Pues sí: en Stuttgart también saben aplaudir a compás. Así lo hizo el público del Theaterhaus de esta ciudad alemana en la inauguración de la decimosexta edición de su Festival Flamenco. Y no aplaudió tibiamente, no, sino a rabiar, al borde del éxtasis, que es donde arrastró Manuel Liñán a los espectadores de Muerta de amor, el espectáculo escogido para la ocasión y que lleva ya un par de años recorriendo el mundo.
Vi Muerta de amor por primera vez en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, en la última Bienal, y quedé vivamente impresionado por el derroche de energía y talento del que hace gala este montaje. Las sensaciones experimentadas entonces iban a amplificarse este viernes en Stuttgart, apenas un rato después de bajarme del avión, dadas las características de la caja escénica, más reducida en este caso, y la proximidad con el patio de butacas, que hace que uno se sienta literalmente dentro, junto al elenco.
Lo que propone Manuel Liñán en su espectáculo más intimista es contarse a sí mismo a través de sus historias amorosas, unas más dichosas y otras más desgraciadas, unas más platónicas y otras más tórridas, pero sin las cuales no sería la persona que es. Recuerdo que en aquella primera ocasión me sorprendió el modo abierto y honesto con la que muestra esa pasión entre hombres, y me pregunté cuántos bailaores a lo largo de la Historia han tenido que falsear esas emociones con una compañía femenina sobre las tablas. Algo tan natural como un abrazo de dos varones se vuelve de pronto revolucionario, aunque si vemos el revuelo que han levantado en redes las muestras de afecto de los futbolistas de la selección española, llegaremos a la conclusión de que todavía queda mucho cavernícola por redimir en nuestro país.
«En aquella primera ocasión me sorprendió el modo abierto y honesto con la que muestra esa pasión entre hombres, y me pregunté cuántos bailaores a lo largo de la Historia han tenido que falsear esas emociones con una compañía femenina sobre las tablas. Algo tan natural como un abrazo de dos varones se vuelve de pronto revolucionario»

En Muerta de amor hay carne, hay sensualidad y hasta procacidad en dosis controladas, pero sobre todo hay baile y hay flamenco, que es para lo que han nacido Liñán y sus formidables bailaores. No deja de impresionar la intensidad sostenida durante toda la obra, el ritmo sin desmayo y la energía que se proyecta de principio a fin, durante más de una hora y media. Pero también las sincronizaciones perfectas y la calidad vocal como valor añadido al baile de primerísimo nivel, todo lo cual pone este espectáculo muy arriba –sin exagerar un pelo– entre los mejores que hayamos visto en las últimas décadas.
En el Theaterhaus de Stuttgart, el último baluarte de los festivales flamencos alemanes, todo esto volvió a ponerse de manifiesto en escenas tan memorables como los pases de Juan Tomás de la Molía ante un Liñán voyeur y disfrutón; el número de la venda roja con Alberto Sellés, de notable complejidad técnica y un efecto absolutamente conmovedor; o esa Mara Rey dando el toque arrebatado, melodramático y almodovariano, para redondear la faena. Y entre unos y otros, un catálogo de palos y letras sencillamente impresionante, que recorrieron toda la geografía flamenca y, si me apuran, también la Historia.
La nueva masculinidad era esto: el derecho a ser quien uno es. Habrá quien todavía se pregunte a qué viene la reivindicación de Liñán, que por cierto es completamente personal: nunca le he visto enarbolar una bandera ni hablar en nombre de nadie que no sea él mismo. Pero quizá el respetable recordara que, hace apenas unos días, durante la manifestación del Orgullo en la capital del país, Berlín, un atentado acabó con la vida de una persona e hirió a otra treintena. Todas las reivindicaciones parecen superfluas hasta que un tarado se pone al volante para acabar con gente alegre y pacífica. Yo al menos recordé este hecho mientras veía la euforia del público aplaudiendo a compás, y el rostro de Manuel Liñán surcado de lágrimas, que eran también las nuestras.
Ficha artística
Muerta de amor, de Cía. Manuel Liñán
16º Festival Flamenco de Stuttgart, Alemania.
Theaterhaus Stuttgart
31 de julio de 2026
Dirección y coreografía: Manuel Liñán
Baile: Manuel Liñán, David Acero, José Ángel Capel, Juan Tomás de la Molía, Miguel Ángel Heredia, Ángel Reyes, Alberto Sellés
Cante: Juan de la María
Guitarra: Francisco Vinuesa
Violín: Víctor Guadiana.
Percusión: Javier Teruel
























































































