De todo hace ya treinta años. Por ejemplo, de la puesta de largo de la Antología de la mujer en el cante de Carmen Linares en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, una efeméride que la Bienal 2026 ha querido recordar nada menos que en su noche de clausura, como broche a casi un mes de espectáculos y actividades que han puesto de nuevo a la capital hispalense en el centro del mapamundi flamenco.
Cabe señalar que, aunque Carmen Linares es una figura enormemente querida y respetada, la apuesta entrañaba sus riesgos. No es ningún secreto que la cantaora jienense acusa en los últimos tiempos una evidente merma en sus facultades, y desde luego quedan lejos sus mejores gestas en la edad dorada de los festivales. Pero no es menos cierto que vivimos en un mundo que tiene demasiada prisa por jubilar a los maestros –¡como si anduviéramos sobrados de ellos!–, de modo que la opción de Linares parecía, con todas las reservas, pertinente.
La citada Antología fue acogida en su momento como lo que es, un cofre de cantes preciosos, muchos de ellos enterrados en el olvido, que Carmen Linares sacaba a la luz dando nombre y honores a sus artífices, mujeres de leyenda que hasta los nombres los tenían flamencos: Niña de los Peines, La Trini, La Mejorana, Concha La Peñaranda, La Repompa, La Serneta, La Moreno, La Jilica de Marchena, La Perla, Marina La Conejilla, Dolores de la Huerta, Rosario la del Colorao, Tía Marina Habichuela… Y lo hizo, vale subrayarlo, en un momento en el que lo femenino no era ni mucho menos tendencia de mercado.
«Carmen no quiso despedirse por fiesta, sino con el Canto de la resignación por toná que escribió Ortiz Nuevo, dicho con su voz quebradiza, vulnerable, la de alguien que lleva cuatro décadas y media trasegando escenarios sin perder nunca la clase, la elegancia y la generosidad. Y que se merecía una noche como esta, con Sevilla a sus pies»

La noche, sin embargo, no empezó nada bien. La garganta de Carmen no estuvo fina en su arranque por aires de Lucena, y estas dificultades nos hicieron presagiar una noche sufrida, para ella y para quienes la escuchábamos en el patio de butacas. No se trataba, desde luego, de someter a doña Carmen Linares a ningún test. Pero eso que los ingenieros llaman fatiga de materiales amenazaba con convertir las dos horas y media que teníamos por delante en un calvario, y por mucho que la artista tirara de oficio o se aliviara en sus invitadas, tenía que sacar adelante un repertorio colosal.
Afortunadamente, aquello fue solo un comienzo desafortunado, porque en seguida pareció recomponerse y templarse en las alegrías y cantiñas que componen, dicho sea de paso, uno de los pasajes más hermosos de sus conciertos. Puede que en los tientos tangos, adornados con las banderitas republicanas de Triana, volvieran a asomar algunas dudas, aunque ya queríamos intuir que Carmen estaba en condiciones de salir airosa del desafío.
Las melancólicas notas de la Canción de amor de Paco de Lucía abrieron un tema instrumental dedicado al gigante de Algeciras antes de dar el comienzo el desfile de invitadas. Los limpios metales de la voz de la cordobesa Rocío Luna vibraron hermosamente por granaína, malagueña y taranta; la soleá por bulerías vino compartida por la jerezana María Terremoto; los tangos, por una Marina Heredia que volvía a pisar las tablas del Maestranza apenas unos días después de su ¡En libertad!; y con la memoria indeleble de Pastora Pavón cantó Carmen por seguiriya para que Rafaela Carrasco bordara filigranas en el aire con su baile.
Todas ellas desataron la apoteosis en las bulerías finales. Sin embargo, la maestra no quiso despedirse por fiesta, sino con el Canto de la resignación por toná que escribió el fundador de la Bienal, José Luis Ortiz Nuevo, dicho con su voz quebradiza, vulnerable, la de alguien que lleva cuatro décadas y media trasegando escenarios sin perder nunca la clase, la elegancia y la generosidad. Y que se merecía una noche como esta, con Sevilla a sus pies, dándole las gracias por ser médium de tantas heroínas olvidadas de lo jondo y por seguir abriendo caminos.
Ficha artística
Perlas a millares (30º aniversario de la Antología de la Mujer en el Cante), de Carmen Linares
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro de la Maestranza de Sevilla
3 de octubre de 2026
Cantaora: Carmen Linares
Guitarra: Salvador Gutiérrez
Guitarra: Edu Espín
Piano: Pablo Suárez
Percusión: Dani Suárez
Coros y palmas: Ana María González
Coros y palmas: Rosario Amador
Artistas invitadas: al cante, Marina Heredia, María Terremoto y Rocío Luna; al baile, Rafaela Carrasco



























