A lo largo de su medio siglo de carrera, Javier Barón ha pisado escenarios de todo el mundo, dejando su huella en el arte del baile flamenco con un estilo elegante, sobrio y profundamente expresivo. Sin embargo, a pesar de su extenso recorrido, aún le quedaban experiencias inéditas por vivir, como su reciente debut en la Peña Torres Macarena de Sevilla. Un espacio con solera, de esos donde el flamenco se siente a flor de piel, que acogió al maestro dentro del ciclo Maestros, acompañado por la guitarra de Salvador Gutiérrez y las voces de Moi de Morón y David el Galli.
La noche se presentaba como un encuentro especial, no solo por la primera vez de Barón sobre estas tablas, sino por la madurez artística con la que llegaba. Con cincuenta años de trayectoria, el bailaor alcalareño ha sabido mantener la esencia del baile tradicional sin perder la inquietud por la evolución, una cualidad que lo ha convertido en un referente del flamenco contemporáneo. En este marco, cada desplante, cada marcaje y cada zapateado adquirieron un significado especial, como un diálogo entre la experiencia y la pasión intacta por el arte.
«Javier Barón nos habló de la emoción de sentir el calor del público en un espacio tan cercano, de la conexión con los músicos y del flamenco en su estado más puro, sin artificios ni grandes escenarios, solo el cuerpo, la guitarra y el cante dialogando con el sentimiento»
En la sección A Pie de Calle de José Anillo para Expoflamenco, Javier Barón compartió sus sensaciones antes de la actuación, desgranando lo que significaba para él esta «primera vez» en un enclave con tanta historia. Habló de la emoción de sentir el calor del público en un espacio tan cercano, de la conexión con los músicos y del flamenco en su estado más puro, sin artificios ni grandes escenarios, solo el cuerpo, la guitarra y el cante dialogando con la emoción. Además, reflexionó sobre su propia evolución artística, repasando momentos clave de su carrera, desde sus inicios en Alcalá de Guadaíra hasta su consagración como figura del baile. Con la sabiduría que dan los años, Barón también compartió su visión sobre el flamenco actual, la importancia de la transmisión entre generaciones y la necesidad de preservar la esencia sin dejar de abrir caminos nuevos. Así, la velada en la Peña Torres Macarena no fue solo un espectáculo, sino un testimonio vivo de la trayectoria de un artista que sigue explorando, emocionando y dejando su huella en el arte flamenco. Una noche para la memoria, donde la guitarra, el cante y el baile se entrelazaron en una conversación sincera y llena de duende.