Enrique Soto Barea (Jerez, 1952), el mayor de la casa de los Sordera, una de las sagas de cante más laureadas de Jerez, ha fallecido a la edad de 74 años, extendiendo un manto de luto sobre la ciudad que le vio nacer y muy especialmente sobre sus flamencos, que lo querían y admiraban. Directamente entroncado con Paco La Luz, Tío José de Paula, Niño Gloria o, más recientemente, María Bala y José Mercé, el cantaor recordaba con nostalgia esos ratos «cuando niño» en la calle Nueva, donde vivían los gitanos de la época y donde se «hacía una fiesta en una pocetilla, en medio de la calle». Pronto se fue a Madrid con su padre, Tío Manuel, así como con el resto de la familia, empezando con catorce años a subirse en los escenarios.
«Antes había que escuchar en los tablaos a uno y a otro para aprender», decía en una entrevista exclusiva para ExpoFlamenco. No podemos definirlo como un cantaor de sota, caballo y rey, sino que dominaba «todo tipo de cantes por dedicarme al baile, y eso te hace aprender». Formó parte del primer Ballet Andaluz, de compañías como la de El Güito o Mario Maya, entre otros, porque «lo importante era trabajar pero no de cualquier manera».
«No podemos definirlo como un cantaor de sota, caballo y rey, sino que dominaba «todo tipo de cantes por dedicarme al baile, y eso te hace aprender». Formó parte del primer Ballet Andaluz, de compañías como la de El Güito o Mario Maya, entre otros, porque ‘lo importante era trabajar pero no de cualquier manera’»
Destacamos unas palabras sobre Enrique Soto ‘Sordera’ del libro De Jerez y sus cantes, de José María Castaño. «Como sus hermanos, el primogénito marcha a Madrid a mediados de los años 60 y se busca acomodo en la amplia baraja de tablaos flamencos de la capital. Comienza a trabajar en El Duende, luego Canasteros y Las Brujas, donde entró en contacto con la disciplina y el aprendizaje de los grandes maestros. Su debut hay que cifrarlo a la edad de 16 años, cuando en Barcelona le cantó a su paisano Fernando Belmonte, el creador del ballet Albarizuela, en un espectáculo organizado por los incombustibles Juanito Valderrama y Dolores Abril».
«En 1970, recala en el conocido tablao Arco de los Cuchilleros, finalizando su periplo en este tipo de establecimientos en Café de Chinitas, Las Brujas y El Corral de la Pacheca, donde va a conocer a su esposa, la bailaora Carmen Mendiola. Todo este bagaje le dotó de unos amplios conocimientos y de unas tablas impresionantes. Todo, unido a su impecable registro de voz y su cabal ejecución de una amplia baraja de cantes, trajo como consecuencia que las grandes compañías del baile se fijaran en él con los ojos cerrados. Su seguridad en los escenarios es notable. Tras rular con las más importantes compañías, se instaló en Sevilla y llegó por fin al valioso ballet de Eva la Yerbabuena, donde es una pieza fija».
Su discografía incluye cuatro colecciones de cantes: Como lo siento (1996), Compás (1996) –con la guitarra de Paco Jarana–, Homenaje a un Patriarca (1997) –trabajo realizado junto a su familia dedicado a su padre– y Herencia (2005). Sus restos son velados en la sala Jaén del Tanatorio Viejo, y el sábado se oficiará una misa por el eterno descanso de su alma, a las 9.30 horas, en la capilla del mismo tanatorio. ♦















