«El flamenco es vida». Con esta afirmación inauguraba Gustavo Cuéllar, alcalde de Moguer, el ciclo Tabernas Flamencas. Como ya comentamos días atrás en este portal, un circuito flamenco por bodegas del municipio, dándole un especial sabor al cante y toque que degustamos.
Encomiable la Peña de Cante Jondo de Moguer en su labor divulgativa y de promoción de la cultura más autóctona, así como el apoyo constante de la administración local representada en el día de hoy por el primer edil y por miembros de la corporación municipal como Carmen Díaz, Eva Rodríguez, Fernando García, Rafael Bogado y María Esther Alfaro.
La presentación de Ramón Ruiz y Antonio Rodríguez, presidente y directivo de la entidad flamenca, dio paso a la actuación de Antonio Núñez El Pulga y Álvaro Mora, con la colaboración de los palmeros Manolo Bellido y El Petete. Esta primera actuación, bajo el título Paladar y Filigrana, se lleva a cabo en la Bodega Jiménez & María Luisa. Comenzó el chiclanero Antonio El Pulga por trilla: No eches en vaso de barro / que se te puede escapar. / Si la paz entró en tu pecho / guárdala para edificar / un cariño verdadero / y libre te sentirás / y guarda bien la paz. Prosiguió con el martinete y remate de siguiriya. Todo llevado a su terreno. Luchando hasta el último de los compases y entregando su poderío vocal y saber hacer.
«Cuando los aficionados asistimos a encuentros flamencos en espacios tan singulares como la Bodega Jiménez & María Luisa, es difícil no salir ebrio de poderío. Solo es necesario que los artistas den un poquito de su saber y sentir. Entonces se produce la simbiosis que nos lleva a esa complicidad y a ese disfrute. Se hace paladar y filigrana, como el título de esta noche»

Conducido magistralmente por la guitarra del moguereño Álvaro Mora, Antonio nos introduce en el cante por alegrías con letras de Isidro Muñoz, y recordando letras populares de los maestros gaditanos. Sale de Cádiz y se marcha a Utrera recordando los aires de Pinini, para volver de nuevo a la tierra salinera. Antonio El Pulga es un cantaor que ha desarrollado gran parte de su carrera en el cante de atrás, es innegable el uso del compás y el ritmo como materia prima de su buen hacer y nos sorprende, también, en el uso de los silencios. Y como si se tratara de una composición de Béla Bartok –aquello que los estudiosos melómanos y musicólogos llamaron los silencios de Bartok-, cantaor, guitarrista y palmeros introducen cortes abruptos y silencios secos, los cuales funcionaron como resortes, estallando en las siguientes notas, rompiendo la métrica y dotando al cante de una fuerza casi primitiva, sin ninguna disonancia interpretativa.
Acto seguido, después de dejarnos el regusto por cantiñas, se produjo lo que en mi opinión fue el momento sublime de la noche. Antonio llama al cante por fandangos. Álvaro Mora da paso a los mismos con una falseta por malagueñas. En su interpretación, la guitarra se consagra como una fuerza lírica y descriptiva excepcional, capaz de transformar el sonido en paisaje –al menos yo lo sentí así, y así lo cuento–. Con una sensibilidad exquisita, su toque dibuja una melodía fluida que evoca con precisión el discurrir pausado de un río en calma. Es como aquello que tantas veces ha plasmado el pintor moguereño Pedro Rodríguez en sus lienzos sobre el río Tinto, transportándonos desde los tonos rojizos y cobres que brotan en la cuna de la Peña del Hierro hasta el azul sereno que inunda el cauce a su paso por San Juan del Puerto, cerca de Moguer, arrastrándonos en un viaje sinestésico sin igual. Es una exhibición de virtuosismo, que Antonio El Pulga no desaprovecha pellizcándonos con una personal recreación del fandango que popularizara Enrique Morente –Era en lo que yo me entretenía / cuando yo estuve en prisiones…–, para terminar ejecutando la jabera y el fandango de Frasquito Yerbabuena: Un sereno se dormía / en la cruz alta del barrio…
Después de este regalo para los sentidos, es el turno de la soleá por bulerías y la bulería. Aquí no hay ojanas. Todo confluye como una perfecta sinfonía. Estamos ante cuatro artistas que dominan el compás y el ritmo. Pulga conoce el tránsito. Su voz envolvente y el buen hacer de sus acompañantes, Álvaro, Bellido y Petete, ponen ese grano que hace que la balanza se incline hacia una notable actuación. El broche final a la noche lo ponen un ramillete de fandangos personales.
Cuando los aficionados asistimos a encuentros flamencos en espacios tan singulares y acogedores como el de hoy en la bodega Jiménez, es difícil no degustar el cante y el toque. Es difícil no salir ebrio de poderío, como cantara Pepe Roca en su tema Alameda. Solo es necesario que los artistas den un poquito de su saber y sentir. Entonces se produce la simbiosis que nos lleva a esa complicidad y a ese disfrute. Se hace paladar y filigrana, como el título de esta noche.
Ficha artística
Paladar y filigrana, de Antonio El Pulga y Álvaro Mora
Ciclo Tabernas Flamencas
Bodega Jiménez & María Luisa, Moguer
6 de noviembre de 2026
Cante: Antonio Núñez ‘El Pulga’
Guitarra: Álvaro Mora
Compás: Manuel Bellido, Petete
















