El Teatro de la Maestranza lució un lleno absoluto en la noche del jueves de la tercera semana de la XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla. El cartel anunciaba un espectáculo reivindicativo y esta característica atrae la atención poderosamente. Reza en el programa virtual que el espectáculo A clavo y canela “es un homenaje a la profunda huella dejada por la comunidad gitana en el flamenco”.
Con esta entrada las expectativas están servidas. Se espera una noche de soníos negros, de rajo y de leco, ingredientes que reposaron en las gargantas de Esperanza Fernández, José Valencia y Duquende, como figuras principales, y de David el Galli acompañando el baile flamenquísimo de Pepe Torres y Nazaret Reyes.
El papel de los gitanos en el flamenco es una realidad. Son el clavito y la canela del flamenco, el elemento imprescindible y, por eso precisamente, el título de esta propuesta que evoca la seguiriya que inmortalizara el inalcanzable Tomás Pavón, y adelanto que fue el momento más emotivo de la noche, cuando a tres voces fue cantada por las figuras del cartel.
Además, cada vez que el flamenco se hace presente, en la disciplina que sea y trascendiendo los escenarios, se produce un homenaje a la gitaneidad, porque lo gitano está presente en la esencia de este arte, jondo, nuestro y universal a la vez. Porque está en las letras, en el toque, en el baile, y en la memoria histórica que nos alumbra.
A clavo y canela nos trajo al recuerdo los espectáculos que tan brillantemente ideaba el añoradísimo Juan Peña El Lebrijano, cuyo ingenio es difícil de superar. El Lebrijano puso en su aliento la reivindicación del pueblo gitano y la reclamación sobre las terribles injusticias sufridas, dolor que se traducía en este arte tan difícil de interpretar que, a la vez, es la expresión viva y vehículo para transmitir la identidad y el sentimiento.
El sabor a la estirpe de los Peña flotó en el ambiente desde el instante en que el escenario mostró un cuarteto instrumental, dos guitarras, la percusión, cuatro palmeros y la presencia de los cantaores y bailaores que iban apareciendo en el centro por orden de intervención. Primero Esperanza Fernández, luego José Valencia y luego Duquende, para finalmente poner el broche de baile Pepe Torres y Nazaret Reyes bajo la voz inconfundible del Galli. Y rematar con un especial fin de fiesta compartiendo el elenco todo el espacio escénico. Una disposición estática que dio poco juego a lo de espectáculo y sí mucho, por lo habitual, a lo de recital colectivo.
Esperanza abrió con Gelem Gelem, que ya es habitual en sus repertorios y que encendió la emoción del público por su poderosa interpretación. José Valencia puso voz a otros temas que sonaron como himnos en la noche: Anhelo, y Libres como el aire; junto con La saeta machadiano-camaronera de Duquende.
«El papel de los gitanos en el flamenco es una realidad. Son el clavito y la canela del flamenco, el elemento imprescindible y, por eso precisamente, el título de esta propuesta que evoca la seguiriya que inmortalizara el inalcanzable Tomás Pavón, y adelanto que fue el momento más emotivo de la noche, cuando a tres voces fue cantada por las figuras del cartel»

Dieron forma a los cantes, con hoja en el árbol del flamenco, la soleá de José Valencia, los aires de levante de Duquende y la petenera de Esperanza Fernández, quien rompió con el prejuicio de que los gitanos siempre le han tenido a este género que dicen que trae mal fario. Y su personal forma de interpretación tampoco se ajustó a las maneras de hacer este cante que se funde en las calles de Paterna de Rivera.
Y llegó el baile con solera y flamenquísimo de Pepe Torres, que nos trajo al recuerdo la herencia vital que albacea. Junto a la racial y joven Nazaret Reyes, que nos plantó en el presente del baile. La voz de David el Galli, que hizo el Romance de la caracola y terminó de adornar con magisterio el cuadro. Ambos bailaores demostraron su estilo tan gitano de entender el movimiento flamenco.
Llegados al final nos esperaba la emoción de la gran seguiriya que compartieron las figuras del cartel, para rematar a tres voces:
A clavito y canela,
me hueles tú a mí
El que no huele a clavo y canela
No sabe distinguir.
El cante grande de la siguiriya hubiera sido el fin de fiesta perfecto. No se puede cantar más después de hacer esa maravilla. Pero el guion aún reservaba otro final con Cantad gitanos, que también realizaron a tres voces.
Es justo felicitar la impecable participación de los músicos. A la guitarra, Juan Requena y Joni Jiménez; la percusión de Paco Vega; Juan Parrilla a la flauta y flautín; el contrabajo de Gal Maestro y el violín de Leslie Ann Jordan. Y por supuesto las imprescindibles palmas y compás de los Mellis de Huelva, Pedro Peña y Sergio Aguilera.
Faltó más cante recio, más remembranza de los cantes gitanos y de las fuentes en las que es preciso beber para homenajear la esencia del flamenco y su historia.
Ficha artística
A canela y clavo, de Esperanza Fernández, Duquende, José Valencia, Pepe Torres y Nazaret Reyes
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza
24 de septiembre de 2026
Dirección: Pedro María Peña
Cante: Esperanza Fernández, Duquende, José Valencia
Baile: Pepe Torres y Nazaret Reyes
Cante al baile: David El Galli
Percusión: Paco Vega
Guitarras: Joni Jiménez y Juan Requena
Flauta y flautín: Juan Parrilla
Contrabajo: Gal Maestro
Violín: Leslie Ann Jordan
Cante, coros y palmas: Los Mellis de Huelva, Pedro Peña y Sergio Aguilera






















