Sensaciones es el espectáculo que Rosario la Reina Gitana ha llevado por diferentes escenarios de España desde hace dos años, gira que cerrará oficialmente en Arriate en próximas semanas. Ha dejado su sello, pues, en la Bienal Canela de San Roque, Encuentro Internacional Paco de Lucía en Algeciras, en San Fernando dentro del 75º aniversario de Camarón de la Isla y en Jerez en varias ocasiones. En julio estuvo con claro éxito en la Caracolá Lebrijana.
La Peña Tío José de Paula es un espacio único, no por su potencial edificio en plena calle de la Merced, sí por su gente y el ambiente que se crea en cada recital. La expectación del tercer encuentro del mes de octubre, que concluirá Luis El Zambo la semana que viene, tuvo como protagonista a una pianista con alma real. Sus padres son del barrio y ella, aunque se crio en la zona de La Asunción, ha escuchado siempre cómo era la vida de Santiago en el siglo pasado.
Rosario, que es profesora en la Escuela Municipal de Música, es poseedora de una clara personalidad y ese matiz es digno de elogio: su música es solo la de ella. Y sí, habría que destacar su recuerdo a las guitarras de Periquín o Moraíto con esas melodías tan de Jerez. En 2017 publicó Muchelumbre, disco que contiene alguna de los títulos que ofreció en su concierto en la mencionada peña, como A mi mare y Dulce melodía. Recuerdo aquella puesta de largo en la que tuve el honor de participar presentando al mismísimo Jesús Quintero, quien la apoyó siempre hasta sus últimos días.
«Cada nota de Rosario es un pellizco. Hirientes y vibrantes al mismo tiempo. Esta jerezana te hace soñar y eso se agradece en un mundo que se mueve en escala de grises. Rosario puede ser blanco y negro, como sus teclas, pero nos colorea la noche de rojo o el amanecer de celeste»

Su sensibilidad recae en las canciones de Manuel Alejandro, o en la profunda seguiriya que tantísimo llanto hizo chorrear al recordar a Fernando Terremoto y Moraíto. Conectó también en malagueñas, dedicándole a su tío Domingo Montoya Vargas (un gitano con mucha gracia y bueno de corazón) tal ejecución. El público agradecía el ritmo por tangos, y ella interactuaba con su gente, destacando el violín de Bernardo Parrilla, sobresaliente, la voz de Isa Fernández, encajando siempre cada quejío en el silencio, y la percusión de Carlos Merino, a quien Rosario dedicó unas palabras muy simpáticas: «Tocas de otra manera desde que tienes una mujer gitana». Todo siempre en armonía y familiaridad.
Cada nota de Rosario es un pellizco. Hirientes y vibrantes al mismo tiempo. Lo interesante de esta jerezana es que te hace soñar y eso se agradece en un mundo que se mueve en escala de grises. Rosario puede ser blanco y negro, como sus teclas, pero nos colorea la noche de rojo o el amanecer de celeste. Así, llegó al final con un regalo que se agradeció con una ovación atronadora con la interpretación de la plegaria Prendimiento y todos de pie rezando a compás. ♦

















