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MARIA VARGAS
“Yo canto desde que nací, más o menos; lo he mamado desde chiquitita”, decía María Vargas en una entrevista de hace unos años. Nacida en una familia gitana de gran tradición flamenca, la principal fuente de aprendizaje de María fue su padre, Manolo Vargas, un cantaor extraordinario que nunca quiso ser profesional. Emparentada con los Frascola, sobrina de Juan Talega, prima de la Perla de Cádiz y sobrina biznieta del mítico Tomás el Nitri, a quien se le concedió la primera Llave de Oro del Cante, no es extraño que María Vargas, con siete años de edad, ya cantara por soleá, por bulerías, por seguiriya o por lo que se terciara. Nacida en Sanlúcar de Barrameda el 1 de abril de 1947, María Vargas Fernández estaba destinada a ser una gran cantaora. Y no tardaría en aparecer la artista que de ella se esperaba. A los nueve años se da a conocer en Sanlúcar el Miércoles Santo de 1956 cuando desde un balcón le canta una saeta a la Virgen de los Dolores. Poco tiempo después, Juan de la Plata descubre a la joven cantaora y la lleva a Jerez donde la sanluqueña participa en recitales de la Cátedra de Flamencología.
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T02-CAP11
- 23 min
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“Yo canto desde que nací, más o menos; lo he mamado desde chiquitita”, decía María Vargas en una entrevista de hace unos años. Nacida en una familia gitana de gran tradición flamenca, la principal fuente de aprendizaje de María fue su padre, Manolo Vargas, un cantaor extraordinario que nunca quiso ser profesional. Emparentada con los Frascola, sobrina de Juan Talega, prima de la Perla de Cádiz y sobrina biznieta del mítico Tomás el Nitri, a quien se le concedió la primera Llave de Oro del Cante, no es extraño que María Vargas, con siete años de edad, ya cantara por soleá, por bulerías, por seguiriya o por lo que se terciara. Nacida en Sanlúcar de Barrameda el 1 de abril de 1947, María Vargas Fernández estaba destinada a ser una gran cantaora. Y no tardaría en aparecer la artista que de ella se esperaba. A los nueve años se da a conocer en Sanlúcar el Miércoles Santo de 1956 cuando desde un balcón le canta una saeta a la Virgen de los Dolores. Poco tiempo después, Juan de la Plata descubre a la joven cantaora y la lleva a Jerez donde la sanluqueña participa en recitales de la Cátedra de Flamencología.
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