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Alfonso Losa: «La gente buena baila mejor»

El bailaor y coreógrafo madrileño estrena el viernes 2 de octubre en el Teatro Lope de Vega de Sevilla su nuevo espectáculo, ‘Gesto mínimo’, una defensa de lo colectivo en el marco de la Bienal.

Alejandro Luque por Alejandro Luque
1 octubre 2026
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El bailaor y coreógrafo madrileño Alfonso Losa. Foto: Beatrix Molnar - Imagen cabecera de Losa en Facebook

El bailaor y coreógrafo madrileño Alfonso Losa. Foto: Beatrix Molnar - Imagen cabecera de Losa en Facebook

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Alfonso Losa (Madrid, 1980) baila desde la más tierna infancia, pero siendo apenas un adolescente se enroló en la compañía de Manuela Carrasco, y su destino quedó fijado para siempre. Luego llegaría la revelación de Flamenco: Espacio Creativo bajo dirección de Estévez y Paños, Alter Ego con Patricia Guerrero… Una progresión impresionante que marca un nuevo hito en la Bienal de Sevilla con Gesto mínimo –2 de octubre en el Teatro Lope de Vega–, su nueva y sorprendente propuesta.

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Cuénteme cómo vive los momentos previos a un estreno, y además en Bienal, que siempre, imagino, da un plus de cosquilleo, ¿no?

Lo vivo con muchísima ilusión, con mucha emoción y, sobre todo, con muchísimas ganas de que llegue ya el momento de bailarlo y de presentar el espectáculo que llevamos un año y medio montando. Y hacerlo ahí, en la Bienal, en el Lope de Vega, que es un escenario emblemático en el que antaño he tenido la suerte de estar con El Güito, con Manuela Carrasco… Para mí es increíble, súper emocionante.

Este espectáculo, además, se ha encargado de la coreografía y de la dirección. ¿Tenía claro que quería tener el control del espectáculo de principio a fin?

Bueno, la verdad es que era un trabajo que yo tenía muy claro cómo lo tenía que exponer y cómo lo tenía que trabajar. No obstante, sí que tengo en el equipo a David Picazo, que me ha ayudado en la dirección de escena, y a La Venidera, que está en el asesoramiento coreográfico. Pero sí, el grosor del espectáculo ha venido de mi mano. Es que lo tenía en mi mente y sabía cómo desarrollarlo.

Un espectáculo, según he podido leer, que tiene una dimensión social importante. Sabe usted que hay quien lee la palabra “social” y se asusta, creen que van a ver un manifiesto político o algo así. ¿Qué puede adelantarnos de ese lado social?

Sí, el espectáculo nace con esa raíz social, pero lo que quiere plantear es cómo desde el flamenco vamos del individuo al colectivo. Para eso es imprescindible la escucha, es imprescindible reducir la acción tuya artística al mínimo para poder estar en un estado de atención hacia los demás y poder conectar con su emoción y con su personalidad, para poder visibilizarlo. Así me gusta a mí definir Gesto mínimo. Cómo somos capaces de comportarnos en comunidad, de visibilizar al que tenemos al lado, de ponernos en su pellejo, de sostenerle, de empatizar con los demás, o por el contrario solamente estamos en lo nuestro, sin mirar al lado ni escuchar. Ese es el mensaje.

 

«Así me gusta a mí definir ‘Gesto mínimo’. Cómo somos capaces de comportarnos en comunidad, de visibilizar al que tenemos al lado, de ponernos en su pellejo, de sostenerle, de empatizar con los demás, o por el contrario solamente estamos en lo nuestro, sin mirar al lado ni escuchar. Ese es el mensaje»

 

El flamenco es un arte que siempre ha hecho alarde de generosidad, de empatía, de solidaridad. ¿Es así, o está eso un poco exagerado?

Pues la verdad es que el flamenco es muy especial en ese sentido, porque es una comunidad. Yo no creo que haya un arte en el que haya más homenajes que en el flamenco. El que está un poco peor siempre es sostenido por los demás. Depende de la época en que tú estés, que todos pasaron por todas, pero siempre hay alguien que tiende la mano. Y eso ojalá sucediese en la sociedad en general. Yo especialmente llevo la raíz de toda esta ideología, de este movimiento sociocultural. Para mí no solamente es el flamenco, que lo es, sino la Escuela Amor de Dios, porque es donde yo he vivido todo desde chiquitito y donde he vivido esa generosidad, esa forma de ayudar, esa forma de acoger al que viene de fuera, de otro país, esa calidad humana.

Por eso iba a preguntarle precisamente. Amor de Dios ha sido, como dice, no solo el lugar que le ha enseñado a moverse, sino a pensar, a vivir, todo, ¿no?

Es un refugio artístico y humano. Es el epicentro ideológico de cómo hay que cuidar mucho los valores que tiene el flamenco, los que hemos heredado de los maestros antiguos y de la historia de este arte. Y mantiene algunas costumbres que desgraciadamente se están perdiendo en una sociedad muy rápida. En el flamenco nos paramos más a escuchar, por ejemplo, a los mayores. Nos paramos y visibilizamos el problema que tiene el que está al lado, aunque no sea el nuestro, pero sí que tenemos esa atención, ese estado que te permite comunicarte y estar en comunidad.

 

Alfonso Losa. Imagen promocional del espectáculo 'Gesto mínimo'.
Alfonso Losa. Imagen promocional del espectáculo ‘Gesto mínimo’.

 

¿La gente buena baila mejor?

Yo creo que sí. Porque la gente buena tiene otro tipo de sensibilidad. Tiene la sensibilidad a flor de piel para con todos. Y si tú eres así, seguramente cuando escuches al cantaor cantar, te va a llegar su dolor de otra manera que si lo oyes sin escucharlo.

Amor de Dios está en el corazón del Madrid flamenco, cuya importancia en la historia de lo jondo ha sido últimamente objeto de debate. ¿Defiende usted los colores de su ciudad?

Hombre, yo siento que Madrid ha sido muy importante para el flamenco durante muchos años y lo sigue siendo. Pero lo que tiene Madrid de especial es que Madrid no busca el pedigrí. Madrid es un sitio que está para compartir y para evolucionar de una manera natural. Entonces, en Madrid suceden cosas que no suceden en ningún sitio de España. De repente hay diez bailadores que nos juntamos a ensayar en un estudio a las ocho de la tarde. Y tenemos esa forma de comunicarnos. Y viene gente de todo el mundo y a todo el mundo se le da su sitio y se le escucha. Es como una libertad muy grande, sin ningún tipo de búsqueda de pedigrí, que hace que la evolución esté latente de una manera muy natural.

En los últimos años vemos muy buen nivel técnico en el flamenco, yo diría que especialmente en el baile. ¿Cómo cree que está ese panorama y dónde se ubicaría usted?

Creo que sería mejor tener más visibilidad y estar, sobre todo, en los circuitos de danza, porque el flamenco no tiene aún esa presencia. Eso es una lucha que tenemos y yo creo que los espectáculos que estamos haciendo tienen un nivel de escena, un nivel musical, un nivel de producción que están igual o por encima de cualquier espectáculo contemporáneo o de danza que pueda haber en los mejores teatros del circuito de danza europeo, por ejemplo.

 

«En Madrid suceden cosas que no suceden en ningún sitio de España. De repente hay diez bailadores que nos juntamos a ensayar en un estudio a las ocho de la tarde. Y tenemos esa forma de comunicarnos. Y viene gente de todo el mundo y a todo el mundo se le da su sitio y se le escucha. Es como una libertad muy grande, sin ningún tipo de búsqueda de pedigrí»

 

¿Cree que hay un perjuicio todavía con el flamenco, un techo artificial?

Sí, hay un pequeño techo ahí, no sé por qué. A lo mejor lo tratan como un arte étnico o no lo tratan como lo que es. Luego, cuando lo descubren, se quedan impresionados. Yo creo que todavía hay un poquito de ese techo, pero ahí estamos luchándolo. Y yo personalmente lo que trato siempre es de aportar las ideas, a mí me gusta siempre estar en el riesgo y a ver qué se puede hacer e investigar. En este espectáculo, precisamente una de las claves es la improvisación colectiva, que yo no había practicado nunca ni lo he visto antes en un entorno flamenco. Imagínate bailar una soleá entre cuatro personas en la que tú a veces propones, a veces simplemente acompañas, otras veces sostienes, otras veces simplemente miras y te emocionas con el compañero. Esa libertad y esa forma de bailar en comunidad creo que era un reto. Entonces, siempre estoy intentando, por supuesto, buscando la técnica, buscando el desarrollo coreográfico, buscando el detalle y el ole, y también buscando este tipo de cosas que creo que son importantes también.

En la actualidad hay compañeros que están haciendo cosas muy atrevidas, muy vanguardistas. ¿Hay algo que no haría nunca, alguna línea roja?

No, yo no tengo ningún tipo de línea roja y, además, yo respeto mucho el trabajo de los demás, tanto los que hacen espectáculos más performáticos como los espectáculos más clásicos. Creo que todo tiene su dificultad y todo tiene su creatividad y todo tiene su arte. Porque, además, creo que te puedo hablar hoy de una cosa y, a lo mejor, dentro de cuatro o cinco años no te hablaría de lo mismo. Es que el artista también va evolucionando y va aprendiendo y va dándose cuenta de cosas que hay veces que se ven de una manera y de otra. Así que siempre hay que estar abierto a que te pueda cambiar incluso el criterio, ¿no?

Hábleme para terminar del elenco, que está compuesto por gente joven pero que ha presentado espectáculos propios en la Bienal o ha tenido un papel destacado en los de otros, ¿no?

Estoy muy contento con el elenco, con Águeda Saavedra, con Yoel Vargas, Karen Lugo, que como dices tienen su propia compañía, sus propios proyectos y han estado conmigo de una manera muy generosa. Y yo por eso los elegí a ellos, porque creo que tienen la posibilidad, la capacidad, son muy versátiles, dominan mucho registro de la danza, del flamenco, de todo. Tienen un ritmo muy, muy bueno también, porque para improvisar hay que tener muy buen ritmo también. La verdad es que creo que he dado en el clavo porque, después de todo el proceso creativo y todos los ensayos, que han sido muchos, hemos llegado prácticamente a estar improvisando entre los cuatro como si fuésemos uno, como un ente, como una persona, pero siendo cuatro. Y eso es muy complicado.

Y no olvidemos a Antonio El Pulga y a Ismael El Bola, ¿buscaba dos cantaores con ecos de antaño?

Imagínate, cada vez que abren la boca suben la emoción del espectáculo a niveles que solo lo hacen ellos. Y luego también está la guitarra de Francisco Vinuesa, que, aparte de cómo toca, es compositor junto a Isadora O’Ryan, que ha hecho una música para el principio. Es un elenco increíble, no me he dejado nada. Yo, cuando voy, voy para adelante. ♦

 

 

Alejandro Luque

Alejandro Luque

Un pie en Cádiz y otro en Sevilla. Un cuarto de siglo de periodismo cultural, y contando. Por amor al arte, al fin del mundo.

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