Es difícil por pecar de inacertado poner un calificativo al homenaje que se le hace treinta años después no sólo a un trabajo discográfico, que en su momento fue transgresor y rompedor a partes iguales. Lo uno y lo otro lo fueron por el encaje que se le dio en el universo flamenco al disco Omega (1996), que trajo quebraderos de cabeza a la vieja flamencología que ya había sufrido casi veinte años antes con la Leyenda del tiempo de Camarón de la Isla. A posteriori vino Enrique Morente a terminar de romper el vaso y llenarlo de un líquido que se salía a borbotones por los laterales y era la mezcla perfecta de dos elementos que han conformado uno nuevo. Porque ese disco, sin intenciones, sin arraigo jondo ni rockero como individualidad, quiso ser un nuevo género. ¿Es flamenco? ¿Es rock?
Es más bien una alquimia confundida y difundida que ha traspasado la frontera de la jondura, de la pureza de ambos géneros para conformar un Omega de la música.
Treinta años después, y de gusanos comíos, que decía aquella vieja letra de soleá, el hijo menor del Ronco del Albaicín, junto a algunos de los míticos miembros de la banda Lagartija Nick, ha vuelto a los escenarios en un ¿tributo?, ¿homenaje?, ¿rescate?, ¿retorno? del disco que cambió las bases flamencas modernas.
Allí estaba Antonio Arias, con su bajo y su guitarra, su estampa fina, diminuta y grande a la vez, cargando de energía a la banda. Lo mismo que Eric Jiménez, con sus baquetas tras una mampara presidiendo el escenario. O Juan Codorniú al otro lado del escenario. Kiki Morente fue Il Divo, con un porte antiguo, pantalón ancho y botas, chaqueta con reminiscencias artísticas del patriarca y dirigiendo con su voz y sus manos a la banda.
Fueron más de dos horas de concierto en los que retomaron las notas de Manhattan ataviados de máscaras blancas que no anonimizaron al personal. Realizaron un viaje sonoro por la Aurora de Nueva York, El Pastor Bobo, Niña ahogada en el pozo, Sacerdotes y buena parte del repertorio discográfico original.
El escenario se convirtió en una macrosala de rock, con coreografías de luz inmensas y proyecciones de todo tipo: por momentos aparecía Lorca, por momentos Leonard Cohen o Enrique Morente caminando por Nueva York o el Sacromonte.
«Treinta años después, el hijo menor del Ronco del Albaicín, junto a algunos de los míticos miembros de la banda Lagartija Nick, ha vuelto a los escenarios en un ¿tributo?, ¿homenaje?, ¿rescate?, ¿retorno? del disco que cambió las bases flamencas modernas»

Al teclado estuvo JJ Machuca innovando melodías y notas lejanas al origen. Las guitarras de Nano de Amalio y Jorge Pisa Boli, que no se salieron del marco, remedando a un joven y creativo Miguel Ángel Cortés.
Tuvieron su momento de gloria Curro Conde Morente y Popo Gabarre en las percusiones con algún solo al final, y en los coros, Dani Bonilla, Noemí Salazar, Aroa Palomo y Antonio Carbonell.
La banda rockera sinfónica cambiaba tercios discordantes, de melódico al estruendo, de lo sutil a lo ruidoso, de lo flamenco a lo rockero. Y todo sin despeinarse.
La discordancia la puso el bailaor Israel Galván, la vanguardia del baile actual, que con sus ya conocidas medias y pantalón corto dibujó melodías y compases en una colaboración intrascendente por innecesaria.
Hubo dos colaboraciones más. Una programada, la otra no. La primera, la guitarra del compadre de Kiki, Juan Habichuela Nieto, que le tocó por granaínas, las que cantó Kiki y que son sello de la casa.
La otra, la de la matriarca del clan Morente, Estrella, que salió al final dándolo todo con abanico, mal sonido del micro y entrega absoluta.
Quedaría tiempo aún para más canciones, alguna con sello de Antonio Arias y el Aleluya final que se convirtió en un ¡no a la guerra!, reivindicado a viva voz por Kiki. Fue insólito ver a decenas de personas con las manos levantadas, poseídos, como si hubiera habido una aparición virginal, invocando al espíritu o cada uno a su Dios mientras sonaba el Aleluya.
Participó en la pieza final Carmen Celeste Arias, joven violinista e hija de Antonio, que, a modo de anécdota, fue mi alumna hace ocho años. Allí estuvo acompañando tímida pero magistralmente al heredero y precursor de la nueva vida de Omega. Decía siempre Enrique: ¡Estamos vivos de milagro! Esperemos estarlo para ver la celebración del 50º aniversario del disco.
Ficha artística
Omega 30 aniversario. Kiki Morente y Lagartija Nick
Jardines del Generalife, Granada
29 de agosto de 2026
Voz principal: Kiki Morente
Banda Lagartika Nick:
Voz y bajo: Antonio Arias
Guitarra y voces: Juan Codorniú
Batería: Eric Jiménez
Teclado: JJ Machuca
Baile: Israel Galván
Guitarra flamenca: Nano de Amalio, Jorge Pisa Boli
Percusión: Popo Gabarre, Curro Conde
Coros y palmas: Dani Bonilla, Noemí Salazar, Antonio Carbonell, Aroa Palomo
Violín: Carmen Celeste Arias














