Y eran tan grandes mis penas / que no caben más / que yo me encuentro solito / en esta cama y en el hospital. Quizás no hubiera mejor manera para homenajear a las víctimas del accidente ferroviario en Adamuz, donde, además de múltiples heridos, se sesgó la vida de cuarenta y cinco personas, la mayoría onubenses. Así quiso recordar y honrar la memoria de todos el cantaor gaditano Esteban Guerrero Caracolillo de Cádiz, en su visita a la localidad de Paymogo. Desde este tercio de Manuel Molina fue doliéndose hasta meternos dentro el clavo plañidero del cante por siguiriya. Se buscó, arañó con sus formas cantaoras y nos quitó el frío, o incluso nos lo introdujo, porque su cante supo a cante grande.
La Peña Flamenca El Contrabando inauguraba su nuevo local de actividades, el Salón Polivalente del Granero. Para ello contó con la presencia de Caracolillo de Cádiz, la guitarra de Nono Reyes y las palmas de Cepa Núñez y Ramón Reyes. Tras el minuto de silencio y el homenaje siguiriyero, Caracolillo viajó a su tierra natal para traernos los aires por alegrías en las letras populares de los maestros de los barrios de la trimilenaria ciudad.
No lo puedo remediar: me gusta cuando el cante sabe a geografía. Cuando Esteban entonó la malagueña de Enrique el Mellizo y la ejecutó con ese aire de grandeza, me supo a esa estirpe de cantaores gaditanos que a lo largo del tiempo han hecho de esta variante cante grande. Como dice mi amigo y grandísimo aficionado Manolo Sierra, «esa malagueña tuvo muchos quilates». Yo diría que casi los veinticuatro del metal puro. Seguidamente, nos quedamos en Cádiz, donde el maestro Caracolillo recreó los tangos caleteros de Pedro Bancalero Niño del Mentidero. Su compás, musicalidad y voz autóctona llegaron por momentos a erizar el vello de quien relata.
«Cante grande, para enmarcar. Como decía Pepe Roca, soleá ebria de poderío. Soleá al más puro estilo de los maestros del cante gaditano, con recuerdos a su tierra y a Alcalá. Sin duda, lo mejor de la noche y por lo que mereció la pena vivirla»

Y de la soleá qué les cuento. Decir algo sería empañar el cante. Cante grande, para enmarcar. Como decía Pepe Roca, «soleá ebria de poderío». Soleá al más puro estilo de los maestros del cante gaditano, con recuerdos a su tierra y a Alcalá. Sin duda, lo mejor de la noche y por lo que mereció la pena vivirla. Nono Reyes meció con sus seis cuerdas la cuna donde Caracolillo acariciaba el cante hasta dejarnos el alma llena de flamenco. Pero no de un flamenco cualquiera, sino de ese flamenco que se respira, oxigena y limpia. De ese flamenco que se te incrusta en la mente y qué difícil es sacarlo de las tapaeras del sentío.
La bulería tuvo guiños constantes a Manuel Mancheño Turronero y al maestro Juan Villar. Y para finalizar, una tanda de fandangos, donde, como desde el principio de su actuación, estuvo lleno de transmisión y conocimiento.
Caracolillo de Cádiz es uno de esos cantaores sin los que no se podría entender la cultura autóctona de una tierra, en este caso Cádiz. Desde que te estrecha su mano amiga y afable, hasta cuando va desgranándote tercio a tercio sus cantes y se expresa con esa salinidad característica, te das cuenta de que en él se va derramando el paisanaje que le ha visto nacer, crecer y desarrollarse como persona y como cantaor. Nieto de Caracol de Cádiz, Premio Nacional Antonio Mairena en 2016, entre otros, Esteban Guerrero es digno representante de esa Casa Real del Cante que es Cádiz y sus barrios. Toda una universidad de élite del arte flamenco.
Ficha artística
Recital de cante de Caracolillo de Cádiz
Peña Flamenca El Contrabando (Paymogo, Huelva)
31 de enero de 2026
Cante: Esteban Guerrero Caracolillo de Cádiz
Guitarra: Nono Reyes
Palmas: Cepa Núñez y Ramón Reyes






