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ARACELI MUÑOZ

La joven integrante del Ballet Flamenco de Andalucía brilló por su estampa y hechuras en el recital de baile que ofreció en la Peña Flamenca Torres Macarena de Sevilla. Araceli Muñoz es una muñeca de porcelana fina. No por delicada se rompe, porque se lanza a los quiebros y replantes sin perder la compostura, así como menea sus caderas picantonas o pasea luciendo su hermosa estampa clavando la mirá a sentencias jondas y caricias dulces, lo que el baile pida. No busquen en ella el trapío o la herida. Todo es elegancia y gallardía, aunque arremete con fuerza en los pasajes valientes y conjuga el baile de pies bien definidos con un braceo brioso, exquisito. Verla bailar es todo un espectáculo. Te roba los ojos y la sonrisa. Pero, atentos, que sabe pararse. Y sus silencios pesan quintales a pesar de su rabiosa juventud. José Luis Medina son sus manos. Compañero de cuadro y de vida sentimental al que le endiñó un beso al concluir el recital. Un despropósito de guitarrista que avanza a pasos agigantaos para ocupar un sitio entre los grandes. Fue quien abrió la noche, preñado de fresca musicalidad sin dejar de sonar flamenco. No se aferra solo a la armonía, sino que lo melódico transita en la concepción de sus composiciones, como la taranta con bulería con la que nos dejó la boca abierta y las palmas rojas de aplaudir su proeza. Destacó en el solo y al acompañamiento, con falsetones que recogían el cante y el baile para meterlos por la boca de su sonanta, respondiendo en los tiempos justos, siempre a compás, descollando en trémolos, bordoneos y unos cuantos momentazos de tiraíllos y alzapúas. Técnico, sensible y original. El cante de Javi Rivera nos dejó algunos instantes de gusto cuando se acordó de Triana o la soleá de Inés Bacán, sin desmerecer el resto de su intervención, por distinta, pero el color de su voz y sus formas no terminaron de convencer al respetable, ya que las comparaciones son odiosas y tenía al lado a un titán. Miguel Lavi fue de menos a más, quizás guardándose una mijita para no ablandar los callos de su tragaero, porque pronto canta en solitario en el Festival de Jerez. Aun así, escarbó como siempre abonando mi debilidad por sus arañones y esa forma de masticar los tercios, aguantarlos y empujar después, o la manera que tiene de mecer los bajos y rajarse arriba como si no hubiera un mañana, jincando las uñas. Primero en el temple por soleá, donde el gañote del jerezano ya dolía. Y luego en los ecos de El Carbonerillo por Cádiz o las variantes jerezanas de la bulería pa escuchá.   El añil de la ropa le ciñó la cintura a Araceli que subió a las tablas por taranto y tangos –bien enjaretá la levantica de El Cojo de Málaga en la nuez de Rivera– Elegantona y metía en su papel, sin ojana, sintiéndose, le bailó en todo momento al cante y a la guitarra, en un diálogo ora tierno ora sufrido, buscando a veces el contrapunto en los ritmos, mientras ella alzaba los brazos lentamente o giraba el torso con naturalidad y aplome. La dureza de un lamento no le restó feminidad. Sus pasos fueron rotundos y el gesto siempre oportuno. El cambio a los tangos la volvieron zalamera y juguetona, aireando sus cachas sin llegar a la obscenidad con los arreones de los volantes del vestío y buenos meneos de culo. Y que le den al perreo habiendo mujeres flamencas que sepan moverse así. Los tientos tangos de los cantaores sirvieron de preludio a lo mejor de la noche: el baile por alegrías. Araceli se vistió con una sonrisa, se puso contenta, una bata espléndida de lunares verdes –que supo mover con talento– cosida por las manos de su santa madre y el mantón con el que hizo cosquillas a los de la primera fila y hasta a Carmen Ledesma, que se sienta al final. Aquello fue poesía linda. Tremendo el silencio antes de la escobilla, la destreza con el mantón, los dibujos de su cuerpo, la pose sin pose, la belleza… para inmortalizarla en la retina y vender estampitas con sus hechuras. Araceli Muñoz derritió al público con el preciosismo del baile y la actitud sobre el escenario. Y de postre el fin de fiesta acostumbrado, al que se subieron muchos de sus compañeros del Ballet, que ha encontrado entre los muros de Torres Macarena su segunda casa, un lugar donde ser, un rinconcito de encuentro y los maderos donde no diluirse entre el cuerpo de baile para decir yo soy, con identidad propia y con los reaños que justifican su posición, ganada a pulso porque lo valen. Y Araceli lo defendió. No es bailaora de pellizcos gordos, pero te deja tierno, feliz… con lo difícil que es eso.   Ficha artística Recital de baile de Araceli Muñoz Peña Flamenca Torres Macarena, Sevilla 18 de febrero de 2026 Baile: Araceli Muñoz Cante Miguel Lavi y Javi Rivera Guitarra: José Luis Medina  

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  • Mar 2026
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