Con la normativa en la mano, el flamenco tendría que estar incluido, de una manera ordinaria, en la práctica educativa de nuestros colegios e institutos. Mas la realidad, en términos generales, nos dice lo contrario. Hagamos un somero repaso de cómo se ha ido articulando normativamente esta presencia.
En 2014 se aprobó la Orden de 7 de mayo de 2014, por la que se establecen medidas para la inclusión del Flamenco en el sistema educativo andaluz, que conllevó la creación del Portal Educativo del Flamenco con recursos, experiencias, formación y buenas prácticas; la inclusión del flamenco en la programación anual de los centros; la previsión de su inclusión en el Proyecto Educativo de Centro; proyectos de investigación, innovación y elaboración de materiales didácticos; y la creación de los Premios Flamenco en el Aula, que han alcanzado ya su décimo segunda edición.
Posteriormente, en 2023, la Ley Andaluza del Flamenco estableció expresamente que la Administración educativa debe incluir su aprendizaje y conocimiento en las distintas etapas no universitarias. Ese mismo año se produjo también la implantación de la asignatura optativa Cultura del Flamenco en 3.º de ESO.
A este recorrido normativo se suma la aprobación del Plan General Estratégico del Flamenco 2026-2031, que incluye como una de sus principales líneas estratégicas la “Integración del flamenco en el Sistema Educativo Público”.
Es decir, nos encontramos con que durante los últimos doce años la Junta de Andalucía ha legislado para que la cultura flamenca sea conocida por nuestros niños y niñas durante su escolarización obligatoria. El problema, por lo tanto, ya no es demostrar que el flamenco está reconocido por la Administración educativa. Eso está fuera de toda duda. El problema es saber hasta qué punto ese reconocimiento normativo, curricular y administrativo se ha convertido realmente en una presencia habitual y efectiva en las aulas. Y aquí está el quid de la cuestión. ¿Qué está fallando para que, doce años después de la Orden de 2014, la presencia ordinaria del flamenco siga dependiendo en buena medida de la iniciativa individual de determinados docentes y centros?
Las líneas que siguen son producto de mi experiencia profesional: la de un maestro de Educación Musical –y aficionado al flamenco– con veinticinco años de servicio y un amplio recorrido en la docencia del flamenco en Educación Primaria. Antes de entrar en ella, me gustaría exponer una breve reflexión sobre un problema de fondo del que aún adolece nuestra sociedad: la escasa consideración social y cultural del flamenco, y que, de alguna manera, determina su minoritaria presencia en la enseñanza obligatoria. A pesar del reconocimiento institucional alcanzado en las últimas décadas, continúa existiendo en determinados sectores de la sociedad una visión del flamenco como una música menor, vinculada a ciertos ambientes perniciosos y, en ocasiones, a un tiempo histórico que se contempla desde una perspectiva negativa. Un prejuicio que, lógicamente, también puede tener su reflejo en la comunidad educativa, tanto entre las familias como entre el propio profesorado, circunstancia que he podido apreciar claramente durante todo este tiempo. El flamenco aún no es visto en Andalucía y resto de España como un arte musical culto de primer nivel, y precisamente uno de los objetivos de la inclusión del flamenco en la escuela es revertir esta apreciación.
«Comienza un nuevo curso escolar y la pregunta sigue plenamente vigente: ¿está realmente el flamenco en nuestras aulas? La respuesta no puede ser todavía afirmativa. Existe un reconocimiento normativo, existen iniciativas, recursos y experiencias que no podemos obviar, pero aún queda camino por recorrer para que todo ello se traduzca en una presencia habitual, normalizada y efectiva del flamenco en nuestro sistema educativo obligatorio»
La deficiencias y aspectos claramente mejorables que he apreciado para que la presencia del flamenco en las aulas sea una realidad son diversos. En primer lugar, considero que existe una escasa voluntad del docente. El flamenco se imparte de manera sistemática solo en aquellos centros educativos en los que exista algún maestro o maestra, profesor o profesora interesado en ello. En este sentido, a pesar de la voluntad normativa de la Administración, esta no realiza ningún tipo de seguimiento para que forme parte de la praxis educativa. Recordemos, y este es un tema que da para otro artículo, que no solo se pretende divulgar el flamenco entre nuestros más pequeños, sino también utilizarlo como una herramienta educativa innovadora para el desarrollo de aprendizajes fundamentales tales como la lectura, la escritura o el conocimiento del entorno histórico y cultural.
Cierto es que en el año 2023 se estableció en 3º de la ESO la asignatura Cultura del Flamenco, pero al ser optativa y no existir un profesorado suficientemente formado, no creemos que sea el formato más acertado. Además, para que el alumnado decida elegir dicha materia curricular debe estar motivado y contar con unos conocimientos previamente adquiridos en Educación Primaria, circunstancia que, como estamos analizando en este artículo, no se da. Por ejemplo, en la localidad en la que vivo, Puente-Genil, no se imparte, que yo sepa, esta asignatura en ninguno de sus centros de Educación Secundaria.
A ello se suma la insuficiente preparación de quienes deben impartir el flamenco. A pesar de las iniciativas de algunos centros de formación del profesorado, no existe todavía un plan global, integral y claramente articulado que proporcione las herramientas pedagógicas y didácticas adecuadas. Asimismo, la universidad, más allá de las meritorias Cátedras de Flamencología, de los másteres de investigación y de determinadas iniciativas y asignaturas que incorporan contenidos relacionados con el flamenco, no contempla de manera estructurada su enseñanza en la formación inicial de los futuros docentes, una actuación, desde nuestro punto de vista, fundamental para formar y sensibilizar a quienes tendrán la responsabilidad de llevarlo a las aulas.
Por otra parte, tampoco podemos obviar la cuestión de los materiales y recursos didácticos. Gracias a las diferentes ediciones de los premios Flamenco en Aula ha ido surgiendo un interesante y muy útil material para el aula, mas este no es adecuadamente mostrado y publicitado al profesorado. Por cierto, son unos premios carentes de partida económica alguna, con el consiguiente menoscabo en la motivación para continuar participando. Los docentes tenemos que utilizar nuestro propio dinero para sufragar los gastos originados durante todo el proceso.
Finalmente, hay una circunstancia desde luego no menos importante: la situación de la Música en la escuela. El área de Música en Educación Primaria solo ocupa una hora semanal, a todas luces tiempo insuficiente para impartir sus contenidos. Si esta es la consideración que la música tiene en nuestro sistema educativo, ¿cómo pretendemos que el flamenco adquiera un tratamiento pedagógico acorde a lo promulgado desde la normativa? Analicemos la presencia de la música en los sistemas educativos de nuestros países vecinos y nos llevaremos más de una sorpresa.
Comienza un nuevo curso escolar y la pregunta con la que iniciábamos estas líneas sigue, por tanto, plenamente vigente: ¿está realmente el flamenco en nuestras aulas? La respuesta, a tenor de lo expuesto, no puede ser todavía afirmativa. Existe un reconocimiento normativo, existen iniciativas, recursos y experiencias que no podemos obviar, pero aún queda camino por recorrer para que todo ello se traduzca en una presencia habitual, normalizada y efectiva del flamenco en nuestro sistema educativo obligatorio.
Quizá el reto de este nuevo curso no sea ya conseguir que el flamenco aparezca en nuestras leyes y currículos, sino lograr que salga definitivamente de ellos para entrar, de manera natural, en nuestras aulas.
Desde ExpoFlamenco, con el firme convencimiento de la necesidad de acercar la cultura flamenca a nuestros más pequeños y de utilizarla como potente herramienta educativa, continuaremos impulsando nuestros dos proyectos destinados a este fin: El Duendecillo y El Profe y Fosforito un genio de la música. ♦














