Este concierto era de cajón. Estamos ante el centenario de la concesión de la II Llave de Oro del Cante a Manuel Vallejo, que acaeció el 5 de octubre de 2026, pero también ante el inminente 135 aniversario de su nacimiento en la casa número 1 de la barreduela de Padilla, en el sevillano barrio de San Marcos, aunque su inscripción se hizo en el registro civil del distrito de San Román.
Otro dato informativo es que se bautizó en la Iglesia de San Marcos, filial de la de San Julián, y que el remoquete artístico de Vallejo lo adopta del segundo apellido del padre, que se llamó Manuel Jiménez Vallejo, casado con la también sevillana Manuela Martínez de Pinillo y Varas.
Despejados estos antecedentes, la Bienal de Flamenco era obvio que acogiera este concierto ante la inminente celebración como reseñamos de la II Llave del Cante, y con voces muy óptimas para el mismo, aunque quien firma hubiera renegociado el contenido a fin de recordar con mayor solvencia efeméride tan extraordinaria.
No obstante, Manuel Cuevas y Miguel de Tena principiaron emulando tercios de la copiosa obra de Vallejo, arrancando ya en solitario Cuevas algo irresoluto en la malagueña con cierre del fandango. Empero, conforme avanzaba en la ejecución, fue luciendo el brillo en la descripción de la vidalita y sobre todo en la seguiriya de El Marrurro, atinando en los silencios y con fraseos detallistas en la escala tonal, mostrando unos medios nada escuetos a fin de que la emisión resultara tensa y recurriendo a las notas más agudas sin comedimientos.
En la bulería enlazada con los cuplés el cantaor ursaonés no dejó que los matices ayunaran, de ahí que su pronunciamiento resultara con sonidos abiertos y correctamente apoyados, sin obviar la regulación de las intensidades con la afinación, quedando más discreto pero con fuerza en los tonos altos del mirabrás, sin perder de vista la seguridad o que por momentos el cante lo percibiera el público de manera recogida y mórbida, de lo que podrían colegirse los momentos radiantes sin perder la singularidad esperada, sin ese halo de acontecimiento extraordinario que sin duda se buscaba con su presencia en la Bienal de Sevilla.
«Tanto un cantaor como otro dejaron una reflexión sobre las virtudes en cuanto a la significación de Manuel Vallejo en el mundo flamenco, el sentido de vida que aportó al cante y su postura ante el momento supremo del hecho compositivo. En definitiva, una cumbre del inmenso enriquecimiento que confirió el gran Manuel Vallejo a la realidad musical del flamenco»

Miguel de Tena, por su parte, jugaba en campo propio, ya que es el cantaor que mejor se adapta a las condiciones canoras de Vallejo, lo que explica que ofreciera una versión plena y con audaces contrastes dinámicos, resaltando en todo momento el fuerte elemento de los medios tonos y no carente de conmoción y transcendencia, como en la malagueña del Niño del Huerto con el fandango de Lucena, y en los tangos de la Catalina, que los percibimos espectaculares, valorando cada tercio en su singularidad, incluso en su consonancia, y lanzado a la búsqueda de un acento genérico, expuesto con brillo, ritmo y el lirismo que cabía esperar.
Su ejecución no fue nada destemplada, sobrada de musculatura y dinamismo, no erosionando los registros agudos en el cuplé por bulerías de María de la O, o en la granaína y media granaína, los mejores cantes de la noche, en los que exhibió en todo su esplendor su centro mórbido, cremoso y esmaltado, rasgos confirmados en los fandangos por bulerías, con una formulación nobilísima y distinguida.
Toda la exposición de Miguel de Tena fue, pues, como una trenza transparente pero que se hila con naturalidad, de ahí que sonara vaporoso y elegíaco, verdaderamente ensoñador para los vallejistas, desarrollando un fraseo riquísimo en dinámicas y de alcance infinito, con una riqueza extrema en los medios, llenos de color, cálidos e infalibles, provocando ese clímax emotivo que deja huella en el público.
No obstante, tanto un cantaor como otro dejaron una reflexión sobre las virtudes en cuanto a la significación de Manuel Vallejo en el mundo flamenco, el sentido de vida que aportó al cante y su postura ante el momento supremo del hecho compositivo. En definitiva, una cumbre del inmenso enriquecimiento que confirió el gran Manuel Vallejo a la realidad musical del flamenco, obviando teorías desfasadas como aquellas que buscan una comparación que de hecho carece de fundamente alguno.
Y es que con cantaores así, escoltados por el barroquismo tan protagonista de Niño Seve o la prudencia agradecida de Patrocinio Hijo, nadie tiene que convencer a nadie de la grandeza del maestro sevillano en el centenario del gran logro de su carrera.
Ficha artística
Por Vallejo, de Manuel Cuevas & Miguel de Tena
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla – Noche única
Teatro Alameda
28 de septiembre de 2026
Cante: Manuel Cuevas y Miguel de Tena
Guitarras: Niño Seve y Antonio de Patrocinio Hijo






















