Coria es sevillano y una de las cabezas más inquietas del flamenco de este siglo. Con ¡Fandango! ganó el Giraldillo al Mejor Espectáculo en la Bienal de 2020, y con Los bailes robados se llevó tres Premios Lorca. Ahora presenta en España Babel. Torre viva, estrenada en junio en Francia, ante un Teatro Lope de Vega sin una butaca libre. El punto de partida es el mito bíblico, la torre que Dios derriba por soberbia antes de dispersar a los hombres en mil lenguas. Coria lo trae a un presente que ha vuelto a no entenderse. Para levantar su torre se rodea de un equipo de altura, con dramaturgia de Alberto Conejero y la mirada externa de Luz Arcas, Premio Nacional de Danza.
La primera imagen ya contiene la obra entera. Siete cuerpos intentan subir unos sobre otros, como si fueran ladrillos de carne, y la torre humana se viene abajo. A partir de ahí la obra se hace una pregunta: qué hace falta para volver a construir algo juntos.
La torre existe, pero es de luz. Una columna de focos acompaña la función de principio a fin, gira con la música como un faro, busca a los bailarines y a veces se vuelve hacia nosotros. Cuando se apaga, el escenario se queda huérfano, y cuando vuelve a encenderse parece que algo se reconstruye.
Dentro de esa torre colectiva, Coria se reserva su propia Babel. Baila a solas una letra sobre una torre levantada con las propias manos que se desmorona, y la baila como quien se confiesa. Se derrumba, se rehace y termina exhausto frente a la torre apagada, con el suelo por único testigo. Cuesta no ver ahí al creador que alza cada obra sabiendo que puede caerse.
Luego el protagonismo vuelve al grupo, y la obra se abre. Casi todos sus compañeros llegaron a Sevilla desde otros países para aprender este arte. Juntos bailan el mismo flamenco, en corro y con castañuelas, encajan sus cuerpos como las piezas de un puzle y, en un momento dado, se lanzan a unos aires rocieros y de sevillanas sobre una base electrónica. El folclore, que late durante toda la función, sale aquí a la luz sin complejos, y es el mejor argumento de la obra: lo más local se entiende en cualquier parte.
«El riesgo estaba claro, que la metáfora pesara más que el baile, y Coria lo esquiva con una obra bien abrochada, sin cabos sueltos. Su torre está hecha de cuerpos que se apoyan unos en otros, y por eso se sostiene. ‘Babel. Torre viva’ se coloca entre los espectáculos punteros de esta XXIV Bienal. Conejero se pregunta quién se atrevería ahora a levantar una torre de Babel y quién querría derribarla. Coria se ha atrevido, y esta vez nadie ha mandado derribarla»

Las lenguas son, de hecho, el otro gran material. La música bucea en las raíces del flamenco, y por eso a ratos suena a Oriente y a ratos a mundo árabe. El pilar de esa parte es David Lagos, que firma además la dirección musical. Su cante, con textos del propio Conejero, habla de las lenguas perdidas y de la lengua madre de la que nacen todas. En la letra más honda de la noche, la voz se mira en «el otro» como en un espejo: nace como él, va marcada como él y termina reconociéndose humana como él. Ese otro no tiene cara ni bandera, y por eso puede ser cualquiera. Ahí está la clave de la obra, una hondura que no pertenece a ningún pueblo porque es común a todos los seres humanos.
Lagos canta desde la sombra y a veces baja al terreno de los bailarines. A su lado, Juan M. Jiménez, saxofonista de formación clásica, ha trabajado en varios espectáculos de Israel Galván. Juanfe Pérez dedicó una tesis a investigar el bajo eléctrico en el flamenco. Lagos y Jiménez ya acompañaron a Coria en ¡Fandango!, y esa complicidad se oye. Cerca del final, el casi mano a mano entre Coria y Lagos es de lo mejor de la noche. El cante y la música están al servicio del baile y de la idea, algo que no siempre ocurre en una obra tan cargada de intención. Las coreografías de grupo y los momentos individuales alcanzan una calidad altísima.
Coria confía en que, en lenguas que soñaron lo común, como el esperanto, quede una grieta por donde se cuele la comunión. El final suena a eso. Voces grabadas en varias lenguas piden soñar, mantener la llama y abrir el corazón, mientras los siete bailan y la luz se va apagando como una vela. En ese mismo negro estalla una ovación clamorosa, y algo más de una hora después de empezar, el público entero está en pie. La obra es coral, pero los aplausos más largos son para Coria y para Lagos.
El riesgo estaba claro, que la metáfora pesara más que el baile, y Coria lo esquiva con una obra bien abrochada, sin cabos sueltos. Su torre está hecha de cuerpos que se apoyan unos en otros, y por eso se sostiene. Babel. Torre viva se coloca entre los espectáculos punteros de esta XXIV Bienal. Conejero se pregunta en la web de la Bienal «quién se atrevería ahora a levantar una torre de Babel y quién querría derribarla». Coria se ha atrevido, y esta vez nadie ha mandado derribarla.
Texto: David Ladrón de Guevara
Ficha artística
Babel. Torre viva, de la Compañía David Coria – Estreno nacional
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Lope de Vega
29 de septiembre de 2026
Idea original y dirección artística: David Coria
Dramaturgia: Alberto Conejero
Coreografía: David Coria y los bailarines
Colaboración coreográfica: Rafaela Carrasco, Florencia Oz y Felipe Clivio
Dirección musical y cante: David Lagos
Música original grabada: Pablo Peña
Baile: David Coria, Federico Núñez, Felipe Clivio, Kotoha Setoguchi, Lucía la Bronce, Polina Sofia y Yardén Amir
Saxofones: Juan M. Jiménez
Bajo eléctrico: Juanfe Pérez
Mirada externa: Luz Arcas





























