El lenguaje tiene estas cosas: leemos una palabra del revés y se revela una realidad nueva, que ya pasa a ser inseparable de la primera. Vanesa Aibar jugó así con su apellido, y la palabra que surgió fue Rabia. Tal vez se preguntó si sentía algo parecido, si tenía motivos (¿quién no los tiene?) para sentirlo. Si podía hacer algo con esa rabia. La bailaora –y bailarina, dada su doble condición de artista flamenca y contemporánea–, que conquistó el premio Max con su aclamada La reina del metal, empezó a dar forma a una nueva propuesta, que finalmente se estrenó este fin de semana en el Teatro Central de Sevilla.
En ese proceso, Aibar tropezó con las investigaciones de Juan Manuel García-Ruiz en torno a la cristalografía, y en concreto sobre un tema apasionante: el origen de la vida, plasmado en el momento en que lo inorgánico se volvió orgánico. Tal vez suene algo abstruso para los no iniciados, pero todo se comprende mejor sobre las tablas. En el del Central apareció Aibar ocupando el centro de la escena, sobre una pequeña tarima y rodeada por un ciclorama plateado. Sobre su pecho, un elemento llamativo: un peto de hielo que se va derritiendo lentamente mientras ejecuta los primeros, mecánicos movimientos, ayudada por una iluminación que resalta un cuerpo espectacularmente atlético.
El hielo no solo comparece sobre el torso de Aibar. La jienense toma entre sus manos gruesos bloques y los arroja contra el suelo para que se vayan desintegrando en mil pedazos. Los que queden, los irá pisoteando, o machacando con el tacón de su zapato blandido como un martillo. El ejercicio inicial de contención, de control y perfección geométrica, contrasta con la violencia de esos arrebatos. Estamos acostumbrados a ver el escenario como un lugar de creación, no de destrucción, y al mismo tiempo nos hipnotiza la descomposición de esos gruesos cristales de agua congelada. La parálisis va a ser conjurada, la rabia va a ir tomando su cauce.
«La metamorfosis se ha culminado. Los espectadores se rinden ante una inusual exhibición de energía, temperamento y gusto poético. ¿Es posible que todavía no ha concluido enero y ya hayamos visto uno de los montajes del año?»

Habrá quien se pregunte dónde entra el flamenco en este discurso. Yo me atrevería a decir que en todo, aunque no haga falta recalcarlo. Lo jondo es el lenguaje natural de Aibar, por más que su danza se vea enriquecida con otras disciplinas. Más de piernas que de brazos, pero bien pertrechada de compás y fuerza, se hace acompañar de una espléndida Gema Caballero, que lo mismo brilla y hace brillar a la bailaora en el polo que en las soleares o en la seguiriya.
Mención aparte merece el trabajo del británico Frank Moon. Aunque muchos artistas son reacios a “intromisiones” en el campo del flamenco por parte de músicos ajenos al género, no puede discutirse que a veces dan resultados asombrosos. Pienso, por ejemplo, en el piano de Sylvie Courvoisier en La curva de Israel Galván, o el de Orlando Bass en Après vous, madame, de Paula Comitre, entre otros muchos. En este caso, Moon despliega un inagotable catálogo de sonidos, pero no solo para arropar el relato de Aibar: el tercer vértice del triángulo asume un papel fundamental en escena, creando atmósferas y tensiones, todo cocinado ante nuestros ojos, dando un sentido pleno a la noción de directo.
En ese camino, la rabia de Aibar ha sido bailada (con el riesgo que comporta un piso húmedo), sumergida y amortiguada en el agua, acogida en la matriz de una bañera de cristal, transformada en un ser ápodo y finalmente serenada a través de la figura erguida y reconciliada consigo misma. El hielo, por si lo habíamos olvidado, también quema. La metamorfosis se ha culminado, y los espectadores se rinden ante una inusual exhibición de energía, temperamento y gusto poético. ¿Es posible que todavía no ha concluido enero y ya hayamos visto uno de los montajes del año?
Ficha artística
Aibar / Rabia, de Vanesa Aibar. Estreno absoluto
Teatro Central de Sevilla
31 de enero de 2026
Dirección, coreografía y baile: Vanesa Aibar
Acompañamiento artístico: Guillermo Weickert
Dramaturgia: David Montero
Composición musical e interpretación: Frank Moon
Cante: Gema Caballero




