El musicólogo y compositor Dr. Daniel Gómez Sánchez acaba de publicar un minucioso ensayo, Rosalía, universo creador, con Aguilar, sello de la prestigiosísima editorial Penguin Random House. No se trata de una autopublicación más ni de una aproximación superficial al fenómeno de Rosalía, sino del resultado de una década de investigación y de una tesis doctoral dirigida por el profesor de Musicología y tocaor Dr. Francisco Bethencourt Llobet.
De entrada, considero que el origen académico de este libro constituye uno de sus aspectos más meritorios. El autor ha consultado un sinfín de fuentes y ha realizado un trabajo de campo admirable que incluye entrevistas con la propia Rosalía. Además, dialoga con una bibliografía amplia y diversa que le permite adoptar una mirada transdisciplinar. Todo ello resulta imprescindible para dibujar con precisión el fascinante universo creativo de Rosalía.
Gómez Sánchez es profesor asociado de composición en el ESEM del Taller de Músics. Cuenta con un enciclopédico conocimiento de la música que resulta necesario para tratar objetivamente el diverso e insondable imaginario musical de Rosalía, que va de la Niña de los Peines a Björk, de las nanas catalanas a Lauryn Hill y de un largo etcétera a otro largo etcétera. Esta erudición queda patente a lo largo del libro y, particularmente, en las cuatro secciones dedicadas a analizar cada canción de la discografía de Rosalía.
Daniel Gómez Sánchez también tiene un título en Psicología y un máster en Educación por la Universidad CEU San Pablo. Desde las perspectivas de estas disciplinas contempla la niñez de Rosalía para explorar los gérmenes de su creatividad y aportar un perfil sumamente humano de esa niña que escuchó las nanas de su abuela –El noi de la mare–, tuvo una profunda conexión con la naturaleza, se crio al lado de su mejor amiga, su hermana Pili Vila, y jugó al fútbol. Es el conocimiento del desarrollo infantil y familiar lo que permite a Daniel Gómez Sánchez realizar ciertas observaciones pertinentes como la siguiente: «El mismo hecho de que Rosalía jugase a una edad temprana a decodificar posibles interpretaciones de la simbología subyacente a la forma de las nubes mirando al cielo es el germen de sus dotes de abstracción y creatividad» (p. 35). También considera las implicaciones que supuso para su desarrollo personal y artístico padecer un trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y superar una operación quirúrgica de las cuerdas vocales. Además, destaca que Rosalía no fue una niña prodigiosa del arte sujeta a los controles maquiavélicos de los adultos de la industria de la música. Tuvo una niñez normal; su creatividad floreció a su propio ritmo vertiginoso. Emanó de la motivación intrínseca, de su desbordante deseo de aprender. Fue y es discípula de varias maestras y maestros.
«Rosalía sintió una peculiar llamada para descubrir el flamenco y consagrar su vida a la música. El flamenco sería el puerto desde el que partirá en su fascinante viaje artístico de continuo aprendizaje, búsqueda y transformación. Ella misma ha relatado en numerosas ocasiones qué pasó aquel día. Estaba en el parque Canals i Nubiola, en Sant Esteve Sesrovires, con sus amigos cuando un quejío desgarrador en la voz de Camarón de la Isla la estremeció por completo»
La aptitud para aprender ha sido una constante en la vida de la artista catalana. De hecho, como afirma Daniel Gómez Sánchez, «el ritmo de aprendizaje de la cantante ha sido una de las constantes de las entrevistas que he realizado para este libro. Su sed por aprender, por hacer preguntas, por descubrir, por apuntarse a todas las actividades que podía, su tesón, disciplina y las largas horas de estudio dedicadas a cumplir con su vocación le han permitido avanzar a mayor velocidad de lo normal» (p. 401).
Esa sed por aprender fue primordial para su éxito como alumna en el Taller de Músics y en el ESMUC, y las páginas dedicadas a analizar esa larga formación académica son de interés particular. Recordamos que Gómez Sánchez es profesor en el Taller de Músics. Conoce de primera mano el espíritu libre que impregna la filosofía educativa de esta escuela, que crea profesionales del arte y cuya máxima es «del aula al escenario». Además, esta sección del libro cuenta con varias entrevistas a los profesores de Rosalía que permiten entender la diversidad de su educación musical, su máxima entrega como alumna y su talento para cantar flamenco. No olvidamos que esa cantaora tiene tatuadas en la espalda letras de Manuel Molina y que se enamoró de esta expresión artística escuchando, como tantos, a Camarón de la Isla. Tal y como apunta Sánchez Gómez, «Rosalía sintió una peculiar llamada para descubrir el flamenco y consagrar su vida a la música. El flamenco sería el puerto desde el que partirá en su fascinante viaje artístico de continuo aprendizaje, búsqueda y transformación. Ella misma ha relatado en numerosas ocasiones qué pasó aquel día. Estaba en el parque Canals i Nubiola, en Sant Esteve Sesrovires, con sus amigos cuando un quejío desgarrador en la voz de Camarón de la Isla la estremeció por completo» (p. 82).
La descripción de la alumna Rosalía igualmente apunta a la capacidad del autor de impregnar el libro con agradables pasajes periodísticos. El lector se traslada directamente al aula del Taller de Músics, así como a una fiesta de escucha de Lux en Barcelona o al primer concierto de la gira de este álbum. Son estos pasajes igualmente importantes para describir a una Rosalía atrapada en la casa de su mánager en Miami durante el confinamiento de la Covid, cuando se inspiró en su situación y, solo con una guitarra y un ordenador, empezó a componer las canciones de Motomami. También encontramos a una Rosalía en absoluto control de las decisiones artísticas, capaz de decir no a la industria musical para pedir más tiempo para algunas de sus canciones.
En fin, en ExpoFlamenco recomendamos este libro sobre todo por su versatilidad. La pormenorizada investigación no impide que sea amena su lectura o que sea agradable su estética. Los treinta y tres capítulos son cortos y casi todos comienzan con estrofas de las canciones de Rosalía. La evidente admiración que el autor tiene por esta cantaora no le ha conducido a redactar páginas hagiográficas, sino a documentar con precisión su universo creativo desde diversas perspectivas. Admito que me ha resultado sorprendente su contenido. No soy un gran fan de Rosalía, soy más de la Niña de los Peines, como la propia Rosalía. ♦













