El flamenco volvió a encontrar acomodo al otro lado del Atlántico. El Vancouver International Flamenco Festival celebró del 19 al 27 de septiembre su 36.ª edición con una programación que confirmó el crecimiento de una escena propia en la ciudad canadiense. Espectáculos, conciertos, clases magistrales, talleres y actividades gratuitas trazaron durante nueve días un recorrido entre la raíz y los lenguajes contemporáneos.
Organizado por Flamenco Rosario, el festival puso este año el acento en los artistas de Vancouver y de Columbia Británica. No fue una decisión casual. Rosario Ancer, cofundadora y directora artística de la compañía, explicó en una entrevista con Pancouver que buena parte de los nombres que ocuparon el escenario principal se habían formado en su propia escuela. Jafelin Helten, Karen Flamenco y Kasandra Flamenco son ejemplos de una comunidad que ha crecido alrededor de un proyecto iniciado en 1989 por Ancer y el desaparecido guitarrista Victor Kolstee.
«Queríamos reconocer el crecimiento de la comunidad y también su apoyo», señaló Ancer al medio canadiense. La afirmación resume buena parte de la filosofía de esta edición. Los artistas llegados desde España actuaron como invitados dentro de una programación sustentada en gran medida por creadores establecidos en Canadá.
La actividad comenzó los días 19 y 20 de septiembre con actuaciones gratuitas al aire libre en The Fringe Patio, en Granville Island, acompañadas por clases de iniciación. La propuesta abrió el festival a espectadores sin experiencia previa y anticipó una de sus señas de identidad: entender el flamenco no solo como espectáculo, sino también como práctica compartida y espacio de encuentro.
La guitarra tomó el relevo el día 22 en la Alliance Française Vancouver. Philippe Jean e Iminah Kani compartieron escenario en un concierto ligado al Victor Kolstee Award. Jean recibió este año el galardón, creado para apoyar a guitarristas flamencos emergentes de Canadá y facilitar su formación posterior en España. Kani había sido la primera ganadora del premio en 2024 y empleó aquella ayuda para estudiar en la Fundación Cristina Heeren de Sevilla.
A partir del 23 de septiembre, Performance Works concentró el grueso de los espectáculos. Jafelin Helten abrió esta parte de la programación con Raíz Viva, una propuesta que transitó desde la profundidad del cante jondo hacia expresiones más festivas del flamenco. Nacida en Venezuela y establecida en Vancouver, Helten lleva más de dos décadas vinculada a la escena flamenca canadiense.
Un día después llegó United Elements, de Kasandra Flamenco. La obra reunió baile, movimiento, voz, música y sonido alrededor de la búsqueda de una conciliación entre el mundo interior y el exterior. El montaje confirmó otra de las líneas de esta edición: la voluntad de utilizar los códigos flamencos como punto de partida para discursos escénicos contemporáneos.
Karen Flamenco profundizó el día 25 en esa dirección con Jewels, una reinterpretación flamenca de la conocida obra homónima de George Balanchine. Rubíes, esmeraldas, zafiros y diamantes sirvieron como referencias para un montaje que cruzó elementos tradicionales del flamenco con recursos procedentes de la danza contemporánea.
«Más de tres décadas después de su nacimiento, el Vancouver Flamenco Festival continúa mirando hacia Andalucía, pero lo hace desde una identidad canadiense cada vez más definida. Raíz, experimentación y comunidad convivieron en una edición que mostró hasta qué punto el flamenco ha echado raíces a más de ocho mil kilómetros de su tierra de origen»

Víctor Fernández, entre lo nuevo y lo añejo
Uno de los principales focos de la edición estuvo en la presencia del granadino Víctor Fernández. El bailaor y coreógrafo, afincado en Bilbao, participó el 26 de septiembre en Nuevo IV – Lo Nuevo y lo Añejo, nueva entrega de una serie iniciada por Flamenco Rosario en 2018 para favorecer el intercambio entre los artistas de Vancouver y coreógrafos internacionales. Por ella han pasado anteriormente Karen Lugo, Gabriel Aragú y Albert Hernández.
Fernández llevó a Vancouver las dos caras de su baile. Una vinculada a la experimentación contemporánea y otra asentada en los códigos tradicionales. Una dualidad sobre la que ya había hablado con Expoflamenco antes de viajar a Canadá, cuando definió lo añejo como «la raíz, la tierra» y lo nuevo como las distintas capas incorporadas a su cuerpo y a su manera de bailar a lo largo de los años.
La prensa de Vancouver también se interesó por esa convivencia. En una amplia entrevista publicada por The Georgia Straight, Fernández defendió la necesidad de evolucionar sin perder la esencia. El granadino reconoció su mayor sensación de libertad cuando trabaja desde el flamenco contemporáneo, aunque reivindicó al mismo tiempo su apego al flamenco tradicional. Nuevo IV planteaba precisamente ese territorio de encuentro.
La propuesta de Flamenco Rosario contó además con la cantaora española Mercedes Cortés y tuvo como apertura a Semilla Flamenca, formación vinculada a Seattle. La presencia de Fernández se extendió igualmente al terreno pedagógico mediante clases magistrales para distintos niveles.
Mercedes Cortés asumió un protagonismo especial en la última jornada. La cantaora, con una trayectoria ligada a artistas como Miguel Poveda, Farruquito, Manuel Liñán, Marco Flores, Olga Pericet o La Moneta, protagonizó junto al guitarrista Gareth Owen La Música del Flamenco. Jafelin Helten y Gerardo Alcalá abrieron una velada centrada en el cante y la guitarra.
El festival no quiso terminar con el cierre convencional del telón. Tras el concierto se celebró una juerga abierta a músicos, bailaores y aficionados. Una manera de devolver el flamenco a su dimensión colectiva después de nueve días de escenarios, enseñanza y convivencia.
La 36.ª edición deja así una lectura especialmente significativa. Vancouver ya no depende exclusivamente de la llegada de figuras españolas para construir una programación flamenca. Existe una generación de artistas locales capaz de sostener buena parte del cartel, mientras las visitas internacionales alimentan el intercambio artístico. Rosario Ancer lo resumió en Pancouver recordando cómo había cambiado la situación desde sus comienzos: entonces había que viajar a España para aprender. Ahora, señaló, el flamenco puede encontrarse por todas partes.
Más de tres décadas después de su nacimiento, el Vancouver Flamenco Festival continúa mirando hacia Andalucía, pero lo hace desde una identidad canadiense cada vez más definida. Raíz, experimentación y comunidad convivieron en una edición que mostró hasta qué punto el flamenco ha echado raíces a más de ocho mil kilómetros de su tierra de origen. ♦
















