Los que somos considerados millennials, los nacidos en torno al año 90, hemos crecido en Jerez escuchando a una generación que pronto se marchó dejando un sabor a nostalgia que aún perdura. Sí, tuvimos la suerte de llegar a compartir fiestas familiares en las que se encontraban artistas como José Vargas El Mono, Moraíto, Luis de la Pica, El Garbanzo, La Paquera, Tío Sordera, Fernando Terremoto, Rubichi, Manuel Moneo, El Torta, La Chati, o el recordado Curro de la Morena. Mirándolo con el catavino medio lleno, lo cierto es que fue una suerte al menos rozarlos por un tiempo si tenemos en cuenta que la siguiente generación desgraciadamente no pudo hacerlo, porque la fiesta comenzó a celebrarse en el cielo.
Francisco Carrasco Vargas murió hace veinticinco años. Curro de la Morena sigue vivo, porque no hay quien no recurra a su nombre cuando se habla de buenos cantaores de Jerez. Más insistentemente en el campo de la saeta, a la que tenía especial apego en una expresión absolutamente cabal y profunda solo superada por la gitanería de su “leco”, pareciendo que “el corazón le salía por la boca”. Curro fue mucho más. Fue padre y esposo, festero por naturaleza, sonrisa infinita, cabeza anillada, “cuellos perfectos de camisas”, caracolero y admirador de Fernanda de Utrera, peñista de Tío José, a la que consideró su casa, fundador y presidente de la misma, de la calle Cantarería. Fue de esa época de gañanías y ventas de madrugada, puro y sin fisuras, el del “maldito calderero” en Nochebuena, un trabajador nato en el Bimbo. Curro fue y es un referente del cante de Jerez que nació en 1948 en una casa humilde en la que el patio de vecinos, el número 10 de la calle mencionada, era el perfecto equilibrio entre la alegría y la fatiga por bulerías.
La Peña Tío José de Paula preparó una Exaltación Poética dedicada al cantaor en la señalada efeméride en la que participaron nombres propios de la poesía jerezana, grandes saeteros, las hermandades cercanas y vinculadas al cantaor y, sobre todo, la emocionante presencia de su familia. También el salón de la entidad de calle Merced se llenó de buenos amigos que conocieron a Curro, miembros de las peñas flamencas, también de la Cátedra de Flamencología, aficionados a su cante y numerosos jóvenes.
«Curro de la Morena fue y es un referente del cante de Jerez que nació en 1948 en una casa humilde en la que el patio de vecinos, el número 10 de la calle Cantarería, era el perfecto equilibrio entre la alegría y la fatiga por bulerías»

El compañero José María Castaño comenzó disertando sobre la figura de Curro apoyándose en grabaciones que recogió en su día como una soleá junto a Periquín Niño Jero en la antigua sede de la peña, aquella pequeñita que sirvió de cuarto de cabales cada fin de semana. Escuchamos la saeta de “las manos del Prendimiento son dos lirios encendíos…”, que nos dejó sin apenas aliento para continuar. Las propias hermandades del Prendimiento, Buena Muerte, Jesús Nazareno, la del Transporte y la de los Judíos de San Mateo llevaron enseres a modo de banderas y colgaduras (reposteros) que sirvieron para dar aún más categoría al acto. Cabe mencionar la Cruz de Guía de la hermandad de San Mateo presidiendo el escenario. Posteriormente fueron los versos (y la prosa) de Antonio Gallardo Monje, Ángel Rodríguez Aguilocho y Andrés Villagrán las que enaltecieron las cualidades y singularidades de Curro de la Morena, sobre todo en la saeta, recibiendo grandes aplausos del respetable. Fueron pequeños destellos de genialidad los que se escucharon, que parece fácil, pero… ¡qué difícil es escribir!
Entre décimas y romances, sonaron las saetas de Abraham El Zambo, Joaquín Fernández y Joaquín el Zambo, todo con un sentido de recogimiento francamente emotivo. Pero Joaquín, actual presidente y otro de los fundadores, no se aguantó y le pidió a Luis de Pacote (Comandante Lara en su faceta humorística) que se sumara. No pudo negarse y se mostró generoso, con anécdotas y una saeta de esas que cuestan acabar por una garganta rota en llanto.
Sus hijos –Juan, Carmen y Luisa– y sus nietas fueron invitados a subir al escenario recogiendo el aplauso de todos los asistentes, muchos de ellos con lágrimas en los ojos y dándoles un abrazo a quienes cogieron el testigo de la voz morena de Santiago, al que cantó Gitana Blanca como nadie. Se mostraron agradecidos y plenos de orgullo por lo sucedido, recibiendo algunos recuerdos para la posteridad. Zarzuelita, otro cantaor y cofrade jerezano, puso la guinda al pastel con otra saeta por seguiriyas que nos indicó el camino a la inmediata Semana Santa como si fuese San Juan. ♦





