El festival de festivales, como consideran a muchos el de Mairena del Alcor, celebrado el sábado 5 de septiembre en la localidad del maestro Antonio, que cumplía 43 años en la gloria, estuvo precedido de algunas jornadas importantes dedicadas a Diego Clavel, con conferencia de Pedro Lopeh y exposición del fotógrafo Paco Sánchez, con actuación de Rubito Hijo y Antonio Carrión; a Romerito de Jerez, con el que tuve el honor de compartir una charla sobre su vida en el arte y que contó con la guitarra de Diego del Morao; y Aurora Vargas, a la que se le dedicó el Concurso Nacional de Cante Jondo Antonio Mairena, que pasó a ser en esta 64ª edición un festival de ganadores.
También habría que mencionar la presencia siempre destacada de Pepa Montes y Ricardo Miño, dos maestros que estuvieron el viernes por la mañana, junto a Aurora, para descubrir su placa conmemorativa en el Paseo del Flamenco de Mairena.
Permítanme que como de costumbre, en #DesdeDentro, me detenga en lo experimentado por quien os escribe, en lo que supone estar de lleno en el ambiente de Mairena. Lo de este territorio se sale de lo habitual, es una continua demostración de respeto al legado recibido. Cualquier detalle, decisión, acontecimiento o conversación está meditada y marcada por el filtro del compromiso. Aquí no da igual una cosa que otra. Por ello, aunque gusten más o menos esas posturas, todo es fruto de una meditación y consenso entre Ayuntamiento, la Casa del Arte Flamenco y la propia familia de Antonio Mairena.
Con Romerito aprendimos a ser más humildes, pues con 94 años demostró ser tan cercano como inmenso a pesar de su estatura, con la que incluso bromeó: «Quítame la botella de agua de delante, que no se me va a ver». Se mostró generoso, sencillo y lleno de anécdotas. También cantó algo, mientras hablábamos y luego con la guitarra de su hijo Romero. Abordó su época con Matilde Coral o Rafael el Negro. Antes, su infancia con Terremoto de Jerez y sus comienzos en El Guajiro o su llegada a Madrid, hasta su viaje a Japón. Gran y justo homenaje al decano del cante de Jerez. Diego del Morao tocó luego como solo él puede hacerlo, en su segunda casa, donde vive hace una década, con el aura de genio, con su propia música, con legión de seguidores, con la nota que cualquiera sueña dar. Hasta Jesús Méndez apareció para sumarse por bulerías.
«Con Romerito de Jerez aprendimos a ser más humildes, pues con 94 años demostró ser tan cercano como inmenso a pesar de su estatura, con la que incluso bromeó: «Quítame la botella de agua de delante, que no se me va a ver». Se mostró generoso, sencillo y lleno de anécdotas»

Al día siguiente, el viernes, la jornada comenzó pronto desde el Paseo del Flamenco de Mairena, donde comenzó todo hace más de sesenta años. Allí, en bronce y en el suelo, están las manos o los pies de determinados artistas como Fosforito, Matilde Coral o Calixto Sánchez, y se descubrieron las de Aurora Vargas, Ricardo Miño y Pepa Montes. Acto emotivo que se desarrolló en apenas media hora con los protagonistas emocionados, y con muchísima calor.
De allí a la Casa del Arte, convivencia tradicional con almuerzo de categoría y fiesta improvisada de Aurora y su gente del Mijita de Jerez que la acompañaron, y el resto de invitados. Estuvieron Mari Peña, Antonio Moya, Nano de Jerez… Había que medirse, que por la noche se celebraba el Concurso hecho Festival.
La noticia aquí fue la suspensión a la 1 de la madrugada aproximadamente por la lluvia. Después del descanso se pretendía abrir con el baile de María Távora, impoluta en el comportamiento, pero las cuatro gotas que cayeron no le ofrecían seguridad. El suelo resbalaba. Así, se dio paso cambiando el orden a Remedios Reyes, que solo pudo interpretar tientos tangos y seguiriya, cuando nuevamente comenzó a caer con más fuerza el agua. El equipo técnico no lo veía nada claro y comenzó a recoger o, al menos, tapar micros, bafles… Y Manuel Jiménez, presidente de la Casa del Arte, me comunicó como presentador que anunciara la suspensión. Tampoco pudo salir Manuel Cástulo. Una verdadera pena, porque todo llevaba un buenísimo nivel y queríamos toparnos de lleno con los códigos de Tierra Santa.
Antes habían dejado calentito el escenario Manuel Herrera, guitarrista que abrió por seguiriyas, para dar paso a los ganadores de ediciones atrás como Rubio de Pruna, con Marcos de Silvia, La Yiya junto a Antonio García, o Caracolillo de Cádiz con Julio Romero. La seguiriya fue el estilo más sonado. Recuerdo a Miguel Salado, que estuvo acompañando a Caracolillo cuando él ganó el premio. Fueron Cepa Núñez y Manuel Vinaza los que pusieron el compás con las palmas y jaleos.
Aurora Vargas volvió a salir al escenario antes del descanso con la representación institucional para recoger un grandísimo aplauso y el recuerdo por siempre de esta noche tan singular en la que el calor y la lluvia se dieron la mano. ♦






















