{"id":2689,"date":"2025-04-07T17:35:06","date_gmt":"2025-04-07T15:35:06","guid":{"rendered":"https:\/\/expoflamenco.com\/revistanew\/la-hondura-del-cante-por-saeta\/"},"modified":"2025-04-07T17:35:06","modified_gmt":"2025-04-07T15:35:06","slug":"la-hondura-del-cante-por-saeta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/expoflamenco.com\/revista\/la-hondura-del-cante-por-saeta\/","title":{"rendered":"La hondura del cante por saeta","gt_translate_keys":[{"key":"rendered","format":"text"}]},"content":{"rendered":"<p>Escribo estas l\u00edneas a los sones del <strong>Domingo del Preg\u00f3n<\/strong>, acto cofrade que anuncia lo que ha de venir. El pregonero ha abierto las puertas de la ciudad y nos ha invitado a pasear por sus calles para recibir la presencia de Dios. Y en la partitura de ese paseo que durar\u00e1 siete d\u00edas, se recoge la m\u00fasica de los flamencos, un cante de temporada dirigido a nuestras advocaciones y no al cielo, porque si este tiene cara de malaje y amenaza encapotado de nubes, ateng\u00e1monos a <strong>San Ignacio de Loyola<\/strong>, porque Dios no le volver\u00e1 la cara a la muerte, le volver\u00e1 la cara a la lluvia.<\/p>\n<p>Apuramos <strong>la Cuaresma donde el cristal de la saeta ha afilado sus filos<\/strong> y estos quedan ya prestos a marchar directamente hacia el coraz\u00f3n de la multitud. El saetero es consciente de que va a carecer de apoyo atonal y que tropezar\u00e1, obviamente, con los matorrales del estilo, a sabiendas de que, si no salva las dificultades y sobrevuela el ruido de los pregones callejeros, est\u00e1 condenado a hundirse en el pantano de su propia confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>La importancia de <strong>la cadencia entonativa de la saeta<\/strong> es, a esta luz, tan apremiante que, aparte de quedar traspasada por los encantos de las advocaciones preferidas, el saetero tiene que apuntar sus fines m\u00e1s inmediatos a la identificaci\u00f3n de su estado de \u00e1nimo con la fe cofradiera.<\/p>\n<p>Pero si la saeta hay que interpretarla como <strong>pura met\u00e1fora de las convicciones religiosas<\/strong>, es tambi\u00e9n evidente que el cantaor ha de asumir la puesta en escena, no dejarse ahogar por el cuproso sonido de las cornetas ni distorsionar del ritmo de las marchas procesionales. La apretura de la muchedumbre y la lucha con el traicionero soplo del viento, son, igualmente, riesgos a\u00f1adidos.<\/p>\n<p>Mas no terminan aqu\u00ed los obst\u00e1culos. Porque todos estos contratiempos que se suceden como un caleidoscopio por la mente del cantaor encuentran <strong>un enemigo aun mayor en la espera interminable<\/strong>, que es, en suma, la que cierra el paso a lo impenetrable.<\/p>\n<p>La empresa, que exige al saetero el miedo a la contabilidad de los minutos, requiere una concentraci\u00f3n tal que a\u00f1ade a su impaciencia el ejercicio mental de sustraerse de la febrilidad del ambiente, de la atm\u00f3sfera que le rodea y del ansia del p\u00fablico.<\/p>\n<p>Salvados estos escollos, suena el clar\u00edn de la verdad. El cantaor se encuentra en el redondel de la soledad. Y <strong>all\u00e1 va su saeta: la modula con fragmentos mel\u00f3dicos convulsivos<\/strong>, por momentos casi morbosamente replegados sobre s\u00ed mismos, y la desarrolla con gran nerviosidad en la resoluci\u00f3n de los tercios, distendiendo y haciendo vibrar las notas hasta generar irritaci\u00f3n, haci\u00e9ndonos caer a todos en una histeria lacerante y sin soluci\u00f3n de continuidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00abNo le falt\u00f3 raz\u00f3n a San Agust\u00edn a la hora de proclamar que reza dos veces quien canta bien. Pero no s\u00f3lo quien canta bien, sino quien sabe lo que canta, porque recordemos que hasta finales del siglo XIX las saetas merecieron la erradicaci\u00f3n por parte de la Prensa por mor de la mofa que se hac\u00eda de nuestras sagradas costumbres\u00bb<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al final, es el triunfo quien conduce al cantaor a la gloria. Aquellos minutos que parecieron m\u00e1s largos que en ning\u00fan otro cante, le han devuelto a una eternidad perdurable: la saeta ha revisado una vez m\u00e1s las <strong>sensaciones sonoras de la Fiesta del Amor<\/strong> porque el saetero ha hecho de su cante un instrumento al servicio de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas. Con \u00e9l, <strong>Cristo<\/strong> y <strong>Mar\u00eda<\/strong> se hacen m\u00e1s presentes, y la concurrencia se convierte en receptor y, a su vez, en una suerte de sensibilidad refleja, m\u00e1ximo objetivo entre la conciencia art\u00edstica y el horror de la realidad.<\/p>\n<p>No le falt\u00f3 raz\u00f3n, por consiguiente, a <strong>San Agust\u00edn<\/strong> a la hora de proclamar que <em>reza dos veces quien canta bien<\/em>. Pero no s\u00f3lo quien canta bien, sino quien sabe lo que canta, porque recordemos que, seg\u00fan recoge la hemeroteca sevillana, hasta finales del siglo XIX las saetas \u2013llamadas entonces <strong>jaculatorias<\/strong>\u2013 merecieron la erradicaci\u00f3n por parte de la Prensa por mor de la mofa que se hac\u00eda de nuestras sagradas costumbres.<\/p>\n<p>Por fin el peri\u00f3dico <em>El Liberal<\/em> recoge el 3 de abril de 1915 \u2013ojo, diez a\u00f1os despu\u00e9s de que la saeta flamenca ya fuera reconocida como una de las genialidades de <strong>Enrique el Mellizo<\/strong> en C\u00e1diz\u2013 los cantes por saetas de <strong>Ni\u00f1o Medina<\/strong> y <strong>Jos\u00e9 Cepero<\/strong> en los balcones de la calle Sierpes. Era la primera vez que aparec\u00edan los flamencos saeteros en los medios de comunicaci\u00f3n sevillanos, mereciendo tan especial inter\u00e9s que hasta el mismo rotativo recoge al a\u00f1o siguiente, 1916, esta rese\u00f1a:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px;\"><em>Al pasar la cofrad\u00eda de San Bernardo por la plaza de Mendiz\u00e1bal (hoy, Plaza de la Alfalfa), una joven vecina del barrio llamada Roc\u00edo Vega cant\u00f3 irreprochablemente desde unos de los balcones de la referida plaza varias saetas, que produjeron gran entusiasmo en el p\u00fablico que all\u00ed se aglomer\u00f3, el cual hizo que volvieron los pasos dando frente a la citada joven<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aludo, como el lector barrunta, a <strong>La Ni\u00f1a de la Alfalfa<\/strong>, aquella saetera imponente que en 1932 le cant\u00f3 a la <strong>Virgen de La Estrella<\/strong>: <em>Que Espa\u00f1a ya no es cristiana \/ se o\u00eda en el monte azul \/ y aunque seas republicana \/ aqu\u00ed quien manda eres t\u00fa \/ Estrella de la ma\u00f1ana.<\/em><\/p>\n<p>El anecdotario ser\u00eda interminable de quienes anclaron los latidos de su coraz\u00f3n dirigiendo la mirada de sus rezos hechos cantes a Aquel que, en definitiva, les salv\u00f3 la vida de alg\u00fan familiar o conocido, hasta romperse las cuerdas de sus gargantas entre los rincones de la saeta.<\/p>\n<p>Nadie duda que el Santo, San Agust\u00edn, fuera pose\u00eddo por esta m\u00fasica singular de un pueblo que, en su af\u00e1n de perfecci\u00f3n religiosa, se apoy\u00f3 en la saeta para arrojarse al mar abierto de su confesi\u00f3n p\u00fablica, y la dej\u00f3 escurrir por los lomos verdosos de las olas hasta hacerla regresar al arenal de la muchedumbre, afianzando as\u00ed su fe, virtud que, como predic\u00f3 <strong>San Pablo<\/strong> en <strong>\u00c9cija<\/strong>, es la sustancia de las cosas que se esperan y la demostraci\u00f3n de las que no se ven.<\/p>\n<p>Pero si la saeta es el himno de la fe porque su m\u00fasica es m\u00e1s agradable que una conversaci\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo negarle su categor\u00eda de cante jondo?, se preguntaba <strong>Joaqu\u00edn Romero Murube<\/strong>. <em>S\u00ed; cante hondo es la saeta. \u00bfPero, qu\u00e9 hondura? La m\u00e1s intensa. La que no admite medida ni c\u00e1lculo humano\u2026 Es la hondura de una l\u00e1grima; es la hondura de una espina clavada en la sien de la bondad; es la hondura del sentimiento religioso que une, a trav\u00e9s del hombre, los centros de la tierra con la grandiosidad infinita del amor de Dios<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false,"gt_translate_keys":[{"key":"rendered","format":"html"}]},"excerpt":{"rendered":"<p>La saeta ha revisado una vez m\u00e1s las sensaciones sonoras de la Fiesta del Amor porque el saetero ha hecho de su cante un instrumento al servicio de la Pasi\u00f3n de Jes\u00fas. 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