Cuando hablamos de poesía flamenca solemos pensar en la que contienen las letras de los cantes. Sin embargo, el arte jondo ha inspirado a infinidad de poetas desde sus albores. Así lo demuestra el volumen Me sabe a sangre (Editorial Universidad de Almería), una monumental antología realizada por Antonio Lafarque –editor de contenidos, entre otros méritos, de la prestigiosa revista Litoral– que contiene 275 textos poéticos de los más variados autores, estéticas, épocas y procedencias geográficas. Se presenta el 23 de septiembre en la sede del Instituto Andaluz del Flamenco.
“La idea surgió de manera natural porque desde los 14 o 15 años leo poesía y mi afición al flamenco data de 1975 o 1976 al escuchar por vez primera El garrotín de Smash”, explica Lafarque. “Llegué a la poesía vía Gustavo Adolfo Bécquer por iniciativa de mi padre y al flamenco gracias al rock sevillano. Evidentemente, aquellos conceptos en torno a la poesía y el flamenco fueron evolucionando con el paso de los años. En el proceso de decantación influyeron dos factores. Por una parte, mi trabajo en Litoral, que me inculcó el gusto de elaborar antologías de los temas más variopintos. Por otra, mi condición de socio —a día de hoy, directivo— de la Peña El Taranto, que me obliga gustosamente a estar al día en asuntos flamencos”.
Según el antólogo, han sido casi cinco años de trabajo entre búsquedas bibliográficas y puesta en página del material recopilado, buceando en bibliotecas públicas de Almería (Biblioteca Provincial Francisco Villaespesa, Biblioteca Municipal José María Artero y Biblioteca Nicolás Salmerón de la Universidad), Granada (Biblioteca de Andalucía) y Sevilla (Biblioteca Provincial Infanta Elena).
“Llegué a recopilar más de novecientos poemas de autores españoles, hispanoamericanos y extranjeros y finalmente seleccioné doscientos setenta y cinco, que agrupé en diecisiete capítulos temáticos”, añade. “Cuando digo autores me refiero a poetas propiamente dichos, artistas de las tres disciplinas (cante, toque y baile) y cantautores. He tratado de trabajar metódicamente para que la antología fuera a la vez rigurosa y útil, de ahí la inclusión de índices onomásticos y de estilos flamencos que facilitan la localización de datos a lo largo de las quinientas páginas del libro”.
En cuanto al enfoque, señala que “tuve claro desde que me puse manos a la obra que Me sabe a sangre fuese una antología de poesía flamenca, entendiendo como tal poemas y prosas poéticas que en su totalidad o parcialmente describen las circunstancias y ambientes genuinos del universo flamenco y versan en torno a los palos y los intérpretes. De manera excepcional he incluido algunas letras de autor escritas para ser cantadas que reunían estos requisitos que acabo de nombrar”.
«Llegué a recopilar más de novecientos poemas de autores españoles, hispanoamericanos y extranjeros y finalmente seleccioné doscientos setenta y cinco, que agrupé en diecisiete capítulos temáticos. (…) Tuve claro que ‘Me sabe a sangre’ fuese una antología de poesía flamenca, entendiendo como tal poemas y prosas poéticas que en su totalidad o parcialmente describen las circunstancias y ambientes genuinos del universo flamenco y versan en torno a los palos y los intérpretes»
Como se refleja en el libro, que cuenta con un epílogo de Segundo Falcón, el flamenco ha sido motivo de inspiración incluso para poetas que no fueron aficionados, casos de Miguel de Unamuno, Blas de Otero o Jorge Guillén, por citar solo tres ejemplos españoles. En cuanto a los hispanoamericanos, Oliverio Girondo quedó prendado del ambiente de Sevilla cuando la visitó en 1920 y 1923, y João Cabral de Melo, que residió en calidad de diplomático en Barcelona, Madrid y Sevilla, se empapó en la capital andaluza de los ambientes flamenco y taurino e hizo de Sevilla la ciudad de su corazón.
No podían faltar, claro está, los poetas aficionados que hicieron muchísimo por la difusión del flamenco. “Como sabemos, el escritor Félix Grande quiso dedicarse profesionalmente al toque y terminó por ser un aficionado cabal y autor de la muy estimable Memoria del flamenco, especie de historia poética del género. Fernando Quiñones fue un inagotable divulgador del flamenco en prensa, radio y televisión, además de regalarnos su particular visión del mismo en una memorable serie de poemas esparcidos por varios libros que terminó recopilando en Los poemas flamencos y un relato de lo mismo. Algo similar puede decirse de Manuel Ríos Ruiz, poeta muy de mi agrado, conocedor de las honduras flamencas, miembro fundador de la Cátedra de Flamencología de Jerez y durante varios años director y presentador del programa radiofónico El cuarto de los cabales. Y finalmente mi admirado José Manuel Caballero Bonald, firmante del excepcional e irrepetible Anteo, promotor de la joya discográfica Archivo del cante flamenco, junto a la fotógrafa Colita autor de la muy agotada en todas sus ediciones Luces y sombras del flamenco, letrista por descubrir, aficionado de postín, etcétera. Ya es hora de que su obra flamenca completa se estudie y compile. A ver si a propósito del centenario de su nacimiento, que celebramos en el año en curso, alguna institución asume el proyecto. Y por suerte para nosotros José María Velázquez-Gaztelu siguen ejerciendo su labor en varios medios”.
El espectro temporal de la antología es amplio porque el poema más antiguo recogido se publicó en 1799, “un texto que podríamos denominar protoflamenco”, apunta Lafarque, pero hay que esperar hasta 1891 para encontrar el siguiente texto en antigüedad: el del cubano José Martí. A este le siguen los poemas de José Martínez Requena, datado en 1899; el del también cubano Julián del Casal y el de Salvador Rueda, ambos de 1892; el del nicaragüense Rubén Darío publicado en 1901; uno de Manuel Machado fechado en 1902; el de Rilke, de 1907; el de Cortines y Murube aparecido en 1908, y a continuación Juan Ramón Jiménez, Eduardo Marquina, etcétera. “Estos datos hay que interpretarlos en el contexto de Me sabe a sangre. No hablo con rotundidad histórica, ya que es probable que en aquellos años vieran la luz poemas a los que no he tenido acceso. Resulta curioso que en la nómina aparezcan en los primeros lugares tres hispanoamericanos y un austriaco”.
En el apartado de la antología titulado Sobre esta edición se compendia la evolución de las miradas poéticas sobre el flamenco en cuatro libros: Cante hondo (1912), de Manuel Machado; Poema del cante jondo (1931), de García Lorca; el antes citado Anteo (1956), de Caballero Bonald; y La llave misteriosa (2017), de Lutgardo García Díaz.
En cuanto a su variedad geográfica, en la antología tienen cabida trece latinoamericanos y seis extranjeros (una portuguesa, un brasileño, una polaca, un serbio, una estadounidense y un austriaco). “Sus respectivos acercamientos al flamenco son ocasionales, en la mayor parte de ellos por motivo de un viaje o una estancia más o menos prolongada, y por tanto sus ideas son válidas en tal contexto”, subraya el antólogo. “La excepción es Cabral de Melo, un enamorado del flamenco en general y en particular de las voces de Pastora Pavón, Manolo Caracol, Fernanda y Bernarda de Uretra y Antonio Mairena, así como del baile de Carmen Amaya. El brasileño Cabral de Melo interiorizó el flamenco con la sensibilidad propia de un buen aficionado español”. ♦















