Rafael Estévez (Huelva, 1979), la mitad del aclamado dúo Estévez & Paños, regresa a Sevilla por la puerta grande de la Bienal para ofrecer este domingo 27 de septiembre en el Teatro Central su último espectáculo, Doncellas (juerga permanente), con el que triunfaron en el Festival de Jerez. Un homenaje a don Ramón Montoya y su legado guitarrero sencillamente diferente.
Seguro que ha tenido que responder muchas veces a esta pregunta, pero, ¿por qué don Ramón Montoya?
Empezamos a maquinar sobre ello en 2007 o 2008, cuando nuestro Flamenco XXI, Ópera, Café y Puro nos dio a conocer de lleno, y nos valió el premio Revelación al Festival de Jerez. La idea era hacerlo con las grabaciones originales, pero claro, las que había en ese momento, o de las que teníamos disponibles, eran de muy mala calidad. Nos pareció algo complicado de hacer, pero la vida es sabia y va dando luz verde a los proyectos cuando tiene que ser. El proyecto quedó en un cajón desde entonces, y al cabo de los años, por distintas circunstancias y señales, lo retomamos.
Al margen de la mirada histórica, ¿qué lectura actual podríamos hacer de su legado?
Para nosotros es toque clásico, pero en su momento fue algo innovador, rupturista. Su manera de concebir la guitarra surtió al flamenco de nuevas sonoridades, nuevas técnicas, nuevas posibilidades. Todo eso nos empujó a montar una fantasía coreográfica sobre la música de don Ramón Montoya. Pero hacer algo histórico, para Valeriano y para mí, sería un error.
¿Habrían podido abordar un montaje así sin un guitarrista como Alejandro Hurtado?
Nosotros descubrimos a Alejandro Hurtado haciendo esos cuatro o cinco toques que grabó en su disco, tan estupendo. Aunque ya sabíamos de él, cuando vimos lo de Montoya dijimos: pues ahora es el momento. No porque no haya otros tocadores que puedan hacerlo, pero bueno, era un deseo que estaba ahí dormido. Y nos hizo muy felices cuando en Jerez le dieron el premio a la interpretación musical, porque la verdad es que es fantástico. Nos reímos a menudo porque un día, en un ensayo, creíamos que habíamos dejado puesto el playback de las grabaciones que él me mandó para que pudiéramos trabajar, y de pronto nos dimos cuenta de que no, era él en directo, estaba allí con sus manitas y con sus deditos maravillosos. También recordamos la cara que puso cuando nos dijo “tengo estos cinco toques aquí grabados”, y le dijimos: “Nosotros vamos a hacer quince” [risas]. Es una gran persona y un gran profesional.
Han decidido homenajear al maestro desde la fiesta, desde la juerga. Algo que a veces está mal visto por los defensores de la solemnidad, ¿no?
Bueno, hay juergas muy solemnes, incluso hay juergas entre artistas, que más que una juerga parece una audición o un casting, porque están todos con las cejas levantadas a ver quién es el más flamenco, quién es el que lo hace mejor, quién es el que lo hace peor. Y juergas muy divertidas, también. Y todas esas juergas las hemos querido reflejar de una forma muy abstracta y de una forma muy actual, desde el concepto de la juerga permanente, que para nosotros es divertidísimo.
Me interesa mucho la juerga como método de indagación. Ahora los artistas desarrollan su trabajo en las residencias y en los laboratorios, que están muy bien, pero, ¿se ha perdido esa idea festiva de la investigación?
Totalmente. Nosotros, inspirándonos en esto, hemos tenido unas cuantas juergas en nuestro laboratorio también. Nos hemos ido a lo mejor todo el elenco a cenar, y después hemos salido a tomar algo. Nos divertíamos, yo me divertía también, pero grababa y documentaba, y todo eso también está en el espectáculo. Una juerga puede terminar en una casa, en una comisaría… Hemos querido ver lo que hay también ahí y buscar el humor. Nos inspiramos también en nuestro propio archivo físico como compañía.
«Hay juergas muy solemnes, incluso hay juergas entre artistas, que más que una juerga parece una audición o un casting, porque están todos con las cejas levantadas a ver quién es el más flamenco, quién es el que lo hace mejor, quién es el que lo hace peor. Y juergas muy divertidas, también. Y todas esas juergas las hemos querido reflejar de una forma muy abstracta y de una forma muy actual»

¿Qué papel juegan los bailes folklóricos, en diálogo con el flamenco?
Bueno, porque ahí también confluían las músicas, las músicas nuevas de América y los bailes folclóricos con el charlestón, el foxtrot… Era muy lógico que hiciéramos esto. Bailamos por ejemplo la asturiana con pasos de folclore. Y pensamos que eso sigue pasando hoy, cualquiera puede hablar de lo que se baila en su pueblo, y después va a una rave y baila música electrónica. Al final somos los mismos cien años después.
Hay quien defiende que el equivalente del señorito de ayer son las instituciones de hoy. ¿Hay parangón?
Es verdad que señoritos hay en todos lados, pero las instituciones están haciendo lo que tienen que hacer, que es apoyar la cultura, y ya está. No creo que tenga comparación una cosa y la otra. No he vivido la época de los señoritos, no puedo hablar, pero bueno, por lo que me han contado los maestros parece que esto es otra cosa.
Siguiendo con la juerga, recuerdo una frase que se atribuye a Chocolate, que al ver cómo el vino era sustituido por los cubatas, sentenció: “Esto se ha acabado”. Y luego vendrían las drogas… ¿Son puntos de ruptura que impedirían conectar las juergas de antaño con las de hoy?
Vaya por delante que yo solo bebo agua, y sabemos que en algunos despachos puede haber mucho más vicio que en una juerga flamenca. Y sí, puede que esos cambios fueran importantes, pero mira, hace poco leía que ahora los chavales ya casi no beben alcohol. Al final, gente con adicciones ha habido toda la vida, y seguirá habiendo. Por decirlo de otra forma, las personas son personas y antes se bebían no sé cuántas botellas de manzanilla y duraban la juerga seis días o siete días. Otros te pueden hablar del whisky, otros te pueden hablar del LSD de los años 70 y otros te pueden hablar de otras drogas… Yo creo que la esencia no cambia. Yo creo que lo que cambiamos somos nosotros, porque la vida va cambiando. No sé, es la primera vez que estoy hablando de esto, no lo tengo bien reflexionado…
En la ficha, todos los bailaores aparecen como solistas. ¿Es un acto de generosidad por su parte?
No, no son cuerpo de baile. A mí la palabra cuerpo de baile no me gusta, porque el cuerpo de baile yo creo que son treinta bailarines exactamente iguales, bailando exactamente igual, sin personalidad y siguiendo una directriz para ser todos lo que dice la palabra: un cuerpo de baile. Un cuerpo que baila junto, y ahí no hay diferencia entre unos y otros. Cuando tú utilizas a siete pedazos de bailarines, bailaores, como los que llevamos, cada uno con su personalidad, cada uno con sus cosas que decir, y a los que dejamos totalmente libres en la forma, no en el contenido —aunque aquí hemos tenido alguna pequeña colaboración de los chicos—, pues son bailarines solistas porque todo el mundo tiene su momento. Y porque, cuando bailan, bailan cada uno con su personalidad. No los alienamos para que sean siete muñequitos, sino para que sea José Alarcón, Jesús Bergel, Pol Martínez, Manuel Montes, Jorge Morera, Jesús Perona y Yoel Vargas. Y después nosotros estamos ahí haciendo lo que podemos.
Esta vez tocaba fiesta masculina, ¿no entraban figuras femeninas en el código?
Pues estuvimos valorando en un principio, pero decidimos que meter a la mujer en una cosa así era situarla en una posición en la que no la queríamos situar. Porque, aunque nos estamos inspirando en un periodo concreto, que también tiene reflejo en el de hoy, en ese momento las juergas eran de hombres.
Después de Jerez, ¿toca conquistar Sevilla?
Mira, nosotros empezamos de cero todos los días. Entonces vamos a bailar con toda nuestra alma, esperando a que el público disfrute y que goce, y que se lleven algo para ellos en su interior. Y bueno, tenemos bastante con conquistarnos a nosotros día a día, que es nuestro lema: levantarnos por la mañana como el primer día, cuando decidimos hacer tándem y empezamos a trabajar. Pues con esas mismas ganas, con el mismo rigor, con esa misma ilusión, con esa misma fuerza, nos levantamos veintitantos años después. Cerca ya del 25 aniversario, que será en 2028. ♦















