La Peña Flamenca La Platería es una plaza de primera para los artistas flamencos. Impone su escenario y su historia. Por eso, cuando alguien la pisa por primera vez siente el vértigo de torear ante quien sabe y puede dictar sentencias para puerta grande o enfermería. El sábado 17 de octubre pisó el escenario por primera vez de forma oficial, en el marco de la programación, aunque ya estuvo hace unos meses en la presentación del libro de Chemi López El cante después del cante, el cantaor cordobés de Fernán Núñez Bernardo Miranda. Vino con la guitarra de David Caro, que bien conoce esta casa por ser el guitarrista de Juan Pinilla y haber actuado allí en multitud de ocasiones.
Bernardo vino con entrega y con una propuesta llamativa, novedosa por muchos motivos y con ganas de salir por la puerta grande. Aunque pareció que estaba algo rozado de voz en el primer cante, poco a poco fue templando las cuerdas vocales para acometer los cantes por derecho. Presentó, en esencia, su nuevo trabajo discográfico, cuyo leit motiv son las letras del pontano Emilio Pozo, todo un referente en este campo.
Hizo un repertorio variado, abierto en las formas cantaoras y personal al extremo. Salía y entraba como del salón de su casa sin desvirtuar los tercios más allá de entenderlos como una aportación personal. Por eso cuando se acordó de Cobitos en la soleá se templó en los medios hasta separarse de la melodía en el remate, al igual que cuando personalizó el resto de estilos, destacando en las apolás y en la personal del Tenazas.
Fue didáctico al informar sobre cada cante, en su afición, en su amor por Enrique Morente y por Emilio Pozo y por el cante en sí.
«Da gusto cuando un cantaor encara nuevas propuestas que se alejan de la literatura tradicional y de los sones adoctrinados asociados a los cantes. Y si sumamos la guitarra tan certera como brillante de David Caro, el resultado no puede ser otro que un triunfo en una plaza exigente como La Platería»
Hizo seguidamente el denominado Fandango del Cojo de Málaga, que no es sino una variante de granaína que difundió este cantaor en los años veinte del siglo XX, que remató sabiamente acordándose de Dolores de la Huerta por Lucena y fandango de Cayetano Muriel Niño de Cabra.
Propuso una creación personal por tangos con letras de Pozo con tintes granaínos y sesgos melódicos que recordaban al Turronero y a Morente.
La guajira fue musical y liviana, cantada con dulzura y encajando letras de Calderón de la Barca adornadas con la impecable guitarra de David. Por malagueñas volvió al clasicismo de Chacón con un primer tercio más aferrado a la granaína para dejarse caer posteriormente en la memoria de Baldomero Pacheco y rematar por Morente.
Por seguiriyas no se salió del guion tradicional y supo volver al origen partiendo con Manuel Torres y acabando con el Tuerto la Peña, y cambió el tercio a alegrías personales, las de Cádiz y las de Córdoba.
Finalizó por bulerías e hizo un bis por fandangos que anunció de Emilio Pozo pero sonaron a Cepero en la tanda de tres, con remates de Sevillano, Marchena y Vallejo. Supo a poco el recital, que fue notable. Da gusto cuando un cantaor encara nuevas propuestas que se alejan de la literatura tradicional y de los sones adoctrinados asociados a los cantes. Y si sumamos la guitarra tan certera como brillante de David Caro, el resultado no puede ser otro que un triunfo en una plaza exigente como La Platería.
Ficha artística
Recital de cante de Bernardo Miranda
Peña La Platería, Granada
17 de octubre de 2026
Cante: Bernardo Miranda
Guitarra: David Caro














