Un jurado es, o debe ser, siempre soberano. Y me consta que aquí, en el Festival de Cante Flamenco de Lo Ferro, siempre lo es. El director y el equipo directivo son escrupulosos en esto. Dejan trabajar y decidir con absoluta libertad al jurado. Pero, claro, ello no supone que el jurado no se pueda equivocar en su elección. Bueno, quizás la palabra “equivocarse” no sea la adecuada. Digamos entonces que quizás su opinión y preferencia no coincida con la de otras personas. Por ejemplo, con la mía. Y sí, me apoyo en mi propia opinión, que en esta ocasión no coincide del todo con la del jurado. Me atrevo a pensar que, hasta donde yo conozco, se ha quedado por el camino gente mejor de la que ha llegado a la final y obtenido los diferentes premios.
Pero en realidad, nada que decir contra el ganador del prestigioso Melón de Oro, el veterano y buen cantaor cordobés Francisco Ocón, ya con muchos premios en su mochila. Tampoco quiero decir –el santoral flamenco me libre– que los que han obtenido otros premios sean peores que los/las que se quedaron por el camino. Quiero explicar únicamente que a mí, personalmente, algunos de los que no llegaron a la final, ni siquiera a la semifinal, me gustaban más, aparte de que en algunos casos, dada su juventud, podrán aportar más en el futuro y, consecuentemente, dar más prestigio al festival.
Pero dejemos este asunto aparte. Cada jurado tiene sus gustos y su criterio, y hay que respetarlo. Y hay que reconocer que a lo largo de su concurso, Lo Ferro ha dado a conocer a excelentes artistas. Concluye ahora su 46ª edición, que ha sido magnífica. Cada año, este certamen, que se celebra en una pequeña barriada de Roldán, en el municipio de Torre Pacheco (Murcia), da un paso más hacia adelante. En esta ocasión ha habido una agenda cultural repleta de actividades de todo tipo, con debates, conferencias o recitales poéticos, además de un hermanamiento con el municipio de la isla de San Fernando (Cádiz), tierra del gran Camarón.
«Hoy, los nuevos aficionados, la gente joven, viven estos certámenes no tanto como concurso sino como festival, es decir, como un ciclo de espectáculos, a veces con artistas mediáticos, que suelen ser el verdadero reclamo. También en eso ha sabido adaptarse el internacional festival de Lo Ferro. Primer año sin Fosforito en este certamen felizmente rural y mestizo. Melancolía porque todo acaba. Esperanza para el futuro»

Pero en el centro de todo ha estado el constante homenaje que se le ha dado al maestro Antonio Fernández Díaz, Fosforito, recientemente fallecido, y siempre con la presencia en estos actos con su mujer, Maribel, bailaora, su eterna compañera. También parte de sus hijos han estado presentes. En el Teatro Sebastián Escudero, centro de toda la actividad cultural, se ha abierto un espacio que llevará el nombre del cantaor desaparecido, y que durante toda la semana se han estado proyectando vídeos de Fosforito conversando con otros interlocutores. El inolvidable artista flamenco fue el creador de la Ferreña hace más de 25 años, y que hoy es un palo asentado y que supone uno de los principales premios del certamen, después del Melón de Oro. Fue una petición expresa del festival a través de su fundador, Sebastián Escudero, que Fosforito creó con aire de malagueña. Las tradiciones se pueden crear.
El maestro ya no está en este mundo, pero su recuerdo y su obra quedará para siempre en la historia del cante jondo. Aquel chico que cantaba para sobrevivir en las tabernas de su pueblo, Puente Genil, y que luego arrasó en el Concurso de Córdoba en los años cincuenta, y del que he dicho siempre que cantaba como un niño desesperado. Para siempre, Fosforito.
Pero volvamos, para finalizar, al tema de los concursos. Este de Lo Ferro es ya uno de los mejores existentes. El que más impacto y eco tiene sigue siendo el de La Unión, el Festival del Cante de las Minas, que además aborda todas las disciplinas flamencas. Pero detrás quizás esté Lo Ferro. Sin embargo, los tiempos han cambiado. Hoy, los nuevos aficionados, la gente joven, viven estos certámenes no tanto como concurso sino como festival, es decir, como un ciclo de espectáculos, a veces con artistas mediáticos, que suelen ser el verdadero reclamo. También en eso ha sabido adaptarse el internacional festival de Lo Ferro. Primer año sin Fosforito en este certamen felizmente rural y mestizo. Melancolía porque todo acaba. Esperanza para el futuro. ♦


















































































