Seguramente Sara Baras no era la mejor bailaora de su generación, ni la mejor coreógrafa. Pero fue quien mejor supo conjugar el talento artístico y el empresarial para consolidar un modelo de compañía que lleva casi treinta años en el candelero, sin necesidad de mudar de piel y sin enfermar de éxito. Un estreno suyo, como el que tuvo lugar este viernes en el sevillano Teatro de la Maestranza, en el marco de la Bienal de Flamenco, es el punto de partida de un nuevo viaje –y van ya veinte– que la llevará por todo el globo para encandilar a los más diversos públicos. Probablemente sea la única flamenca que, hoy por hoy, puede hablar de “estreno mundial” sin que suene pretencioso.
En su nueva propuesta, Infinita, la artista cañaílla invita al espectador a acompañarla en un recorrido sentimental por las ocho provincias andaluzas. Un argumento que, si bien no parece más original del mundo, le permite plantear un repertorio amplio y sugestivo, con las concesiones justas al cliché.
Llama la atención, de entrada, el vestuario sobrio, gris para los músicos y predominantemente negro, con puntuales notas de color en pañuelos y mantones, para las bailaoras. El repertorio no es geográficamente lineal, sino que comienza por los dos extremos, la Huelva del fandango y la Almería del taranto, con una Sara a solas en escena impulsada por la voz arrebatadora de El Mati, colosal a lo largo de toda la noche como el resto del grupo, bien defendido a las guitarras por Keko Baldomero y Andrés Martínez, las diabluras del violín de Alexis Lefevre, y la percusión de Güito, que no desmereció la de su antecesor, Andrés El Pájaro.
- «Una obra, ‘Infinita’, que no es grito sino caricia, que no es consigna sino arrullo, que no es espejo sino espejismo. Que no exaltará a nadie, no interpelará a nadie, no irritará a nadie. Será, no lo duden, un gran éxito allí donde vaya»

Sara Baras y las chicas de su cuerpo de baile continúan su sinuoso itinerario por tangos, granaínas, serrana, aceituneras, malagueñas y verdiales, sevillanas, la trilla pregrabada en la voz inconfundible de José Mercé, preciosamente bailada por la gaditana con el mantón en el –para este cronista- el mejor momento del espectáculo. Un contraluz a lo Saura marca la recta final con la llegada a Cádiz, primero por tanguillos, y finalmente por alegrías. Si la maestra gaditana sacó a relucir todo su repertorio de recursos habituales (los vuelos del vestido, los giros, las carretillas sin fin), sus chicas hicieron gala de una espléndida desenvoltura en escena y sincronización, igualmente marca de la casa.
Hace cuatro o cinco décadas, apelar a Andalucía desde un escenario implicaba casi siempre un posicionamiento político, un claro aliento reivindicativo. El nombre de nuestra comunidad se invocaba para exigir justicia y libertad, la compensación de agravios históricos y la abolición de los estereotipos más perniciosos. Ha llovido mucho desde entonces, y no tendría ningún sentido pedirle a Sara Baras que exhiba un compromiso similar en un tiempo de empacho ideológico en el que, además, las identidades se han vuelto un elemento emocional más que un factor de cohesión social. Pero sí me parece llamativo el contraste de aquellos montajes protestones con la Andalucía tranquila, casi imperturbable, de Infinita, su tono predominantemente amable, ajeno a cualquier conflicto. Dice el programa de mano que “Infinita no describe: sueña”, y desde luego tiene algo de apacible letargo, de amable y tranquilizador conformismo.
No obstante, esa Andalucía, hay que decirlo, no es infinita, sino más bien estrecha, incapaz de crear nuevos imaginarios para los nuevos tiempos y sus desafíos. Pero como digo, tampoco se trataba de eso. No se lo pidió, desde luego, el patio de butacas del Maestranza puesto una y otra vez en pie en la larga despedida del montaje, primero con un recitado de Antonio Banderas en off de un texto bastante retórico, luego el fin de fiestas por bulerías… Y el guiño a Triana y a esa puerta que una niña tenía que abrir en aquel remoto 1975.
Una obra, en fin, que no es grito sino caricia, que no es consigna sino arrullo, que no es espejo sino espejismo. Que no exaltará a nadie, no interpelará a nadie, no irritará a nadie. Será, no lo duden, un gran éxito allí donde vaya.
Ficha artística
Infinita, de Compañía Sara Baras
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza de Sevilla
11 de septiembre de 2026
Baile: Sara Baras, Chula García, Cristina Aldón, Carmen Bejarano, Miriam Pérez, Elena Arias, María Guerrero, Irene Flores
Guitarra, dirección musical, música y letras: Keko Baldomero
Guitarra: Andrés Martínez
Cante: May Fernández, Matías López ‘El Mati’, Rafael Núñez
Percusión: Rafa Moreno ‘Güito’
Violín: Alexis Lefevre
Iluminación: Óscar de los Reyes
Colaboración especial: Antonio Banderas y José Mercé

























