Moguer (Huelva) es uno de esos municipios andaluces en los que cultura, tradición y nuevos tiempos han sabido darse la mano y caminar unidos. El hecho cultural forma parte intrínseca de la villa y de las costumbres populares. Cada actividad desarrollada tiene un componente que acabará empapando en el devenir de su historiografía.
Una de las actividades que en mayor medida han contribuido al devenir moguereño es la cultura del vino. El continuo desarrollo del cultivo de la vid y de la industria vitivinícola –hasta 300 bodegas y 27 fábricas de vinos, aguardientes y anisados– y el importante comercio de los vinos producidos atrajeron al municipio mano de obra y empresarios vitivinícolas de La Rioja y otras procedencias, como la familia Sáenz, la familia Jiménez –a finales del siglo XIX nacería el Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez), los Flores y Pérez-Ventana, entre otras.
Durante años la llegada del otoño, y del mes de noviembre en particular y su festividad de to santos, marcaba el punto de encuentro de aficionados lugareños y foráneos que en torno al mosto tenían la excusa suficiente para reunirse en lagares, bodegas y tabernas al calor de la fragua del flamenco, siempre regados con los caldos moguereños de producción propia. Una tradición que llega a nuestros días, y de la que se hace eco la Peña de Cante Jondo de Moguer (cuya sede está enclavada en la bodega de Enrique Pipas), que en este mes celebrará la edición número veintitrés del ciclo Tabernas Flamencas.
La idea original surgió de una conversación entre Damián Santano Gallinato, Antonio Rodríguez Caballero hijo, Pepe Camacho y Ramón Ruiz, todos ellos socios y directivos de la Peña de Cante Jondo, a fin de dar el impulso que se merecen las tabernas en esta tradición, donde se arrimaban aficionados, artistas y neófitos para deleitarse del aroma de una tierra con sabor a vid y flamenco por sus cuatro puntos cardinales. Con ello el flamenco sale de la entidad, llevándolo a espacios más o menos reducidos y dando una visión del trabajo que la Peña de Cante Jondo lleva a cabo en sus escuelas, contando con el beneplácito y colaboración de los propietarios de tabernas y bodegas, y del pueblo en general. Con la llegada de la junta directiva de la presidenta Laura Garrido, y posteriores, comienzan a organizarse actividades en las que no solo participarán aficionados de la peña, sino que se abrirá el abanico a artistas locales y de otras geografías. No en vano la localidad y la propia entidad flamenca han ido dando artistas de la talla de Francis Gómez, María Ángeles Cruzado, Álvaro Mora, Rafael Núñez El Talega, entre otros, y que han sido parte en estos años de los carteles de estos eventos.
«Acudiremos a paladear el sabor del flamenco en las tabernas. De cómo el eco de un cante suena diferente entre aromas de otros tiempos traídos a hoy. Sabremos entonces que del bordón a la prima, que del ay de un fandango al de una siguiriya, quizás no sea diferente dónde se interprete, y entonces jugaremos con las sensaciones»
Durante el presente mes de noviembre, cuatro serán las citas de este ciclo Tabernas Flamencas. La primera, bajo el título Paladar y Filigrana, el viernes 6 con la actuación en la Bodega Jiménez & María Luisa del chiclanero Antonio Núñez El Pulga con la guitarra del moguereño Álvaro Mora, bordón minero de La Unión en su edición de 2022, así como primer premio del certamen de jóvenes flamencos de Andalucía en 2015, entre otros.
El viernes 13, Soniquetes con aroma de mosto: será el turno de la escuela de cante de la Peña moguereña, en la Bodega La Esencia. El viernes 20, en la bodega sede de la Peña de Cante Jondo se celebrarán los 51 años de solera flamenca con el cante de Enrique el Extremeño y la guitarra de Antonio Santiago Ñoño.
Añoranzas Jondas pondrá el viernes 27 el broche de oro de este ciclo flamenco, en la Bodega Flores, con el cante de Antonio Rendón, enorme aficionado de Alcalá del Río (Sevilla), muy unido por amistad y casi familiaridad a la tierra moguereña, con voz muy flamenca y amplios conocimientos de las distintas escuelas. Estará acompañado a la guitarra de Antonio Gámez, guitarrista, instrumentista y compositor sevillano cuya experiencia ha recorrido amplias geografías flamencas.
Acudiremos a paladear el sabor del flamenco en las tabernas. De cómo el eco de un cante suena diferente entre aromas de otros tiempos traídos a hoy. Sabremos entonces que del bordón a la prima, que del ay de un fandango al de una siguiriya, quizás no sea diferente dónde se interprete, pero si su emoción se transmite por unos cauces que nos lo parezca, y entonces jugaremos con las sensaciones. Con aquellas que nos legaron nuestros mayores y que la diosa fortuna ha querido que podamos conservar, aunque solo sea a nuestra manera. ♦


















