David Peña Dorantes (Lebrija, 1969) se dio a conocer en los últimos años 90 del siglo pasado con un concepto del piano flamenco totalmente distinto, a un tiempo conectado con sus ilustres raíces familiares y con un gran sentido de la modernidad. Ahí sigue, explorando incansable nuevos territorios sonoros. Este 12 de septiembre lleva a la Bienal de Sevilla su nueva propuesta, Fractal Arcano, en el Teatro Lope de Vega.
Hace casi un cuarto de siglo de aquella Bienal en la que conquistó tres Giraldillos, y que fue en cierto modo su trampolín internacional. ¿Cómo recuerda aquello, y cómo ha sido el camino hasta aquí?
Lo recuerdo como un comienzo y una sorpresa de verdad, porque la verdad es que uno con aquella edad empieza a crear, a exponer, y el resultado de la prensa y del público me sorprendió muchísimo. Me acuerdo levantarme esa mañana, leer los periódicos, ver lo que había pasado y sorprenderme. Es un recuerdo muy bonito. Y ahora sigo con ganas de ser creativo, de empezar a crear cosas diferentes en mi tarea como músico, y con ilusión cada día.
Hay quien se queja de que en la Bienal “siempre van los mismos”. En su caso, es cierto que ha estado, al menos y si no me equivoco, en las ocho o diez últimas, como mínimo. ¿Qué podemos decirle a quienes quieren su sitio en Sevilla y ven que usted lo tiene siempre?
Bueno, es cierto que me llaman y, claro, cada vez que lo hacen, yo estoy. Creo que la Bienal es un gran festival. Yo piso muchos festivales y está claro que para mí es uno de los más importantes, por lo que significa para un músico flamenco. Por supuesto, no sé dónde está la cuestión, por qué unos sí y otros no. En mi opinión, siempre es bueno que un festival tenga apertura a todos los músicos en general para que puedan exponer sus músicas, hasta ahí te puedo decir.
Lo cierto es que usted ha traído siempre propuestas muy diferentes: ¡Sin Muros!, el dúo con Renaud Garcia-Fons, Los Gitanos del Mediterráneo, Tierra, Scarlattianas… Ha tenido siempre esa inquietud de no repetirse, aunque luego el público le pida el Orobroy, ¿no?
Sí, para un músico es importante estar continuamente buscando, renovándose. Estamos hablando de la creatividad pura, y hay que usarla para hacer cosas nuevas, diferentes, sin obligación de nada; simplemente como una actitud. Lo mío es una actitud ante la creatividad y ante la música. Lo hago sin pensar demasiado. Soy así, es una forma de ser para la Bienal y para cualquier otro festival que me llame, y sobre todo para mí y para mi carrera.
Ahora estrena Fractal Arcano. Para los que nos costaba sacar buena nota en geometría, ¿nos explica en qué consiste ese título?
En cuanto a la parte fractal… El flamenco está lleno de eso, desde los silencios hasta las palmas; las partes rítmicas son factores fractales que pasan desde una célula hacia un universo entero. Hasta el dolor puede llegar desde una célula a ser enorme, como pasa en el flamenco. Esa es la parte fractal, que es la que a mí me hace poder construir. Y luego está lo arcano, que es la memoria, lo trascendental, lo que yo he heredado, lo que incluso me hace poder dirigirme como una especie de brújula hacia donde creo que debo llevar mi música. La conjunción de ambas cosas es en lo que se convierte el espectáculo, lo que construyo y hacia donde voy, conjugado también con el concepto puro de fractal, que lo representamos con las palmas: células musicales que repito, modifico y llevo a otro lugar.
«Para un músico es importante estar continuamente buscando, renovándose. Lo mío es una actitud ante la creatividad y ante la música. Lo hago sin pensar demasiado. Soy así, es una forma de ser para la Bienal y para cualquier otro festival que me llame, y sobre todo para mí y para mi carrera»
En la ficha de la Bienal no aparece acompañamiento. ¿Quiénes subirán a escena con usted?
Tengo seis palmeros. El concepto que he tenido ante ellos es como una especie de orquesta de cámara pequeña donde los uso como diferentes sonidos. Están conmigo y a veces ellos cogen la parte fractal y otras veces la tengo yo, otra vez el arcano lo tienen ellos y otra vez yo. Lo uso como un registro sonoro de seis personas, de seis palmas, tomándolo como una pequeña orquesta donde uso a la vez diferentes recursos, a veces al unísono o dependiendo del concepto.
Pero instrumento como tal, solo el piano, ¿verdad?
Sí, se puede decir que, como instrumento construido para desarrollar sonido, el piano. Pero es cierto que luego la palma es otro instrumento muy arraigado en el flamenco.
Esa parte rítmica, percutiva, ¿le apetecía subrayarla ahora, además de la melódica y armónica que tiene el piano?
Sí, porque pienso que al mundo de los palmeros y de las palmas nunca se le ha dado la importancia que tiene cuando tiene muchísima. Cualquier músico flamenco te puede decir que una de las cosas más complicadas que hay de grabar en un estudio de grabación son las palmas, porque es difícil que todo esté perfecto: el soniquete, el swing o el groove, como se dice fuera del flamenco, y el sonido bonito que tiene, tanto de la sorda como de la aguda, la conjugación de unas y otras, todo eso… Y que todos vayan clavados al mismo tiempo. A veces se nos olvida que las palmas son un elemento que no existe en otra disciplina, y que entraña mucha dificultad.

Hace años dije que habría que darle un Giraldillo de Honor al Bobote, al Eléctrico y a otros grandes palmeros, y me miraron raro…
Creo que al final sí les hicieron algún reconocimiento, por supuesto merecido.
Por terminar con el Arcano, en el flamenco siempre apelamos al misterio, a lo insondable del flamenco. ¿Exageramos o romantizamos un poco, o tiene esa dimensión de verdad?
Sí, claro que la tiene, realmente es lo que le da sabor a todo, lo que le da humanidad, lo que aporta una conexión directa a quien te escucha. A partir de ahí, creo que es el puente que se tiende hacia las otras almas, a otras formas de pensar y de sentir, y creo que ahí está la clave. Por eso te digo que lo del arcano es lo que uso para construir y también para ir a esas almas, para entrar y conectar.
«El flamenco está lleno de eso, desde los silencios hasta las palmas. Las partes rítmicas son factores fractales que pasan desde una célula hacia un universo entero. Hasta el dolor puede llegar desde una célula a ser enorme, como pasa en el flamenco. Esa es la parte fractal, que es la que a mí me hace poder construir. Y luego está lo arcano, que es la memoria, lo trascendental, lo que yo he heredado»
Por lo que he visto en el programa, lo ha estructurado de una manera en la que no se hace referencia a palos concretos, sino que son como pasajes. ¿Cómo lo definiría usted?
Bueno, yo no lo expongo, pero sí que es cierto que son palos. Hay desde tanguillos, soleá, seguiriya, farruca… Todo está montado a base de palos, y cada palo es elegido en el momento del espectáculo donde yo pueda desarrollar y expresar bien el concepto fractal y arcano.
Cuando usted empezaba, los pianos flamencos destacados se contaban con los dedos de una mano. Ahora hay un boom, salen pianistas todos los días. ¿Cómo ve el momento del piano flamenco ahora, sobre todo para los jóvenes?
Lo veo maravilloso. Hace mucho tiempo que llevo diciendo que este ramillete que hay de grandes pianistas y enamorados es genial. Yo me encuentro a muchos chavales que llegan después de los conciertos y me dicen: «Pues yo estoy estudiando piano, estoy estudiando flamenco». Y digo: «¡Ole, qué bien!». Creo que al piano flamenco le faltaba esto, y es buena señal. Eso quiere decir que en poco tiempo el piano tendrá mucho más peso y tendrá su camino propio consolidado. Pero estoy muy feliz de que tanta gente se haya sumado.
Lo que sí es verdad es que cuando ustedes eran menos, era muy fácil distinguir el piano de Chano, el de Diego Amador, el suyo, el de Miño… ¿Ahora el reto que tienen los chavales es precisamente ese, sonar como uno mismo sin imitar a nadie?
Es cuestión de tiempo. Son jóvenes todavía, hay que esperar a que cada uno coja su personalidad. Pero me quedo con el hecho de que se apunten, que los que quieran hacer piano flamenco hagan su vida alrededor del piano y del flamenco. Creo que eso es lo más bonito. Es cierto que eso ocurre no solamente en el piano, sino en todo aquello que se realiza: hay mucha más gente y pasa en el cante, en la guitarra, en todo. Ya pasó en su momento en esa transición, cuando esta música se convirtió en algo más académico. Pero al final, siempre en todo este ramillete aparece gente con una personalidad que aporta.
No quiero poner el foco mucho más allá del estreno de Fractal Arcano, pero es verdad que siempre tiene cosas entre manos y es imposible adivinar qué será lo próximo que haga, o por dónde tirará lo próximo de Dorantes. ¿Qué nos puede adelantar? ¿Qué le está pidiendo el cuerpo ahora en este momento?
Pues espero que la vida me sorprenda y que sea esa parte arcana la que sirva de brújula y me lleve a un sitio, no lo sé. Sí que es verdad que acabo de terminar lo que presenté hace dos años en la Bienal, Scarlattianas, acabo de grabar el disco ahora, hace nada, y lo estamos preparando para que salga y sea escuchado. Y luego, para lo próximo… ¡Uf! La verdad es que tengo muchas ideas, tengo el ordenador lleno de ideas y los papeles de partituras llenos de ideas, pero no lo sé. A ver qué pasa. ♦















