El espectáculo Los flamencos no van a la barbería, que el Teatro Alameda tenía previsto para la noche del miércoles 30 de septiembre, resultaba muy sugerente a primera vista. La idea de que ya no existen aquellas barberías a las que los flamencos acudían para escuchar al barbero tocar la guitarra –de ahí el toque a lo barbero por la postura del instrumento– y de camino se hacían unos cantecitos y aprender del maestro sonaba muy interesante. Recuerdo una de esas barberías en el rinconcito que había en la calle Betis, más cerca del mítico Puente de Triana. Era muy pequeña, pero tenía todo lo necesario y un encanto especial.
En el escenario se adivina una antigua barbería gracias a un trampantojo en el telón de fondo y una mesa de barbero con una maraña de productos capilares. Ahí José Rubichi y Bastián Blanco inician un breve entremés, en el que recuerdan que el negocio lo han heredado de su abuelo y que ya no van los flamencos por allí, aunque esta noche están esperando que lleguen Capullo y el de los Camarones. Con un punto de humor gracioso, se desarrolla un diálogo entre los cuatro que consigue algunas sonrisas del público, más por lo realistas de las actuaciones que por un esmerado guion.
Comienza el cante a dos con unos martinetes que inicia Capullo de Jerez y que le replica José el de los Camarones. Esta parte desenfadada dura poco, para dar paso a las intervenciones en solitario de ambos artistas.
«La noche nos traía la actuación de dos cantaores míticos con una fuerte personalidad, de los que ya no hay, representantes de la época más brillante del siglo recién pasado. Si José se decidió por la fusión y la mezcla, Capullo se mantuvo en la ortodoxia»

José de los Camarones
Su propuesta es absolutamente heterodoxa. Rock y psicodelia es el aire que elige transitar José para meter sus palos flamencos o aflamencar canciones imprimiendo con su voz sonidos de jondura. No sé qué pensará el amigo Pedro, que vino porque al de los Camarones no era fácil escucharlo habitualmente. Quizás no era este el repertorio que esperaba.
Entra en escena José con su pregón de lo camarones bajo el sonido estrepitoso de su banda rockera, que en la segunda mitad del cante pisó la voz del cantaor, por lo que no pudimos entender qué dijo, al menos de la mitad del teatro para atrás. Continuó con un cante por soleá titulado Copas vacías, para seguir con una malagueña con abandolaos en la que utiliza los versos de Santa Teresa de Jesús con su Aventuremos la vida.
Versionó el poema de Pablo Neruda Diálogos con Teresa junto con la artista invitada Ana Boheme, para continuar con la praviana –un cante flamenco, de origen asturiano, poco común en los repertorios actuales, con letra de Ángel González, titulado Para Nada. Sonó la bulería Anclé mi alma. Y metió por granaína Getsemaní. Para finalizar su repertorio con los Tangos de la libertad.
Nueva transición de los peluqueros José Rubichi y Bastián Blanco, quienes cantaron un Rap por Bulerías, cosas de hoy, para dar paso a la segunda parte.
«Es una pena que un espectáculo que se prepara con tanto interés y al que se le dedica un esfuerzo importante no tuviera un resultado más satisfactorio. Es inevitable que los dos cantaores no tengan soltura de movimiento en el escenario, ni capacidad de improvisación. Un espectáculo, para serlo, necesita más atención en la dirección y la puesta en escena, incluso en el guion, evitando fallos que tienen capacidad de corrección. Y también acercar a los artistas a formas y maneras más apropiadas para ellos»

El Capullo de Jerez
Desde luego, la noche nos traía la actuación de dos cantaores míticos con una fuerte personalidad, de los que ya no hay, representantes de la época más brillante del siglo recién pasado. Si José se decidió por la fusión y la mezcla, Capullo se mantuvo en la ortodoxia. Quizás hay que dar más énfasis, en este momento, a la personalidad brusca y rebelde de El Capullo de Jerez, que desde los inicios del espectáculo hizo varias referencias a la crítica, cosa que no puede tener más respuesta que la objetividad.
El Capullo de Jerez es un cantaor de rajo, de los que se rompen la camisa y sacan a jirones sus emociones para alcanzar una alta transmisión. Esto, asociado a su manera de ser, de comportarse, de estar en el escenario y de provocar, tiene un enorme predicamento entre un amplio sector del público que se enaltece escuchándolo. Es frecuente que el Capullo, cantando por fandangos, ponga en pie al público en los festivales donde se prodiga. Si bien es justo recordarle que hay determinadas letras nada favorecedoras para las mujeres que sería razonable que dejara de incorporar en su repertorio.
El cantaor jerezano inició esta segunda parte con una soleá al golpe, que sonó a verdad de los ancestros. Siguió con tientos tangos, fandangos, bulerías de Jerez y rumbas, todo ello con un fuerte aroma a los aires de Jerez. Y para rematar, un fin de fiesta con el elenco en el escenario, en el que se interpretaron rumbas, cantes abandolaos y bulerías.
Es una pena que un espectáculo que se prepara con tanto interés y al que se le dedica un esfuerzo importante no tuviera un resultado más satisfactorio, pero es inevitable que los dos cantaores no tengan soltura de movimiento en el escenario, ni capacidad de improvisación. Un espectáculo, para serlo, necesita más atención en la dirección y la puesta en escena; incluso en el guion, evitando fallos que tienen capacidad de corrección. Y también acercar a los artistas a formas y maneras más apropiadas para ellos. La presencia en escena es muy importante para conseguir una buena aprobación del público. En definitiva, pureza y transgresión se dieron la mano en el Teatro Alameda como resistencia de su arte.
Ficha Artística
Los flamencos no van a la barbería, de José de los Camarones y Capullo de Jerez
XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Teatro Alameda
30 de septiembre de 2026
José de los Camarones
Cantaor: José de los Camarones
Teclista: José Manuel García-Pelayo
Guitarrista: Jorge Gómez
Bajista: Dani Quiñones
Baterista: Rafael G. Fontaiña “Teto”
Artista invitada: Ana Boheme
Capullo de Jerez
Cantaor: Capullo de Jerez
Guitarra: Ramón Trujillo
Percusión: El Tripa
Palmas: José Rubichi y Miguel Flores
Dirección artística: Bastián Blanco











