Otra noche exitosa en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Se conjugaron las musas de la ilusión y el baile para recibir Te atrevo. Realmente, una atrevida propuesta dirigida por Manuel Liñán para exponer el baile de Juan Tomás de la Molía y de Águeda Saavedra. Al cante, palmas y compás dos voces necesarias y bien acertadas en la elección, Ismael de la Rosa y José el Pechuguita. Con la guitarra de Juan Campallo, que derrochó ríos de musicalidad. Y la percusión insustituible de Paco Vega. Cuando todas las piezas encajan perfectamente cómo no van a salir las cosas bien.
«Me conformo con que alguien haya sentido una emoción viéndome bailar». Así se confesaba Juan Tomás de la Molía en la entrevista que Quico Pérez-Ventana le realizó estos días para ExpoFlamenco. Sin la menor duda, el público en el Teatro Central experimentó un buen catálogo de emociones al ver las expresiones de esta pareja que parece hecha el uno para la otra. Esta noche Juan Tomás de la Molía y Águeda Saavedra nos han convencido de que el flamenco puede moldearse de muchas formas, sin perder esa esencia que convence, sobre todo porque no había que contar una sola historia, sino una sucesión de mensajes montados sobre diferentes proposiciones que conformaron un divertido coloquio entre los dos, mostrándose intercambiables y cómplices.
Se inició la obra sin levantar el suave telón que ocultaba sin esconder, creando una atmósfera intimista en la que se podía adivinar aquello que no se ve pero que ya existe. No hizo falta un decorado complicado porque toda la atención debía fijarse sobre la perfección del baile de estos dos artistas que nacieron tocados por la varita del compás y el dominio del cuerpo. Además, Juan Tomás de la Molía es el artista cuya sonrisa permanece inalterable por complicada que sea la figura, lo que da una sensación de que lo que ejecuta no entraña ninguna dificultad para él y siembra una sensación de alegría constante. Águeda Saavedra tiene esa mirada pícara y retadora tan necesaria para su papel en la obra que imprime esa gitanería flamenca romántica. ¡Atrévete con ella, si puedes!
Se levanta el telón. Águeda y Juan Tomás, cada uno en un extremo del escenario. Ahora baila ella con la suavidad de la danza, marcando preciosas poses. Ahora baila él un vertiginoso y vivaz flamenco. Parecen decirse ¿lo tuyo o lo mío? Está sembrado el debate, para llegar a la conclusión de que ambos tienen su existir. Recitar el catálogo de tipos y géneros que se dieron en la noche supondría desgranar el árbol del flamenco, cosa innecesaria. Pero sí es digno de elogio que se iniciara la obra sobre un vertiginoso carrusel de palos flamencos que todos los artistas seguían, pasando de un compás a otro con total naturalidad. Sembrada la polémica llega el silencio. Un silencio provocativamente largo, con ambos artistas a muy corta distancia mirándose fijamente a los ojos. Un ejercicio complicado que pocos sostienen tantos minutos. Entre tanto, los artistas pasan entre ellos transportando sillas e instrumentos. Todo molesta, pero ellos permanecen inalterables.
«Una obra flamenquísima, divertida, vibrante, que no deja al espectador desviar su interés del escenario y de todo lo que allí se está contando, que fue mucho y bueno. Una hora y media sin descanso llena de instantes de sorpresa y también, para algunos, de rechazo, porque el bufet de las emociones estaba servido con una amplia gama de platos que cada cual saboreó libremente»

Fueron muchos los instantes dignos de destacar que robaron los oles y aplausos del publico, sin condescendencia, ganado a pulso. Uno de ellos fue el recuerdo a Bambino con su rumba La Pared, que interpretó a la voz y al baile Juan Tomás de la Molía con unas formas a las que nos tienen acostumbrados los grandes rockeros, pero no los flamencos. Nunca antes vi una versión con más ímpetu del que ya le imprimiera el utrerano en su época y anoche se dio con la gestualidad y la fuerza de la escenificación, pero sin perder un ápice de pureza.
Como los tangos de Juana la del Revuelo, en la que el juego pícaro de la seducción fue motivo para mostrar la emotividad de un baile pensado para las noches de convivencia y coqueteo en los corrales de vecindad. O la soleá de Juan Tomás en silla o de pie, da igual, la perfección se da de todas las formas posibles cuando se domina el arte de la invocada Teletusa. O la farruca bailada tirado en el suelo mientras Águeda, con su silla, va dibujando un camino ficticio que transitar.
O las romeras en un clásico paso a dos que los bailaores realizaron con bata de cola compartida. Ahora la luce Saavedra, luego el de la Molía, se cambian las ropas y terminan los dos dentro de la bata de cola, dejando patente que al baile no le importa el género, le importa la belleza de la coreografía y del movimiento.
No puedo dejar atrás el juego con las sombras reflejadas en el telón blanco de fondo. Sombras sin atadura a los cuerpos que pueden bailar con voluntad propia, simulando un Peter Pan y una Wendy absolutamente flamencos, en un país de niños perdidos. Una forma ingeniosa de reivindicar la ilusión y la fantasía que subyace en todo arte.
También es preciso hacer referencia al acompañamiento. La guitarra de Juan Campallo es perfecta para esta obra llena de ingenio y fantasía, un poco disparatada y, a la vez, cargada de seriedad y rigor, porque él es un mago de la ilusión en el toque. Tanta música no parece posible que salga de una sola guitarra, pero en las manos de Campallo se puede. Y a su lado la percusión exquisita y sedosa de Paco Vega. Las voces vigorosas y flamenquísimas de Ismael de la Rosa y de José el Pechuguita llenaron el espacio de recuerdos bien cantaos, con sus ecos personalísimos.
Es preciso alabar esta obra flamenquísima, divertida, vibrante, que no deja al espectador desviar su interés del escenario y de todo lo que allí se está contando, que fue mucho y bueno. Una hora y media sin descanso llena de instantes de sorpresa y también, para algunos, de rechazo, porque el bufet de las emociones estaba servido con una amplia gama de platos que cada cual saboreó libremente. Una noche, sin duda, de total éxito que se llevaron sus artífices con buenos y clamorosos aplausos. ♦
Ficha artística
Te atrevo, de Juan Tomás de la Molía y Águeda Saavedra
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Central
23 de septiembre de 2026
Dirección: Manuel Liñán
Baile: Juan Tomás de La Molía y Águeda Saavedra
Guitarra: Juan Campallo
Cante: Ismael de La Rosa y José El Pechuguita
Percusión: Paco Vega























