La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla ha cerrado su edición de 2026 con los mejores resultados económicos y de asistencia de su historia. El festival ha alcanzado una recaudación de taquilla de 1.356.519 euros, una ocupación media del 92 por ciento y un total de 44 funciones con las localidades agotadas. Un balance que han presentado este viernes 16 de octubre el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, y el director de la Bienal, Luis Ybarra, en una rueda de prensa que ha contado con la actuación de Canito & Raúl Rodríguez y en la que también han destacado la proyección internacional del certamen y los retos de futuro.
El alcalde sevillano ha calificado los resultados como «un éxito rotundo, un récord en todo», con especial atención al comportamiento de la taquilla y la repercusión mediática. Sanz ha subrayado que la Bienal ha superado sus anteriores registros con un presupuesto histórico que ronda los 2,5 millones de euros y una recaudación que crece en torno a 350.000 euros respecto a 2024.
«Se confirma y se evidencia no solo que ha sido un éxito, sino que se han batido todos los récords», ha señalado el regidor, quien ha atribuido buena parte de estos resultados a la gestión de Luis Ybarra durante las dos últimas ediciones.
El balance también refleja un notable crecimiento de la presencia internacional de la Bienal. Su página web ha recibido más de 811.000 visitas, con un 60 por ciento del tráfico procedente del extranjero, principalmente de China, Estados Unidos, Francia y Brasil. A ello se suman unos 4.600 impactos en medios de comunicación, frente a los 3.900 registrados en 2024, y una presencia en redes sociales que alcanza casi 80.000 seguidores y 5,4 millones de impresiones.
Sanz ha destacado especialmente la dimensión de esta repercusión y ha asegurado que una campaña publicitaria equivalente habría supuesto para el Ayuntamiento una inversión estimada de 58 millones de euros.
El legado artístico más allá de las cifras
Frente al protagonismo de los indicadores económicos, Luis Ybarra ha querido detenerse en una dimensión que considera esencial para valorar el verdadero alcance de la Bienal: su influencia sobre los artistas, los públicos y la evolución del flamenco.
«La Bienal tiene un impacto mediático muy notable, tiene un impacto económico en la ciudad y también en el Ayuntamiento, tiene un impacto, diría que social, pero es muy trascendente el impacto artístico», ha explicado el director.
Ybarra ha defendido la diversidad de una programación capaz de reunir distintas generaciones, estilos y sensibilidades. Una pluralidad que, según ha señalado, también se refleja en los espectadores: «La Bienal no tiene un público en sí, sino que tiene muchos públicos».
En este sentido, ha recordado que los asistentes a los espectáculos de José Valencia, Israel Galván, Farruquito, Andrés Marín o Sara Jiménez representan maneras diferentes de acercarse al flamenco. Esa convivencia constituye, a su juicio, una de las principales fortalezas del festival.
El director también ha resaltado la presencia de numerosos artistas entre el público, que acuden a los teatros para conocer el trabajo de sus compañeros. A ello se suma la asistencia de programadores y directores artísticos llegados de ciudades como París, Londres, Nueva York, Milán, Nîmes, Mont-de-Marsan o Albuquerque.
«Es una Bienal que ocurre en Sevilla, pero hacia el mundo», ha resumido Ybarra, convencido de que el festival sigue siendo un escaparate internacional para las producciones y los artistas que pasan por sus escenarios.
Otra de las características de esta edición ha sido la extensa programación paralela, desarrollada con la colaboración de numerosas instituciones y entidades culturales. Conferencias, tertulias, exposiciones, encuentros literarios, rutas gastronómicas y actuaciones gratuitas han ampliado la presencia de la Bienal más allá de los teatros y de los espacios habituales del centro histórico.
«El alcalde de Sevilla ha aprovechado la presentación del balance para plantear tres grandes retos de futuro: encontrar una sede definitiva para la Bienal, un espacio que podría albergar además un gran museo dedicado al flamenco; extender la programación flamenca durante todo el año y llevarla a los distintos barrios de Sevilla. El tercer objetivo se sitúa en 2028, cuando el festival celebrará su vigesimoquinta edición»
Memoria, nuevos talentos y patrimonio vivo
En su valoración artística, Ybarra ha recordado algunos de los argumentos que han inspirado la programación de 2026, entre ellos el centenario de la etapa de la ópera flamenca, la aportación de las mujeres al cante y la memoria del pueblo gitano.
El director ha mencionado expresamente las actuaciones de Carmen Linares, Mayte Martín, Marina Heredia y Sandra Carrasco como parte de esa mirada a la historia del flamenco desde la creación contemporánea.
También ha insistido en la importancia de los nuevos talentos y de los artistas veteranos, a los que ha definido como un patrimonio vivo que merece ocupar un lugar destacado en la programación.
Sin embargo, Ybarra considera que el verdadero resultado de una Bienal no puede medirse únicamente cuando cae el telón de su última función. Habrá que comprobar qué sucede con las producciones estrenadas, qué recorrido internacional alcanzan y cómo evolucionan los jóvenes artistas que han encontrado en Sevilla una plataforma para sus carreras.
«Solo el tiempo tiene la llave del verdadero impacto artístico, de lo más oculto, de lo más trascendente. Y será la perspectiva de los años la que nos permita juzgar lo que hemos hecho», ha afirmado.
Algunos espectáculos surgidos en esta edición ya han iniciado su recorrido por otros festivales, como Suma Flamenca de Madrid, mientras que otros figuran en próximas programaciones. Para Ybarra, esa continuidad resulta fundamental a la hora de valorar la contribución del certamen al flamenco.
«Las artes escénicas son efímeras por definición, pero dejan algo en el espectador que queda para siempre, que siempre nos acompaña», ha reflexionado el director.
«La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla se despide así con cifras históricas y una mirada puesta en 2028. Pero también con una reflexión de su director que trasciende las estadísticas: el verdadero legado de esta edición se medirá en los próximos años, cuando pueda comprobarse cuánto de lo vivido sobre sus escenarios permanece en los artistas, en sus creaciones y en la memoria del público»
Una sede permanente y una Bienal de 2028 como proyecto de ciudad
El alcalde de Sevilla también ha aprovechado la presentación del balance para plantear tres grandes retos de futuro. El primero consiste en encontrar una sede definitiva para la Bienal, un espacio que podría albergar además un gran museo dedicado al flamenco.
La segunda aspiración municipal pasa por extender la programación flamenca durante todo el año y llevarla a los distintos barrios de Sevilla. El tercer objetivo se sitúa en 2028, cuando el festival celebrará su vigesimoquinta edición.
«Creo que esa veinticinco edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla se tiene que convertir en un proyecto de ciudad», ha afirmado Sanz, quien confía en la implicación de los artistas, las instituciones y los patrocinadores para afrontar esta celebración.
El alcalde también ha dedicado palabras de reconocimiento a Luis Ybarra, cuya gestión considera decisiva para la evolución reciente del certamen. En su intervención ha asegurado que el director ha conseguido recuperar una Bienal que, a su juicio, necesitaba un cambio de rumbo, y que deja ahora «una Bienal de Flamenco más viva que nunca».
Por su parte, Ybarra ha confirmado que la actividad flamenca municipal continuará después de la clausura del festival. El 16 de noviembre, el Teatro Lope de Vega acogerá la presentación de un nuevo espectáculo de Paula Comitre. Este espacio contará además con programación flamenca a lo largo del año, junto con la actividad habitual de las peñas sevillanas.
La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla se despide así con cifras históricas y una mirada puesta en 2028. Pero también con una reflexión de su director que trasciende las estadísticas: el verdadero legado de esta edición se medirá en los próximos años, cuando pueda comprobarse cuánto de lo vivido sobre sus escenarios permanece en los artistas, en sus creaciones y en la memoria del público. ♦














