Pero como tú, ninguno. De entre todos, el más personal. Eso es lo que le diría para que se lo crea a Ismael de la Rosa El Bola si le sirviera de acicate para arrojarse a los maderos como cantaor palante. Yo no soy nadie. Pero asistí como fedatario al recital que supuso el aldabonazo definitivo, por si quedaban dudas, de su alternativa o puesta de largo sobre los entarimaos del duende. Ismael es distinto. Nos instalamos en la añoranza de que cualquier tiempo pasado fue mejor y que ya no nacen más que copistas. Pero El Bola rompe los moldes, porque se adueña de los cantes, los empuja de la sangre al gañote, los saborea masticándolos con un gusto exquisito y los suelta después al aire rebautizados a su voluntad, sin desvirtuar la esencia, sino recreándolos por las vereas jondas con un paladar de caramelo, conocimiento, recursos y afición. Junto a la guitarra de Joselito Acedo, El Bola nos regaló una de las mejores noches de cante que se han vivido en la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla en los últimos cuatro o cinco años. Ya lo he dicho.
En la era de los cantaores de plástico, de la burda imitación sin avíos y de flamencos recaudadores con repertorios calcaos, llega Ismael soñando con Triana y el almíbar. Bordando las letras, llamó al despiste sabiendo lo que hacía y metió al público en la talega de los repelucos desde que le abrió la jaula al quejío. La soleá trianera pa sus huevos, que estuvo jugando conmigo como se juega al billar, ligándola con Pinea como le dio la gana, arrancando los oles de cuajo, porque a veces no es ni el cómo, sino dónde. Lo mismo hilvanó la soleá petenera con la del Arenero que apretó en la de Charamusco o en la apolá, haciendo cosquillas en los bajos de dulce y arremetiendo al cielo con jinque, a la vez que le dio el siroco de encadenar un puñao de tercios sentíos, entre susurros y falsetes, para abrochar el palo. Y de aquí al fin de fiesta to fue una fantasía. Y to suyo.
Entroncó una granaína de guirnaldas de plata evocando a Vallejo con las mecías de la vidalita y un par de abandolaos valientes, cosiendo las transiciones como si hubieran nacido así los cantes. Aquello sonó a gloria. Y diferente. Entró donde quiso deconstruyendo el titititrán saliendo por los rincones que se le antojaron, flirteando con el compás, al que le hablaba de tú. A media voz templó el piñonate de las alegrías de Córdoba y su vueltecita a Cai. Y el respetable estalló en aplausos para el intermedio.
«En la era de los cantaores de plástico, de la burda imitación sin avíos y de flamencos recaudadores con repertorios calcaos, llega Ismael soñando con Triana y el almíbar. Bordando las letras, llamó al despiste sabiendo lo que hacía y metió al público en la talega de los repelucos desde que le abrió la jaula al quejío»

Siguió con la nuez caliente inspirado por el solo de guitarra de Acedo, que tributó con su versión arabesca de la joya que nos legó el Niño Ricardo. Joselito sostuvo con tensión y llevó mejor que en brazos a Ismael con una compenetración envidiable. A pesar de ser una sonanta de apariencia sencilla, le endiñó la tensión oportuna, recogiéndolo en su sitio, luciendo el menos es más de la jondura trianera aportándole la enjundia suficiente para que el tándem supiera a hinojos de gitanería.
Se agarró a los aires añejos del acompañamiento por fandangos de la bambera, como se hizo en los principios de los tiempos, demostrando que escarba en las entretelas de los viejos. Y las engarzó con empaque, como está mandao. Por Levante brilló en la taranta vallejiana y sin solución de continuidad acabaron rindiendo honores a Manuel Molina por bulerías reposás, Lole allí presente por unos instantes. Jincó las uñas con elegancia y trapío, rebosante de sensibilidad, dibujando con los fraseos el camino que toca el izquierdo. Metió en las letras a los Moneo, a El Chino, la Luz en los balcones de Fernandito Terremoto… y en sus jipíos giros marcheneros, de Vallejo, de la cava de los gitanos de Triana, a Chiquetete y doscientos años de cante de verdá, de esos que te crujen el alma. Y cuando ya me derritió echando el cierre con Todo es de coló, la formó por tangos arrabaleros de aquella otra orilla del río, sin olvidarse de Málaga y El Piyayo.
El Oruco, Antonio Santiago Ñoño y alguno más se prestaron a hacerle compás en las bulerías. Se acordó de Fernanda y Bernarda y los cantes de Utrera, de Gaspar, de Lebrija, Jerez y de Camas y Curro Romero para echar el candao a un recital memorable en el que se fue a Triana y derrochó su fantasía de almíbar.
Ficha artística
Recital de Ismael de la Rosa El Bola
Peña Flamenca Torres Macarena, Sevilla
7 de febrero de 2026
Cante: Ismael de la Rosa El Bola
Guitarra: Joselito Acedo










