«Ea, ya estamos aquí, presentando mi último disco. Este disco es un pasaje por la vida, por las emociones, por la causa. Detrás de lo que nadie ve, imaginad todas las cosas que hay». Po ya está todo dicho en el minuto uno. Pasen y vean, este es Ezequiel y su magia: cercanía, conexión, emoción, causa y verdad.
Nacido en 1979, en el barrio de Santiago de Jerez, además de ser un gran cantaor es de los pocos artistas actuales que produce y compone sus propias letras, incluso para otros compañeros. Probablemente, de los de su generación, va a ser el que deje un mejor legado creativo y discográfico –este es ya su sexto disco–. Dudo mucho que haya en esta Bienal de Sevilla otro artista que haya sido el creador de todas las letras de los cantes que vaya a interpretar en su recital. Es un habitual en teatros, festivales y peñas, y una garantía de que vas a salir de verlo con una sonrisa y un gran regusto en los labios. Cuando alguien que quiere escuchar flamenco en directo me pregunta a quién puede ver, generalmente suelo recomendarlo sin temor a fallar, y nunca me equivoco. Por transmisión y porque llega claro el mensaje: qué bien se entienden esas letras suyas con ese deje jerezano que pone el denostado ceceo a la altura que también merece. Es un cantaor que nunca decepciona. Es de esos artistas que dejan huella y no dejan indiferente a nadie, porque suele conectar con los públicos de manera inmediata, nada más subir a las tablas. Tiene ese don, pero no le ha caído del cielo. Hay mucho trabajo, estudio y afición detrás. Lo que siempre digo: «Ve a verlo, que como mínimo te garantiza un notable alto». No es fácil que tantos aficionaos estemos de acuerdo. Y con Ezequiel, lo estamos.
Comienzo por todo lo alto con la soleá El cante que me duele: Este es el cante que duele / es el que pasa por la boca / y al arrancar por tus entrañas / el sentido se desboca. Ojú, y acabamos de empezar. Si sumamos a esto la excelsa guitarra de Paco León ya se pueden ustedes hacer el cuerpo a lo que empezamos a vivir anoche en el Teatro Alameda. No se puede cantar con más gusto y sentimiento de lo que lo hace Ezequiel. Los que lo probaron, ya lo saben.
«Como veis, está el público iluminao. Es una petición mía, porque a mí me gusta cantarle a la gente a la cara. No me gusta la sensación de la oscuridad, porque todo lo que estáis escuchando está escrito por mí y yo quiero contaros mi causa y mis vivencias. Y para eso tengo que veros la cara. Así que poned buena cara, que os estoy viendo». Poco más que añadir: verdad, emoción, transmisión y vínculo. Esto para dar paso a las alegrías del disco, En la orillita te espero, con esa aura salina que lleva consigo este rubicundo, aunque, sin conocerlo, más podría pasar por un vikingo del gélido norte de Europa que otra cosa. Y se pueden llevar cinco palmeros –Naim Real, Edu Gómez, Diego Montoya, Tate Núñez y Manuel Soler– y que no suenen estridentes ni ruidosos, tres a las palmas y dos percutiendo en la mesa, meciendo el cante y con la guitarra detrás. Ya estamos atrapados en ese hilo emocional que continúa con los tientos Como conmigo no puedes: Si tú estás solo en el mundo / no te vuelvas loquito perdío / solo tú puedes cambiarlo / despierta que sigues vivo. Po también te llevas un poco de autoayuda flamenca por el mismo precio. Cuando se habla de tus vivencias reales salen estas cosas, como cuando hablas con un amigo de toda la vida.
«’No me gusta la sensación de la oscuridad, porque todo lo que estáis escuchando está escrito por mí y yo quiero contaros mi causa y mis vivencias. Y para eso tengo que veros la cara. Así que poned buena cara, que os estoy viendo’. Poco más que añadir: verdad, emoción, transmisión y vínculo»

Y ahora vamos a acordarnos de Pastora con la bambera Todo el mundo tiene un ángel, que tiene ese final musical tan hermoso que ya apreciamos en el disco y que os recomendamos que escuchéis con detenimiento: Todo el mundo tiene un ángel / con que camina en la vida / solo tienes que abrir el alma / y contarle tu caída.
Entramos en terrenos más profundos con un homenaje a la gente del campo con los cantes de trilla que ha recopilado y recreado en el disco y que Paco introduce bellamente para estos cantes libres que se interpretan a capella y que continúan con las granaínas La verdad de la vida –A mí no me ha enseñado nadie / ni de niño ni de grande / a vivir la muerte sin miedo / de morirme yo una tarde / marcharme sonriendo– y culminan con la seguiriya que Ezequiel introduce recordando a su padre, el gran Alfredo Benítez, al que tuve la suerte de conocer en los cursos que hacía y hace nuestro compañero y amigo José María Castaño. «La seguiriya solo la puede cantar la gente que tiene causa, decía mi padre. Con la edad y la madurez lo veo con ese prisma de mi padre y esto os voy a contar, mi causa». Y aquí se rompen él y Paco. La guitarra se rompe y nos rompemos también nosotros por dentro: Amarrarme las manos si no fui contigo un buen amigo… Vida y verdad.
Y salimos un poco de esta sima dolorosa enfilando fandangos y las esperadas bulerías para cerrar esta noche mágica que ninguno queremos acabar. Pa cantarte por fandangos / hay que hacerlo mu cortito / y así yo voy a decirlo / sin tanto grito igual que hablo / el cante es así hablaíto. Me encanta este fandango que suele hacer en todos sus recitales. Aparte del flamenco emocional, tenemos flamenco didáctico. Ezequiel es completo. Y en las bulerías hasta se pega su pataíta con ese age que todos, altos, bajos, grandes y pequeños, quisiéramos tener. Hacer fácil lo difícil, con una sonrisa y con ese arte.
Por todo esto que hemos intentado transmitirles no podemos dejar de recomendarles una horita con Ezequiel como si fuese su médico de cabecera. Más que recomendar, se lo prescribimos: si no pueden ustedes verlo en directo, vayan a sus discos, todos merecen la pena. Se lo recomiendan sus amigos de ExpoFlamenco. De nada…
Ficha artística
Lo que nadie ve, de Ezequiel Benítez
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Alameda
24 de septiembre de 2026
Cante: Ezequiel Benítez
Guitarra: Paco León
Palmas y coros: Naim Real, Edu Gómez, Diego Montoya, Tate Núñez y Manuel Soler

















