Juan Tomás de la Molía (Trebujena, Cádiz, 2000) llega a la Bienal de Sevilla como uno de los nombres jóvenes que más expectación despiertan en el baile flamenco actual. Este miércoles 23 de septiembre comparte escenario con Águeda Saavedra en Te atrevo, un encuentro entre dos formas de bailar que parte de la admiración, el cariño y la observación mutua, bajo la dirección de Manuel Liñán. En esta entrevista, el joven bailaor habla de ese diálogo con Águeda, del espacio que reserva a la improvisación y al riesgo sobre las tablas, de su relación con Liñán y de una manera de entender el flamenco en la que los grandes maestros conviven con los creadores de su tiempo. También repasa lo aprendido en los tablaos, la escuela y las compañías, y reivindica, por encima del reconocimiento, algo mucho más sencillo: que su baile sea capaz de provocar una emoción.
– Eres el bailaor del que todos hablan, pese al escaso cuarto de siglo en el DNI. ¿Qué está pasando aquí, mi señor?
– La verdad es que no estoy muy pendiente de eso. A mí lo que me gusta es bailar y lo hago lo mejor que puedo y sé. Hay mucha gente a la que admiro y me encanta compartir y aprender de ellos. En ese momento me encuentro.
– El miércoles 23 de septiembre estrenas en la Bienal de Sevilla el montaje Te atrevo junto a Águeda Saavedra. El título es toda una declaración. ¿A qué os estáis atreviendo Águeda y tú con este espectáculo?
– Nos atrevemos a mirarnos, a sentirnos, a dejarnos llevar. Y a compartir de una manera muy bonita, desde la admiración, el cariño, el respeto y el amor que nos tenemos. Observamos y nos impregnamos el uno del otro.
– Explícanos ese juego de palabras, porque la expresión ‘te atrevo’ –en lugar de ‘me atrevo’ o ‘te atreves’– no pasaría la prueba del algodón según el DRAE.
– Porque queríamos verlo desde el lado de atreverse a la otra persona, a compartir, a bailar, a sentir y todo lo que anteriormente he dicho. En resumen, sería como me atrevo a ti.
«Águeda y yo nos atrevemos a mirarnos, a sentirnos, a dejarnos llevar. Y a compartir de una manera muy bonita, desde la admiración, el cariño, el respeto y el amor que nos tenemos. Observamos y nos impregnamos el uno del otro»

– La obra habla del encuentro entre dos cuerpos y dos personalidades. ¿Qué has tenido que ceder de tu propio baile para encontrarte de verdad con el de Águeda?
– Pues mira, la verdad es que ceder no hemos cedido nada ninguno de los dos. Nos observamos y luego en nuestro baile sale esa influencia de lo que nos hemos llevado mirando y admirando.
– ¿Hasta qué punto Te atrevo está coreografiado y cuánto espacio habéis dejado para que sucedan cosas distintas cada noche? Lo pregunto porque siempre has defendido la improvisación y el dejarte llevar por lo que ocurre sobre el escenario.
– Pues exactamente no sabría decirte. A nivel de baile está muy trabajado, pero también hay mucha improvisación, sobre todo porque lo necesito para poder sentirme vivo y sentir el gusto y el riesgo de no saber qué pasará en muchos momentos. Pienso que Agueda también lo siente así. Diría que como un sesenta-cuarenta por ciento, siendo cuarenta la improvisación. Me refiero a nivel coreográfico.
– Manuel Liñán ya dirigió Vertebrado y vuelve a dirigir ahora Te atrevo. ¿Qué ve Liñán en Juan Tomás de la Molía que quizá tú todavía no ves cuando te miras bailando?
– Yo la verdad es que lo admiro mucho. Confío plenamente en él y me da seguridad. Manuel es imprescindible aquí. Tiene la capacidad de darnos alas y hacernos disfrutar muchísimo. Respeta siempre nuestras necesidades y gustos, y camina de una manera muy bonita con nosotros. Esto hace que todo fluya muy bien y salen cosas que no esperabas. Él lo ve todo muy claro y sabe, en mi opinión, cómo, cuándo y dónde.
– Eres un bailaor que mira a Farruco, El Güito o Mario Maya, pero trabajas estrechamente con Manuel Liñán. ¿Tradición y vanguardia siguen siendo dos extremos o esa discusión empieza a estar superada para vuestra generación?
– A ver, siempre he admirado a los grandes maestros por encima de todo. Pero también creo que solo admirarlos a ellos sería muy triste, porque nos perderíamos cosas maravillosas. Para mí lo más bonito del arte es la verdad: cuando una persona se desnuda en cuerpo y alma ante el público. Y para mí, Manuel es verdad, además de muchísimas cosas más como bailaor. Es increíble, lo admiro muchísimo y aprendo de él cada vez que estamos juntos. Manuel también conserva en su baile mucha tradición, desde mi punto de vista, y además para mí es muy grande. Por cierto, también me fijo en muchísimos maestros más, y compañeros que me inspiran día a día.
«El tablao te aporta estructuras tradicionales, agilidad mental, capacidad de improvisación. La escuela es la base, donde comienzas a conocer el compás, estudias técnica, escuchas palos por primera vez y te preparan para poder subir a un escenario. En una compañía compartes, creces, aprendes. Empiezas a ver lo que es un teatro y como son los códigos. Lo cuidado que tiene que estar todo. Y equivocándote aprendes muchas cosas muy rápido si eres observador y consciente cuando pasa»

– Has pasado por los tablaos, el Ballet Flamenco de Andalucía, grandes compañías, concursos y espectáculos propios. ¿Dónde crees que se aprende realmente a ser bailaor? ¿En una escuela, en un tablao, dentro de una compañía o equivocándose solo sobre un escenario?
– Uf, pues para mí no hay solo uno. Diría que todos te aportan y te ayudan a crecer como bailaor. El tablao te aporta, entre otras muchas cosas, estructuras tradicionales, agilidad mental, capacidad de improvisación, etcétera, etcétera. La escuela es la base, donde comienzas a conocer el compás, estudias técnica, escuchas palos por primera vez, y te preparan para poder subir a un escenario. Una compañía es maravillosa: compartes, creces, aprendes. Empiezas a ver lo que es un teatro y como son los códigos, totalmente distintos. Lo cuidado que tiene que estar todo. Y no me refiero al baile en sí, sino a todo lo que engloba un espectáculo. Y equivocándote aprendes muchas cosas muy rápido si eres observador y consciente cuando pasa. Así que ninguno más que otro, todos aportan.
– Viendo a los bailaores y bailaoras de tu generación, ¿qué crees que os preocupa hoy que no preocupaba tanto a las generaciones anteriores? ¿Dónde está vuestra batalla artística?
– No sabría responderte muy bien a esta pregunta. Creo que es muy personal de cada uno y no podría decirte algo generalizado porque podría equivocarme, casi seguro.
– Cuando dentro de veinte años alguien vea bailar a Juan Tomás de la Molía, ¿qué te gustaría que pudiera reconocer inmediatamente como tuyo?
– No sé qué me gustaría. Soy más de disfrutar yo en el escenario. A lo mejor, pues que el baile mío aportara algún sentimiento a alguien en algún momento de su vida. No hace falta que me recuerden. Con que haya sentido una emoción en un momento determinado viéndome bailar, eso me hace feliz. ♦














