Rosalía recibió el 7 de octubre el Premio Nacional de las Músicas Actuales 2026, otorgado por el Ministerio de Cultura y que en anteriores ocasiones había ido a parar a las manos de otros artistas como Joan Manuel Serrat, Kiko Veneno, Carmen París, Jorge Pardo, Martirio, Chano Domínguez o Silvia Pérez Cruz, todos ellos relacionados en mayor o menor medida con la divulgación y renovación de la cultura musical de nuestro país. En concreto, la justificación principal para otorgárselo a la reconocida artista internacional ha sido su último álbum, LUX (2025, Columbia-Sony Music), que describen como «una propuesta musical ambiciosa, innovadora y transformadora, que eleva los límites creativos y que ha alcanzado el reconocimiento unánime de crítica ypúblico».
Pero no es LUX el único motivo –sí el de mayor relevancia, ya que el premio se centra principalmente en la aportación en el último año– para que Rosalía haya sido la elegida, sino que llegan bastante más lejos remarcando que el disco «reafirma una trayectoria de alcance internacional caracterizada por la investigación, el riesgo y la evolución creativa a través de la búsqueda de un lenguaje sonoro propio que trasciende géneros, estilos y épocas, reflejo de su enorme capacidad para combinar vanguardia y patrimonio». Y, sin querer reavivar debates que abren puertas, acompañan veladas y liquidan botellas de vino, pero aportan pocas conclusiones, es indudable que, con dicho patrimonio, desde el Ministerio de Cultura se están refiriendo al flamenco.
La primera ocasión, al menos que tengamos conciencia quienes estamos redactando el artículo, que Rosalía visitó Sevilla siendo cabeza de cartel de un recital, fue en 2016 en las Noches en los Jardines de los Reales Alcázares, acompañada entonces por la guitarra de Alfredo Lagos. Ahí aún no se había publicado su primer disco, Los Ángeles (2017, Universal), su obra más directamente flamenca, con recuperaciones de La Niña de los Peines, Manolo Caracol, Manuel Vallejo, Enrique Morente o Juanito Valderrama, para finalmente cerrarlo con una desgarradora balada folk del norteamericano Will Oldham, reinventándose –y permítannos aquí la broma– el concepto de cantes de ida y vuelta en el siglo XXI. Desde la absoluta heterodoxia, pero el máximo respeto, aquí ya se retorcían los límites de la pureza a pesar de ser un conjunto de cantes (o canciones) básicamente acompañados por la guitarra de Raül Refree, que puede ser cualquier cosa, menos ortodoxo en su técnica o sonido.
«¿Habríamos tenido la maravillosa interpretación de María Terremoto de las seguiriyas de Antonio Mairena en ‘La Bola Negra’ de Los Javis de no haber sido por la irrupción hace años de Rosalía y todos los que han seguido su estela? ¿O los discos de Ángeles Toledano, las excentricidades de Israel Fernández, la colaboración de Yerai Cortés con la artista urbana Judeline o incluso el presente de María Terremoto? Pues probablemente sí, pero no en los mismos términos»
Sin embargo, ella siempre defendió que su acercamiento al flamenco llega desde la más profunda admiración. Como ejemplo valga aquella noche en la que actuó en el Teatro Alameda en la Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018, donde, ante la insistencia de parte del público para que interpretara su por entonces mayor hit –Malamente–, ella no dudó en responder que eso, en la Bienal, como que no procedía, «que para eso podían ir a otro tipo de recitales donde poder disfrutar de esas otras creaciones suyas, pero que a la Bienal de Sevilla venía a cantar flamenco lo mejor que pudiese y con todo el respeto del mundo». Aquello fue solo un mes antes de que El Mal Querer (2018, Sony Music) hiciese añicos el panorama musical español y se convirtiese en la comidilla de todas las conversaciones.
Decidir cuánto hay de flamenco en la que, a nuestro parecer, puede seguir siendo su cima creativa (y no por demérito del resto), creemos que resulta inane a estas alturas. Cada cual tiene ya formada su opinión, y nosotros solo alcanzamos a agradecer que haya llevado alrededor de todo el planeta un repertorio basado en tangos, bulerías, fandangos e incluso seguiriyas.
Podríamos añadir más ejemplos como las recreaciones más o menos jondas en las Bulerías de Motomami (Columbia-Sony, 2022) o la Rumba del Perdón –con colaboración de Estrella Morente o Silvia Pérez Cruz– en el más reciente y ya mencionado Lux, pero más que ejecuciones flamencas literales lo que sí ha conseguido transmitir al mundo son esos aires que la identifican y diferencian en un mundo tan global y colmatado como es el de la música mainstream.
¿Y podemos considerar que Rosalía ha creado un lenguaje sonoro propio a partir de ese patrimonio que es el flamenco? Rotundamente pensamos que sí. Y no solo eso, sino que se ha ido expandiendo hasta el punto de que, desde la aparición de El Mal Querer, la inclusión de la cultura flamenca en diversos géneros se ha multiplicado en los últimos años, como hemos referido en artículos como los de 2022 –2022, el año en el que el flamenco se rompió– y 2025 –New Jondo: un resumen de sus periferias y tangencias en 2025–. Aceptando, claro está, que no es algo que haya nacido con ella. El flamenco lleva evolucionando desde que nació, transformándose y reinterpretándose por mor y obra de sus creadores e intérpretes, a veces por necesidad real y otras por puro crecimiento artístico. Sirva de ejemplo esta lista de discos de vanguardia que se publicó también en ExpoFlamenco no hace mucho. Pero ¿habríamos tenido la maravillosa interpretación de María Terremoto de las seguiriyas de Antonio Mairena en La Bola Negra de Los Javis de no haber sido por la irrupción hace años de Rosalía y todos los que han seguido su estela? ¿O los discos de Ángeles Toledano, las excentricidades de Israel Fernández, la colaboración de Yerai Cortés con la artista urbana Judeline o incluso el presente de María Terremoto? Pues probablemente sí, pero estamos convencidos de que no en los mismos términos o, por lo menos, no con el mismo apoyo de las multinacionales. Si esto es bueno o malo para el flamenco, lo discutimos mejor en otra ocasión con una botella de vino en la mesa y unos chicharrones en el plato y ya dirán los flamencos del futuro en que quedó esto. ♦
Texto: Fede Calderón y Manolo Domínguez














