Solemos dar un poco de fondo biográfico de los artistas que intervienen para aquellos lectores que nos los conozcan aún, pero creo que en el caso que nos ocupa cada vez resulta menos necesario presentarlos. Alejandro Hurtado ya se ha hecho un lugar entre los guitarristas flamencos y, como dirá luego el propio Enrike Solinís, sobre todo en el trono de los jóvenes que se atreven con el repertorio clásico. Y no solo el repertorio culto académico, sino la tradición clásica del flamenco, como ya ha demostrado con sus discos y sus actuaciones homenajeando y revisitando el trabajo de tótems sagrados como Sabicas, Ricardo, Montoya o Manolo de Huelva, incluso con sus propias guitarras originales, como tuvimos ocasión de ver en Sevilla en su recordado y deslumbrante concierto en el Espacio Turina o el inolvidable de las noches del Alamillo. Cuenta ya con tres discos, a cada cual mejor, en los que revisa y reelabora a todos esos maestros que mencionamos, o el último de orientación más clásica, en el que se acerca a la música de finales del XIX y principios del XX en su vertiente más romántica.
Respecto a Enrique, tengo grabado a fuego un duelo con Miguel Ángel Cortés con su guitarra barroca que pude ver cuando giraban Las Idas y las Vueltas con Arcángel y Accademia del Piacere. A partir de ahí empecé a seguir su trayectoria solista y su trabajo como acompañante de Fahmi Alqai y su grupo. Alejandro le va a presentar como «uno de los mejores guitarristas e intérpretes de cuerda pulsada». Creo que podría añadir «del mundo» y no se quedaría corto. Este músico vasco de proyección internacional ha ganado varios concursos y premios internacionales, como el Andrés Segovia, y ha trabajado como solista y como colaborador en prestigiosas formaciones internacionales como las de Jordi Savall, René Jacobs o Emmanuelle Haïm, entre otros. Además, es fundador del grupo de música antigua Euskal Barrokensemble, ha promovido iniciativas como la Euskal Herriko Orkestra Barrokoa e incluso ha colaborado con Rocío Márquez en el celebrado álbum conjunto Omnia Vincit Amor de 2020, en el que cruzan la música barroca y la tradición flamenca con piezas de Manuel de Falla y sones antiguos, por lo que el flamenco no le es nada ajeno.
No hace falta volver a mencionar lo impresionante del marco en el que se desarrolla el concierto que, sin duda y a pesar del calor, siendo domingo y las doce del mediodía, va a hacer que estemos un poco más cerquita de los cielos.
«Con la interpretación conjunta de las Marionas y los Canarios de Gaspar Sanz culminan la catedral en la que Alejandro ha ido levantando los pilares y las naves centrales con la guitarra flamenca, mientras Enrique se ha encargado de apuntalar las bóvedas, los contrafuertes y los arbotantes con la guitarra barroca, para deleite de todos los afortunados allí presentes»

Este recital está dedicado, como su propio nombre sugiere, a recorrer la evolución de la guitarra desde sus primeros tiempos hasta la actualidad a través de sus grandes compositores e intérpretes, «un paseo por esos primeros guitarristas, llamados eclécticos, que aún estaban entre la música y popular y la culta sin que hubiese distinción clara entre ellas». Comienza Alejandro en solitario con la deliciosa soleá de Julián Arcas, que se estrenó precisamente en Sevilla, y continúa con la Jota de Concierto de Francisco Tárrega –¿antecedente de las alegrías de Cádiz, como afirma nuestro compañero Faustino Núñez?–, que nos deja a todos en proceso de ascensión para que ya, al tercer tema, la rondeña de Ramón Montoya suba nuestros espíritus hasta lo más alto del altar barroco de Duque Cornejo, donde podemos comprobar que Luis IX de Francia mira a su primo Fernando el Santo con cara de no creerse lo que está pasando. Por muchas veces que los flamencos oigamos las rondeñas de Montoya no vamos a dejar de pellizcarnos por dentro, y más si se interpretan de manera tan sublime. En esa misma línea de maestros excepcionales está Niño Ricardo, al que revive con su Recuerdo a Sevilla. Antes de interpretar esta pieza, Alejandro nos comenta que está tocando una guitarra de Manuel Reyes del ochenta y siete que le regaló el famoso Payo Humberto, «casi ná». A continuación, Alejandro enlaza algunas composiciones propias como la seguiriya La liviana, la farruca con afinación de rondeña que dedicó a su madre, las alegrías Tamiz o las hermosas habaneras De caña y cordel.
Sube Enrique al cajón negro dispuesto como escenario frente al altar para interpretar con Alejandro la sutil nana El primer llanto en un diálogo entre la guitarra y la tiorba, ese espectacular instrumento barroco de doble mástil y tamaño considerable. A renglón seguido Enrique saca justo lo contrario, una pequeña guitarra medieval o guitarra morisca, que «es la guitarra más antigua que se conoce con la que se improvisaban piezas más simples y bailables» como las tres danzas que interpreta con origen en el norte de la península ibérica. Aparece ya en escena para quedarse hasta el final la guitarra barroca, que surge en el siglo XVII como primer antecedente de la guitarra española y que se tocaba tanto en caballerizas como en música culta. Era esa pequeña orquesta portátil que se podía llevar y tocar en todas partes y que tanto ha aportado al mundo, sobre todo desde el canon establecido por el almeriense Antonio de Torres.
Vuelve Alejandro para cerrar e interpretar al alimón unas bulerías inspiradas en las que hizo Paco de Lucía en su primer disco, tituladas Ímpetu. Los dos maestros encaran el glorioso final con la interpretación conjunta de las Marionas y los Canarios de Gaspar Sanz, con la que culminan la catedral en la que Alejandro ha ido levantando los pilares y las naves centrales con la guitarra flamenca, mientras Enrique se encarga de apuntalar las bóvedas, los contrafuertes y los arbotantes con la guitarra barroca, para deleite de todos los afortunados allí presentes.
Debemos agradecer a la Bienal que haya reservado uno de sus espacios al sonido puro y sin amplificación, y que, con el marco sublime que supone la Iglesia de San Luis de los franceses, nos haya permitido asistir a esta milagrosa misa de guitarras. ♦
Ficha artística
Devenir de la guitarra, de Alejandro Hurtado y Enrike Solinís
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Iglesia de San Luis de los Franceses
20 de septiembre de 2026
Guitarra: Alejandro Hurtado
Colaboración especial: Enrike Solinís
En colaboración con el Festival de Música Antigua de Sevilla





















