Noche tórrida y casi tropical en Sevilla para homenajear a José de la Tomasa en el barrio de la Macarena. Plaza de la Virgen del Pilar, barriada de la Barzola: una amalgama de gentes, como el compás de la soleá, que van desde los vecinos de la plaza y el barrio hasta los modernos de la Alameda, los cabales habituales de recitales flamencos o las personas de más de cuarenta y tres nacionalidades que habitan en la Macarena. Para el observador avezado, este evento es una curiosa y alegre mezcla entre festival flamenco de verano, verbena popular y un casi concierto de música indie. Buen ambiente, se ven incluso tote bags, camisas floreadas y pantalones cortos entre quienes nos quedamos de pie tras llenarse el improvisado patio de butacas de plástico blanco. Todos parecen chanelar algo de cante o, al menos, intentan improvisar acompañando a los artistas.
Este es el tercero de los tres eventos consecutivos –La noche de las gitanas, en las Tres Mil Viviendas, y el V Festival de Música Popular Pepe Suero, en el Cerro del Águila– que acercan el flamenco a los barrios. Los distritos y el ICAS están al frente de la organización, con la colaboración de La Bienal. Es una forma de traer esa cita a lo popular y preinaugurarla, siempre con la mano de Antonio Ortega como presentador o director artístico. No podemos olvidar de dónde sale el flamenco que va a los teatros. Este homenaje a sus gentes es más que necesario y, como se ha podido ver, exitoso en cuanto a asistencia y disfrute.
Comenzó la noche por los Tomasa, don José y Manuel. El abuelo recibiendo el merecido homenaje y el nieto a la interpretación de esos cantes que vienen del mismo tronco del flamenco, siendo José, como ya sabrán ustedes, sobrino-nieto del mítico Manuel Torre, nieto de Pepe Torre e hijo de la propia Tomasa que da nombre a la estirpe y de Pies de Plomo, casi ná.
No se mueve ni una rama de los árboles de la plaza. El trasiego de gentes que buscan cervezas y líquidos frescos enturbia el muy buen sonido del escenario, que, aun así, puede con la marabunta que hace cola en las insuficientes barras dispuestas en torno a la plaza. Servidor escucha de fondo a Remedios Reyes mientras busca una salvadora cerveza y hace la correspondiente cola sevillana en la Peña Cultural La Barzola, que se ve sumergida por una marea de gente que trasiega su puerta y la barra exterior, en la que un único tirador alivia a duras penas la demanda popular. Una curiosa imagen: la puerta, guarnecida por dos jaulas de pájaros y rodeada del más diverso paisanaje, contrasta con su esencia de otra época.
«Hacía mucho tiempo que El Potito no aparecía en los escenarios sevillanos, pero dejó huella, no solo por su interpretación de los cantes, sino por la gran sorpresa de la noche: la aparición de Tim Ries, el saxofonista de los Rolling Stones. Tim anda merodeando el flamenco en compañía de Rafael Riqueni y a ambos los veremos en esta misma Bienal de Sevilla»

Mientras, detrás de mí, se preparan Antonio y Nono Reyes, saliendo de un soportal situado justo en el extremo opuesto del escenario para recorrer los soportales de la plaza hasta llegar a sus sillitas de enea. Vuelvo justo cuando Remedios cierra con unas sabrosas bulerías con su correspondiente pataíta.
Sale Antonio con sus habituales tientos, que, antes de llegar a tangos, pisan tierra con esa cadencia que el mago René Lavand repetía como una salmodia eterna: «No se puede hacer más lento». Ese gusto a salitre nos va llevando en brazos hasta un final por bulerías y fandangos a capella sobre el escenario. Por desgracia, esa es casi la única pega de la noche: el elevado murmullo de quienes, más alejados, se dedican a la tertulia y al encuentro nos impide escuchar con claridad. Es una factura que va al debe y que estaría bien poder atajar en futuras ediciones, considerando que en esta se ha mejorado, y mucho, la sonorización del evento.
Se agradece mucho el dinamismo con el que los artistas se suceden, tanto en los cuatro cantes que ejecutan como en los cambios y entradas y salidas. En el debe queda, una vez más, la elección de los estilos, con la soleá y las sobreabundantes bulerías como casi una constante en todos los recitales.
Hacía mucho tiempo que Antonio Vargas El Potito no aparecía en los escenarios sevillanos, pero, a fe mía, dejó huella, no solo por su interpretación de los cantes, sino por la gran sorpresa de la noche: la aparición de Tim Ries, el saxofonista de los Rolling Stones. Tim anda merodeando el flamenco en compañía de Rafael Riqueni, con quien ya ha ofrecido algunos recitales, y a ambos los veremos –yo no me lo pierdo– en esta misma Bienal de Sevilla. Nos ofreció unas brillantes y cabales intervenciones acompañando tangos y bulerías junto al cuadro del Potito, que hicieron las delicias del público, con los olés y los aplausos más encendidos de toda la noche.
La bailaora Manuela Amador Carrasco cerró el festival sobre la hora prevista, pasada ya la una de la mañana, con gente de su extensa familia en el cuadro y el buen hacer de Emilio Molina y Manuel Tañé en el cante. Luis Amador, a la guitarra, y el joven Samuel Cortés al violín, dejaron un magnífico regusto que Antonio Ortega tendrá como bendito hándicap para repetir la cita en una próxima edición.
Ficha artística
II Festival Macarena Flamenca
Homenaje a José de la Tomasa
Plaza Virgen del Pilar (barriada de la Barzola), Sevilla
5 de septiembre de 2026
Cante:
Potito
Guitarra: Manuel Herrera
Antonio Reyes
Guitarra: Nono Reyes
Palmas: Tate Núñez y Ramoncito Reyes
Remedios Reyes
Guitarra: Julio Romero
Palmas: Tate Núñez y Ana Reyes
Manuel de la Tomasa
Guitarra: Nono Reyes
Palmas: Francisco del Chacón y Ángel Vera
Baile:
Manuela Amador Carrasco
Cante y compás: Emilio Molina y Manuel Tañé
Guitarra: Luis Amador
Violín: Samuel Cortes
Presentador: Antonio Ortega























