Creo que en este caso son más que necesarias unas notas biográficas y del disco que se presentaba para contextualizar y poder entender lo que hemos visto y oído la tarde del sábado 19 de septiembre en el Espacio Turina.
La utrerana María Marín estudió guitarra en los conservatorios de Sevilla y luego hizo un máster de guitarra clásica en La Haya, en el que además comenzó a cantar. En la actualidad, y tras muchos años en Países Bajos, donde su formación musical la ha llevado no solo a explorar su formación clásica como profesora e intérprete, sino que ha participado también en proyectos de jazz o word music, ha vuelto a sus orígenes para residir en Utrera, aunque viaja continuamente a Europa para seguir con su carrera profesional. Pero también ha trabajado con numerosos artistas del flamenco, especialmente los ligados a la danza, con lo que incluso ya ha estado en La Bienal, acompañando por ejemplo a Leonor Leal, Pastora Galván o Israel Galván. Con este último estuvo cantando y tocando en su revisión de La Carmen de Bisset de la anterior edición. A Israel lo considera un gran punto de inflexión e influencia en su vida artística y creativa, lo que puede explicar que para este primer disco, Las Tres Marías, haya contado con la producción de Raúl Cantizano y la asesoría artística a Pedro G. Romero. El propio título Las tres Marías no es casual. Su origen proviene a la famosa letra de la soleá de Alcalá que dice «las Tres Marías subieron al castillito de Alcalá», que además le sirve de metáfora para mostrar las tres facetas en las que la artista se mueve: la flamenca, la clásica y la contemporánea o experimental. Esta misma metáfora la lleva a la escenografía del espectáculo, ya que, de entrada, lo primero que vemos sobre el escenario son tres sillas en las que María se irá sentando para interpretar piezas de cada uno de esos tres estilos o facetas artísticas.
Llegados a este punto nos toca hablar del espectáculo en cuestión y, de entrada, hay que mojarse. ¿Nos ha gustado su espectáculo? Sí. ¿Es este es un espectáculo para una Bienal de Flamenco? Tenemos muchas dudas. Si consideramos que alguien viniera a Sevilla a buscar el mejor flamenco que se hace en el mundo, me temo que solo se llevaría la interpretación de la referida soleá que menciona el título de su disco o las bulerías de Utrera que nos regaló ya in extremis en el segundo bis. Esto es lo único que podemos reconocer expresamente como flamenco de todo el concierto. Pero cierto es que aromas y esencias flamencos no han faltado, algunos más evidentes que otros: letras de Morente aquí y allá o la versión canción de En un sueño viniste, el famoso zorongo El Galapaguito de Lorca con diferentes tintes expresivos o unos preciosos caracoles hechos canción familiar. Estirando el chicle tuvimos un par de versiones acústicas bastante punks de La Señorita de Enrique Montoya o Yo quiero a Mai de Los Chichos, o incluso podemos recoger la música preflamenca como puede ser El Polo del contrabandista o esencias de música barroca de Gaspar Sanz o Fernando Sor. Incluso algunas partes de los temas mas experimentales que tienen en su esencia a Niño Ricardo o Don Antonio Chacón.
«No es que esperásemos encontrarnos en escena a una de esas grandes pioneras del siglo XIX y comienzos del XX que destacaron por cantar acompañándose de la guitarra y que obtuvieron bastante fama: La Cuenca, Anilla la de Ronda, Josefa Moreno La Antequera o Teresita España. Sin duda María Marín sería una de las mejores candidatas para hacerlo, pero parece que ella anda ya en cosas más de la segunda mitad del siglo XXI»

En la silla central es donde interpreta la parte que más nos descentra del recital, temas acompañados de exhortaciones y onomatopeyas que a veces acompañan al propio pulsar de los trastes de su guitarra. En estas partes hay referencias a George Crumb, San Juan de la Cruz, una nana de Tom Waits, un Ave María silbado con referencias a su padre, el anillito de plomo de Federico o el cierre que hizo con versos de Juan Ramón Jiménez, nuestro querido Platero, el burrito, no el de Alcalá…
En cuanto a la técnica y la interpretación a la guitarra, nada que reprochar: ambas fueron extraordinarias. Sin embargo, como ocurrió en buena parte del recital, quizá no supimos apreciar plenamente todos sus matices al sacarnos de los cánones habituales. Como ella misma señaló en una de sus intervenciones, «debajo de todo esto siempre está la esencia del flamenco». Y no lo dudamos. Otra cuestión es que seamos capaces de alcanzar a ver y oír todo lo que María quiere expresar. En el cante, la verdad es que sus interpretaciones se derivan más a lo lírico o popular que a lo jondo, siendo su interpretación más cabal las mencionadas bulerías de despedida.
No es que esperásemos encontrarnos en escena a una de esas grandes pioneras del siglo XIX y comienzos del XX que destacaron por cantar acompañándose de la guitarra y que obtuvieron bastante fama –La Cuenca, Anilla la de Ronda, Josefa Moreno La Antequera o Teresita España–, que bien merecen un homenaje expreso de la Bienal. Sin duda María Marín sería una de las mejores candidatas para hacerlo, pero parece que ella anda ya en cosas más de la segunda mitad del siglo XXI.
Ficha artística
Las tres Marías, de María Marín
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Espacio Turina
19 de septiembre de 2026
Guitarra y voz: María Marín
Diseño de luces: Benito Jiménez
Producción musical: Raúl Cantizano
Asesoría artística: Pedro G. Romero

















