Todo parece indicar que esta va a ser una no-entrevista. Inútil insistirle en que, sin su nombre, la historia quedará incompleta, que él fue una pieza fundamental de aquella aventura que cambió la historia de la música: Pedro Ample Candel, más conocido como Pedro-Ruy Blas, no tiene la menor intención de hablar para Expoflamenco. Según confiesa, no se siente autorizado para hablar de lo jondo, esos sonidos que ha amado y cultivado, pero entre otros muchos. Y mucho menos querría hablar de Paco de Lucía para la serie Los elegidos. “No me haría ningún favor a mí ni a la verdad. Prefiero librarme de tener que hablar cosas que no quiero decir. Me gustaría que la entrevista se la hicieras a mi libro”.
Su libro es el volumen de memorias que publicó el año pasado en Milenio Publicaciones con el título que uno de sus grandes éxitos: A los que hirió el amor. Algo más de 500 páginas que forman parte, y no anecdótica, de la historia de la música española en el siglo XX, escritas por un creador memorioso y en plenitud de facultades. Entre sus muchas historias, como no puede ser de otro modo, cuenta cómo se creó Dolores, aquella banda que iba a revolucionar la fusión de lo jondo con el jazz y la psicodelia, y cómo se cruzaron en su camino Paco de Lucía primero y Camarón de la Isla más tarde. A estas páginas acudimos, pero mientras tanto él mismo parece no poder evitar comentar algunos aspectos de aquel tiempo.
El verano de 1977 llegaba a su fin. (…) Paco de Lucía acababa de casarse con Casilda Varela y estaba muy reciente su éxito ‘Entre dos aguas’, que sonaba junto a otros de sus trabajos con mucha frecuencia en mi tocadiscos. Él tenía también un contrato con Fonogram (otro sello de la misma compañía), tal vez por ello escuchó mis trabajos y se sintió muy interesado por aquellos conceptos rítmicos y armónicos, que sin llegar a ser ni mucho menos flamenco, sí que contenían un aire cercano a aquella fusión que yo estaba intentando conseguir.
“Lo de Paco surgió motivado por el trabajo que yo estaba haciendo”, recuerda ahora. “Me llamó porque había oído el disco Dolores, iba a hacer una gira por Europa con un promotor inglés, Barry Marshall, que había trabajado con la Weather Report, John McLaughin, Chick Corea y más gente así… Paco tenía muchas posibilidades de entrar en ese circuito si se rodeaba de músicos jóvenes y salía de la estética flamenca al uso, no podía hacerlo con peineta y tacón cubano. Me llamó y le dije que sí”.
«Hay que desmitificar al mito. Darle su lugar en la gloria, y Paco indiscutiblemente lo tiene. Pero también hay que pensar en el hombre de carne y hueso, que decía tacos, que se ponía de mala leche como todo el mundo… La visión idílica me aburre. Por eso en mi libro he querido mostrar a un Paco humano, bajado del pedestal»

“Luego un día le dije, ¿por qué no metes a Jorge, que toca conmigo? ‘¿El de la flauta?’, se horrorizó. ‘Me van a matar como meta eso’. Y yo le insistí en que no, que le iba a sonar muy bien, que iba a hacer todo lo que él dijera, que Jorge tenía un oído portentoso… Hasta que cedió, ‘bueno, díselo a mi hermano’. Y yo hablando con Ramón, blablablabla, y luego con el de la casa de discos, blablablabla… Y desde el primer momento fue un éxito”.
Me ofreció unirme a ese trío como percusionista, lo que acepté instantáneamente sin necesidad de pensarlo.
Desde ese día comenzó entre nosotros una gran amistad. Solíamos pasar toda la tarde en aquel ático de la calle Orense donde vivía con Casilda. (…)
Le pedí a alguien de Polydor que le hiciese llegar a Paco el impresionante doble álbum de Chick Corea editado el año anterior, ‘My Spanish Heart’. Le comenté anecdóticamente que el pianista norteamericano tras su visita a Madrid adquirió dos de sus discos que yo le aconsejé. Tras escuchar tranquilamente en su casa el álbum de Chick, lo primero y quizá lo único que Paco me dijo fue: –Este sí que sabe.
“¿Tú sabes lo que es tocar con Paco, en su casa, cuando estaba recién casado y vivía en un ático de la calle Orense? Y decirle, venga, vamos a hacernos un cacharrito, liarnos un peta y empezar a hacer acordes… Y Paco diciéndome, ‘no te voy a dejar tocar la guitarra, porque te sudan las manos y me estropeas las cuerdas’, qué cabrón… Y luego los dos por la calle, encontrarnos una cajetilla de tabaco y ponernos a darle patadas, como dos niños. Eso es Paco para mí, un niño imposible de olvidar”.
Y añade a renglón seguido: “Recuerdo que le decía, ‘Paco, tócame esa de Reflejo de luna’. Él se reía y me decía, ‘Te gusta esa, ¿eh?’. ‘Joder si me gusta, es el Debussy del flamenco’”.
Paco confió en mí, y desde ese momento me convirtió en una especie de asesor suyo. (…)
Paco se dio cuenta enseguida de que yo lo acompañaba perfectamente (…) Yo fui muy aficionado al flamenco a través de la familia de mi madre, y a los doce años aprendí a tocar las palmas por bulerías, rumbas, también siguirillas y soleás.
«Paco no era un dios, como mucha gente quiere hacer ver. Pero hay quien necesita crear mitologías, como Camarón, que parece que solo existió él, con todos mis respetos, porque es un gigante, pero, ¿no hubo nadie más?»

En su libro, Pedro-Ruy Blas evoca también la primera gira europea con Paco, incluyendo sonados éxitos en Londres y París, lo que les animó a repetir en el Teatro Alcalá de Madrid, ya con el grupo Dolores propiamente dicho. También la incorporación de un recién llegado Rubem Dantas, que pasó a vivir con ellos en la casa de Antonio Arias que ya ocupaban sus compañeros. Juntos grabaron en 1978 el primer disco de la banda, Asa-Nisi-Masa, en cuyo tema ¿Por dónde caminas? colaboró Paco. Poco después acompañaban ellos a Paco en su disco dedicado a Manuel de Falla, en otra gira llena de momentos memorables y también algunos temores de no estar a la altura de lo que el reto requería. Especialmente aquella noche en Munich:
Comenzó la actuación y enseguida pude comprobar que más de la mitad del público eran españoles. Emigrantes que adoraban a Paco y no paraban de jalearle como si estuvieran en un colmao. Hasta ahí, todo bien. Llegó el momento en que saldríamos a tocar nuestros dos temas instrumentales como grupo. Tan solo llevábamos tocando un minuto cuando algunos de aquellos, yo diría catetos, comenzaron al principio a burlarse.
–¡Venga ya! ¡Mira los pelos del negro! ¿Dónde está la Dolores? ¡Que salga Paco! ¡Irse!
Como sucedería con Ramón durante mucho tiempo, en aquellos viajes Pedro Ruy-Blas hubo de asumir el ingrato papel de vigilante de la disciplina entre su tropa joven y algo alocada. También evoca el primer acercamiento del productor Steve Katz para involucrar a Paco con músicos de jazz, en el que Pedro Ruy-Blas fue mediador. Se barajaron nombres como Jaco Pastorius, Charles Mingus y John McLaughin. “No se llegó a nada y no porque Steve Katz no fuera perseverante. Paco era muy inteligente y sabía de sobra que aún no era el momento. Así de sencillo”.
Hasta que llegó el momento de decirse adiós. Los testigos de aquel proceso de despedida brindan distintas versiones. Pedro Ruy-Blas, que a lo largo de sus escritos destila amor y admiración hacia el genio de Algeciras, no puede ocultar cierta amargura al traer al presente aquel momento. “Lo más profundo que he sentido por Paco es una gran amistad, un cariño de hermano que al final se diluye, porque cada cual sigue su camino y si te he visto no me acuerdo”, dice.
«Iba a hacer una gira por Europa con un promotor inglés, Barry Marshall, que había trabajado con la Weather Report, John McLaughin, Chick Corea y más gente así… Paco tenía muchas posibilidades de entrar en ese circuito si se rodeaba de músicos jóvenes y salía de la estética flamenca al uso, no podía hacerlo con peineta y tacón cubano. Me llamó y le dije que sí»

“Te contaré una cosa. Hace unos años me invitaron para ir a Sevilla a una cosa sobre Paco. Allí estaba Casilda. Yo recordaba el día exacto en que dejé el grupo, ya no iba a acompañar a Paco en la siguiente gira, la primera que harían por Sudamérica. Él me invitó a la nueva casa que tenían, un chalet. Y cuando llegó la hora, me di cuenta de que yo no tenía en el bolsillo dinero ni para coger el autobús, ni siquiera para hacer una llamada. En la casa en la que vivía con Rubem y Jorge y el hermano de Jorge, no teníamos teléfono. Había un bar en frente. El Paleto, que era desde donde llamábamos para cuadrar los bolos o lo que fuera. Pero ese día no tenía ni para una ficha de la cabina. No fui, y Casilda se cabreó mucho, porque la dejé con la mesa puesta. Lo comprendo. Cuando nos vimos en Sevilla, después de saludarnos, salió el tema de nuestra separación, y ella me dijo: ‘Es que tú eras muy inestable’. Y yo le dije, “Y Paco, ¿no era muy inestable? Allí inestables éramos todos, estábamos en la edad de la inestabilidad. Pero para Casilda Varela el inestable era yo. Y seguro que tenía razón. Donde me gusta estar es en el caos. Si me lo dan todo organizado, me aburro”.
El músico insiste en esa versión natural y coherente con su trayectoria profesional y artística. “Siempre he sido un cantante, cantaba mis canciones. Con Paco me vi de acompañante y no tenía ganas de eso, quería reencontrarme a mí mismo. Decidí seguir mi camino. Las amistades son carreras muy largas, pero no hubo nada personal. Todo el grupo es una maravilla, no tengo nada malo que decir de ninguno”.
Queda descartada, rotundamente, la idea de que el salario como músico de Paco no fuera bastante. “Conmigo no hubo problemas de dinero jamás, puede que con otros sí. Es más, cuando trabajé con Paco, las dos giras que hice con él, íbamos todos, incluso el hermano de Jorge. Y no solo ganamos pasta, es que estábamos más tiesos que una regla, y él nos permitió salir de España y actuar en unos teatros de puta madre. Pero esto es como quien trabaja mucho en una fábrica, un día le dice al jefe que a ver si le sube el sueldo, el jefe te puede decir que sí o que no, darte todo lo que le pidas o mandarte a tomar por culo… Las cosas son así”.
“En todo caso, no creo que nadie hable de eso porque siempre es mejor hablar bien y mantener el mito en el pedestal”, agrega. “No hay que interesarse por lo que ganan los demás, sino por lo que ganas tú. Si crees que mereces más, pide, y contra el vicio de pedir…” Y añade a renglón seguido: “Hay que desmitificar al mito. Darle su lugar en la gloria, y Paco indiscutiblemente lo tiene. Pero también hay que pensar en el hombre de carne y hueso, que decía tacos, que se ponía de mala leche como todo el mundo… La visión idílica me aburre. Por eso en mi libro he querido mostrar a un Paco humano, bajado del pedestal. Paco no era un dios, como mucha gente quiere hacer ver. Pero hay quien necesita crear mitologías, como Camarón, que parece que solo existió él, con todos mis respetos, porque es un gigante, pero, ¿no hubo nadie más?”.
«El flamenco ha pasado mucha penita, ha tenido que estar al servicio de gente indeseable, ha habido que trabajar muchas noches para llevar un cacho de pan a casa. Tiene mucho valor conseguir la gloria, pero yo no la persigo, llevo sesenta años en la música y nunca lo he hecho»
“Scorsese dijo una vez en una universidad: ‘No digáis que no os interesan las películas viejas. No son viejas, son películas que no habéis visto’. Y eso se aplica a la música”, prosigue el artista. “Los jóvenes tienen la obligación de informarse, no solo de vivir el aquí y el ahora, y de tocar tan rápido como pueden. Aunque hay algunos que saben más que Lepe, la mayoría solo oye lo de ahora. Tal vez por esto que digo, mi amigo Gerardo Núñez me dice que soy un rancio. A mí no me saques de La Paquera ni del Indio Gitano, que me he vuelto loco escuchándolo todas las noches en el Café de Chinitas. Pero también me emocionaron las tres primeras notas que escuché de José Carlos Gómez, lo llamé y le dije: ‘tío, me has hecho abrirme de arriba abajo’. Y entendí toda su devoción por Paco. He visto en él cosas que vi con Paco cuando ensayaba con él a medio metro de distancia, cuando le tocaba los bongós”.
Su visión del mundillo flamenco es igualmente crítica: “Si oye lo que voy a decir un flamenco que no me conozca, se puede cagar en mi madre, pero lo primero que hay que aprender en el flamenco es a vender la pescadilla. He visto a guitarristas de chatos ver llegar a un compañero y decirse, verás cómo le jode esto que voy a hacer, coger el teléfono y decir ‘¡otro bolo que me acaba de salir, tengo treinta este mes!’ He visto cómo se clavan puñales entre todos”.
“El flamenco ha pasado mucha penita, ha tenido que estar al servicio de gente indeseable, ha habido que trabajar muchas noches para llevar un cacho de pan a casa. Tiene mucho valor conseguir la gloria, pero yo no la persigo, llevo sesenta años en la música y nunca lo he hecho”, concluye con un suspiro. “El éxito y el fracaso son impostores, y la presunción me ha parecido toda la vida una horterada. Como nunca han hablado de mí, me he acostumbrado a estar oculto, a no existir”. ♦