y sin adornos, permiten dar la más mínima pista. ♦
Ficha artística
Sobre todas las cosas, de Macarena López
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Alameda
14 de septiembre de 2026
Artista, coreografía e interpretación: Macarena López
Dirección y dramaturgia: Ernesto Artillo
Asesoramiento musical y coreográfico: Alberto Sellés
Artistas invitados: Iván Delgado del Río e Iván Amaya























