Se ha vuelto tradición. Al menos una vez al año como precepto cabal, la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla se rinde a los pies de La Moneta. Pero esta vez fue muy especial. Porque rizó con visceralidad los dibujos de su cuerpo al mando de la guitarra espléndida, rotunda y única de Rafael Rodríguez El Cabeza, que condujo a voluntad de la sensibilidad de sus cuerdas el arrope de las palmas de Emilio Castañeda y el gañote de teselas hirientes de El Galli. Un cuadro de categoría suprema que elevó a la quintaesencia de la jondura el ritual que regaló la granaína atravesá por el duende, tocá por Undibé, henchida de la pasión indómita del baile. Y el público quedó subyugado al ceremonial del pellizco, postrado ante la majestuosidad de una bailaora que cortó la respiración, compungiendo los corazones ardientes que le mostraron respeto y su profunda admiración.
Rafael principió trinando con sus manos sobre la sonanta los ecos morunos de su zambra con tanguillos, en los que derramó la idiosincrasia de su toque, plagado de tiraíllos, bordoneos, notas tapadas y una musicalidad distinta, personal. Fue el augurio de un recital contundente y redondo que prosiguió con la malagueña de Chacón y El Mellizo tamizada por las mecías apropiadas del dichoso tragaero de El Galli, en estado de gracia, inspirado, pleno de emoción. La Moneta paseó la tensión desde el camerino, caminando por las ausencias del tiempo. Subió los tres peldaños del entarimao y se transfiguró, imbuida por la incorporeidad del misticismo con el que se alía desde que pone un pie en los maderos y clava su mirá. Fuensanta es la que mejor baila con los ojos. Se animaliza desfigurándose los centros sin estridencias, desbordada por lo inexplicable del flamenco, por aquello que te atrapa y seduce irremediablemente, poniéndote en la gustosa obligación de abandonarte a los designios de sus antojos. Crujió por soleá. Paró los relojes y aceleró los latidos. Supo detenerse, cuajá de gitanería, aunque no venda cal. Y del tacón a las puntas de su pelo negro, toda flamenca, se rebañó las asaúras para dominar sobre los maderos. Tremendos los pies y caderas, los desplantes justos, fuerza, rabia… recio el braceo, gestos para rozar la locura y unos ojazos que endiñaron puñalás de quintales jondos dejándonos las carnes abiertas hasta el día en la que la volvamos a ver y cure las heridas.
«Fuensanta es la que mejor baila con los ojos. Se animaliza desfigurándose los centros sin estridencias, desbordada por lo inexplicable del flamenco, por aquello que te atrapa y seduce irremediablemente, poniéndote en la gustosa obligación de abandonarte a los designios de sus antojos»
Me sobra torpeza de palabra para retratar las llamadas, los silencios, esa manera de andar, sus figuras… ¡Cómo bailó La Moneta! Tienen que vivirlo. Yo no lo sé contar.
El Cabeza capitaneó. Nos revolcó con bordones y primas. Se puso a tocar por bulerías al arrullo de las palmas de El Galli, Emilio, el guitarrista Álvaro Moreno y Dieguito Amador, que subieron a darle el sitio que Rafael merece, disfrutando de su toque divino, ese que transita por el flamenco con guiños al rock a la vez que a los aires de Morón, sin olvidarse de lo que han dejado los grandes maestros. Lo de El Cabeza es pa volverse majara. Una guitarra de filigranas originales, absolutamente diferente a todas las demás, fresca y jonda, nueva y también primitiva. Pedía disculpas con su humildad por no tener el soniquete que muchos jóvenes poseen. Y, perdona que te diga, Rafael: el soniquete te tiene a ti.
Llegó a las tablas Fuensanta por seguiriya y me arrancó la piel a jirones. El Galli la abrió por los caminos de Bollulos, echándole reaños en to los quejíos y, tras acordarse de Tío José de Paula y derretir el corazón duro como las pieras, escarbó sus entretelas vaciándose en el macho con el que estalló su gañote de oro molío. La Moneta bailó el dolor seguiriyero. Ella misma fue la personificación del lamento doliente, jincó las uñas en las llagas tatuando cicatrices de enjundia en el sentío de la afición. Que no, que no sé contar lo que pasó.
La Moneta abrochó el recital de improvisación y flamenco mamao por tangos de Graná. Pa pegarle bocaos, a golpes de cintura, con empaque y trapío, terminando de liarla, ensirocando al respetable que, entregaíto, la rebosó de aplausos y ovaciones que no cesaban, buscando perpetuar sus hechuras como un monumento eterno que permaneciera para siempre sobre esta tarima.
*En breve, os regalamos algunos fragmentos de vídeo
Ficha artística
Recital de baile de Fuensanta La Moneta
Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla
30 de enero de 2026
Baile: Fuensanta La Moneta
Cante: David El Galli
Guitarra: Rafael Rodríguez El Cabeza
Palmas: Emilio Castañeda






















