Aunque José María Velázquez-Gaztelu es conocido como un incasable divulgador, especialmente valorado por su serie Rito y geografía del cante (TVE) pero también por sus aportaciones más recientes, se trata también de un poeta más que notable, no siempre reconocido como tal entre los flamencos. Aquí compartimos con los lectores de ExpoFlamenco tres poemas escogidos por él mismo de su libro más reciente, A solo un paso, publicado por Reino de Cordelia.
NARCISO ANTE EL ABISMO
No brilla en el espejo tu gesto ni tu sombra,
no admite la llamada de los seres
que buscan salvación en los reflejos,
no absorbe ni el calor ni el temblor de lo tangible,
no escruta la ceniza ni las alas.
El espejo, que no te reconoce, se niega a percibir
la vida que proclaman los amantes,
los cuerpos que declaran su esplendor,
demandas en el mar pulimentado
respuestas que nunca llegarán,
el espejo no capta tu mirada,
ciego de ti mismo has dejado de existir,
no aparece la tenue cicatriz de tu mejilla,
tus ojos se extravían, se inundan de vacío,
no encuentras a tu imagen, se ausenta del espejo,
sólo, delante de tu rostro,
el abismo final de la gran noche.
ANTES DEL ALBA
A Luis Eduardo Aute, in memoriam
En la inmensa pared blanca
vemos los resplandores del tiempo,
aquí se escriben palabras y es durable la memoria,
aquí se oculta el testigo
de las voces que recogen
resonancias de otros siglos.
Fluye el mundo sigiloso y deja su ritmo abierto,
la tierra de los destinos, tensado lienzo del sur,
el perfil de los amantes fundiéndose en ese blanco
donde se imprime la huella
de la derrota y la gloria, de la pasión alumbrada
por un reflejo fugaz. En esa pared cayeron
los rostros ciegos vendados, resbalando sus vestigios
de un color que no borraron los himnos ni las edades,
la noche puso tinieblas en ese muro encalado,
cruzan salmos trasparentes, las fiestas del espejismo,
son de luz en llamaradas, luciérnagas del eclipse
con miradas que atraviesan escenarios de mendigos
en cantos de madrugada, las manos que trazan signos,
la infinita pared blanca en silencio ve pasar
el carnaval sin fronteras donde se esconde la vida.
LA ROSA DE J.R.J.
Se congregan mañanas incoloras
cuando vemos que se apaga la luz que envuelve un rostro.
Una mano advenediza se dispone a oscurecer
el calor de su presencia,
la pátina del tiempo.
Voluntad equivocada la que trata de cambiar
aquello que la vida ha construido,
como el trino o el rayo que deslumbra,
al modo de la mar que por la noche
del mundo se retira
o estalla en aluvión sobre la roca.
Los astros van marcando el ritmo inalterable
y al intento de invertir
el canto natural de un gesto claro,
este en máscara se torna.
El paso de la edad ha modelado
los surcos de la piel con la belleza
que indica noblemente la señal de lo vivido.
Es el trazo de la lluvia,
es la herida al descubierto,
son las marcas
que nunca se borraron,
lo que no se desvanece en la memoria,
la estela que rezuma una mirada
que negó detenerse con la nuestra
cuando más se requería.
Es el signo que ha dejado
el acto de impedir la libertad de una palabra
que tuvo que ser dicha en ese instante
y que ahora permanece ocultándose callada,
o el rastro pasajero de músicas hermosas
que entonces despreciamos y ya nunca volvieron.
Así nace el reflejo de la niebla en tu memoria,
las zanjas en la frente por el golpe
de los vientos que pusieron claridad entre las sombras,
así se va extendiendo
el pliegue que enaltece los párpados cerrados,
las huellas luminosas que dejaron en tu cuerpo
los cuerpos que has amado.
Así es la flor desnuda. No quieras alterar su transparencia.



















































































