{"id":251,"date":"2025-12-18T14:38:09","date_gmt":"2025-12-18T13:38:09","guid":{"rendered":"https:\/\/expoflamenco.com\/revistanew\/2025\/12\/18\/una-fiesta-jonda-con-poetas-memorias-de-la-flamenca-generacion-del-27\/"},"modified":"2026-01-16T08:46:02","modified_gmt":"2026-01-16T07:46:02","slug":"una-fiesta-jonda-con-poetas-memorias-de-la-flamenca-generacion-del-27","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/expoflamenco.com\/revista\/una-fiesta-jonda-con-poetas-memorias-de-la-flamenca-generacion-del-27\/","title":{"rendered":"Una fiesta jonda con poetas: memorias de la flamenca Generaci\u00f3n del 27","gt_translate_keys":[{"key":"rendered","format":"text"}]},"content":{"rendered":"<p><strong>16 de diciembre de 1927.<\/strong> Hace ahora noventa y ocho a\u00f1os. El <strong>Ateneo de Sevilla<\/strong>, y la personalidad arrolladora y los dineros toreros de <strong>Ignacio S\u00e1nchez Mej\u00edas<\/strong>, organizan un encuentro de poetas para conmemorar el tercer centenario de la muerte del cordob\u00e9s <strong>Luis de G\u00f3ngora<\/strong>, luz eterna del Siglo de Oro de las letras castellanas.<\/p>\n<p>La jornada principal se celebra en el sal\u00f3n de actos de la <strong>Sociedad Econ\u00f3mica de Amigos del Pa\u00eds<\/strong> de la calle Rioja, que en las instalaciones del Ateneo se est\u00e1 preparando la Cabalgata de Reyes Magos \u2013sue\u00f1o hecho realidad de <strong>Jos\u00e9 Mar\u00eda Izquierdo<\/strong>, mirada de ni\u00f1o grande\u2013. A la primera tarde literaria, que termina a eso de la media noche, no acuden m\u00e1s de treinta o cuarenta personas. Mucho asiento vac\u00edo, hueco. Est\u00e1n presentes, eso s\u00ed, todos los poetas sevillanos de la revista <em>Mediod\u00eda<\/em>: <strong>Romero Murube, Llosent, Laff\u00f3n, Sierra, Villal\u00f3n<\/strong>\u2026 y <strong>Adriano del Valle<\/strong>, que le arroj\u00f3 a Federico, tras leer este poemas de su <em>Romancero gitano,<\/em> \u201cla chaqueta, el cuello y la corbata\u201d. Y un tal <strong>Luis Cernuda<\/strong>, con la mirada gacha y queriendo hacerse invisible, convertirse en <em>Perfil del aire<\/em>.<\/p>\n<p>Tras los recitados y el fogonazo de magnesio de la famosa fotograf\u00eda, Ignacio se lleva a los poetas a su finca para celebrar el encuentro y la vida. El aire de Sevilla, fr\u00edo y distante, contrasta con el calor humano de lo que est\u00e1 a punto de fraguarse en el sal\u00f3n principal de la Finca de Pino Montano, iluminado con velas de reminiscencias cofrades. La finca la compr\u00f3 <strong>Joselito El Gallo<\/strong> a su hermano <strong>Rafael<\/strong>, que ya sabemos c\u00f3mo era <em>El Divino Calvo<\/em> con las cosas que tuvieran que ver con los jurdeles. Cuando los poetas del 27 llegan a Sevilla, la finca ya pertenece, aunque no en los papeles, a <strong>Lola<\/strong>, la hermana de Jos\u00e9 y esposa de Ignacio S\u00e1nchez Mej\u00edas. Aquel es un paraje rodeado de pinos, alejado de los ruidos y las prisas de la ciudad. El aire, cortante y misterioso, corre por entre las palmeras, a ras de los arriates de claveles y rosas, sobrevolando las almenas que coronan la fachada. Aquel refugio andaluz de sombras y luces tenues, de paredes blanqueadas, se convertir\u00e1 por unas horas eternas en el epicentro de la historia del flamenco. Un momento mil veces recordado.<\/p>\n<p>Se hace el silencio en la reuni\u00f3n. La manzanilla sigue corriendo, pero ya no hay ni recitados de poemas \u2013que <strong>D\u00e1maso Alonso<\/strong> ha soltado de memoria las <em>Soledades<\/em> de G\u00f3ngora, de pit\u00f3n a rabo, en espa\u00f1ol y en ingl\u00e9s\u2013, ni hipnotismos, ni <em>j\u00e1malas j\u00e1malas<\/em> morunos, ni espiritismos, ni risas j\u00f3venes y desenfadadas. Eso ya se ha acabado. <em>Se fini<\/em>, en la lengua de <strong>Apolllinaire<\/strong> y <strong>Bret\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00abEn ese instante, el flamenco es m\u00e1s que un arte. Es una forma de vivir, una manera de tratar de entender el mundo a trav\u00e9s del dolor, de la pasi\u00f3n y de la libertad. Es la tierra misma, las ra\u00edces de la existencia, el esp\u00edritu del creador\u00bb<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La noche se viste de negro. De un negro serio y respetuoso, que los duendes asoman ya por las rendijas de las ventanas cerradas a cal y canto. Emergen las luces y las sombras del arte flamenco, con toda su tragedia y su locura a los lomos. Es la hora de la guitarra ronca y del aire denso del cante.<\/p>\n<p>Todos miran a un gitano cabal de Jerez de Frontera, \u201ctronco de fara\u00f3n\u201d, \u201cun bronco animal herido\u201d, \u201cun terrible pozo de angustias y de sonidos negros\u201d, \u201cel hombre con m\u00e1s cultura en la sangre\u201d, que sentenci\u00f3 <strong>Federico Garc\u00eda Lorca<\/strong>. Est\u00e1 sentado en una silla de enea, en un rinc\u00f3n, bebiendo aguardiente y con la mirada clavada en el suelo, como si pudiera ver a trav\u00e9s de la tierra. A su lado, <strong>Manuel G\u00f3mez V\u00e9lez<\/strong>, <strong>Manolo de Huelva<\/strong>, fiel escudero en las noches donde los duendes aparecen o no. Eso era lo de menos entre ellos. Lo importante es estar donde hay que estar. Ponerse en el sitio donde los toros reparten cornadas y glorias. Y ese era el sitio, el lugar exacto, donde siempre estaba <strong>don Manuel Soto Loreto<\/strong> \u2013o <strong>Leyton<\/strong>, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s da?\u2013. Con el paso de los a\u00f1os, Ignacio lo llevar\u00e1 de la mano a varios m\u00e9dicos para que le curaran los males incurables que se lo llevaron a la tumba el verano del a\u00f1o 1933.<\/p>\n<p>Hay por ah\u00ed quien ha dicho que aquello fue una juerga de se\u00f1oritos. Para nada. Aquello fue una fiesta de la cultura: la que se escribe y la que se canta. Todo el que quiera sacar los pies del tiesto puede hacerlo. Pero lo de <em>La arboleda perdida<\/em> de <strong>Alberti<\/strong> y lo que sintieron otros asistentes no va por ese camino de caballeros y vasallos. Aqu\u00ed se vivi\u00f3 lo inexplicable, lo que solo se puede entender a trav\u00e9s de la emoci\u00f3n, nunca de la raz\u00f3n. En aquella finca, en aquella noche, los poetas y los artistas se dejaron llevar por algo m\u00e1s grande que ellos mismos, algo que se desborda entre la m\u00fasica y los versos, que a fin de cuentas es lo mismo.<\/p>\n<p>En la fiesta est\u00e1 Garc\u00eda Lorca, y su <em>Poema del cante jondo<\/em>. D\u00e1maso Alonso algo despistado, que cre\u00eda que <em>Tu calle ya no es tu calle, \/ es una calle cualquiera \/camino de cualquier parte<\/em> era popular y no autor\u00eda de <strong>Manuel Machado<\/strong>. <strong>Gerardo Diego<\/strong>, al que cant\u00f3 toreramente <strong>Diego Clavel<\/strong>. Rafael Alberti, que <strong>Calixto S\u00e1nchez<\/strong> le cantar\u00eda su <em>Marinero <\/em>en tierra. <strong>Jorge Guill\u00e9n<\/strong>, <em>Cante jondo, cante jondo \/ un ay se aleja y se esconde<\/em>. <strong>Jos\u00e9 Bergam\u00edn<\/strong>, so\u00f1ando ya con <em>La m\u00fasica callada del toreo<\/em>. <strong>Fernando Villal\u00f3n<\/strong>, que \u201csi no se me parte el palo\u2026\u201d. <strong>Juan Chabas<\/strong> y <strong>Pep\u00edn Bello<\/strong>, pegamento cordial de la generaci\u00f3n desde los tiempos de la Residencia de Estudiantes de los Madriles.<\/p>\n<p>En el centro de las miradas vidriosas, <strong>Manuel Torre<\/strong>, el gitano profundo y sabio del cante, que afina sus sue\u00f1os con la mirada perdida en la carrera de un galgo tras la liebre por el perdidero, prepar\u00e1ndose para hacer el cante que vibra en las entra\u00f1as.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00abEl cante jondo, con su pureza y su profundidad, se despliega en todo su esplendor. La voz de Manuel Torre es un r\u00edo de lamentos, de quejas calladas y de gritos ahogados que solo el flamenco puede traducir. Cada nota, cada tercio, resuena con una fuerza inusitada, como si la misma tierra andaluza hablara a trav\u00e9s de su garganta gitana, contando historias de duendes, de esp\u00edritus que vagaban entre los vivos y los muertos\u00bb<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El flamenco, en este instante, es m\u00e1s que un arte. Es una forma de vivir, una manera de tratar de entender el mundo a trav\u00e9s del dolor, de la pasi\u00f3n y de la libertad. El flamenco, ahora, es la tierra misma, las ra\u00edces de la existencia, el esp\u00edritu del creador. Mientras, el duende se ha posado en el centro mismo de la reuni\u00f3n flamenca y literaria.<\/p>\n<p>El cante jondo, con su pureza y su profundidad, se despliega en todo su esplendor. La voz del Torre es un r\u00edo de lamentos, de quejas calladas y de gritos ahogados que solo el flamenco puede traducir. Cada nota, cada tercio, resuena con una fuerza inusitada, como si la misma tierra andaluza hablara a trav\u00e9s de su garganta gitana, contando historias de duendes, de esp\u00edritus que vagaban entre los vivos y los muertos. El aire vibra, como si la magia del flamenco pudiera deshacer la realidad misma.<\/p>\n<p>El fr\u00edo de la noche se ha derramado en la finca, junto a la chimenea, donde crujen las ramas de olivo. Sin embargo, los m\u00fasicos y los poetas est\u00e1n, literalmente, entregados a la magia del flamenco, como si no tuvieran conciencia del paso del tiempo. <strong>El duende, esa entidad misteriosa y et\u00e9rea, se ha apoderado de todos los presentes, llenando la habitaci\u00f3n con una atm\u00f3sfera surrealista.<\/strong> Los cantes del Torre se cruzan con las palabras de Lorca, mientras los ojos de los poetas brillan con una luz febril, como si pudieran ver m\u00e1s all\u00e1 de lo que realmente ven.<\/p>\n<p>Las primeras luces tempraneras desvanecen el instante. La claridad sucia de la ma\u00f1ana ti\u00f1e el cielo bajo y plomizo, con una mezcla de grises y nubes blancas. La verdad del flamenco se ha desatado. Se ha quitado, de un manotazo, el collar de las posturas y las correcciones. <strong>Las l\u00e1grimas afloran en los ojos del de Granada. El de Mor\u00f3n se tira de los pelos.<\/strong> El sal\u00f3n de Pino Montano ha sido invadido por una quietud invernal, por una explosi\u00f3n contenida por siglos de arte, por la pasi\u00f3n y por los corazones latiendo al comp\u00e1s de la seguiriya que se queda en la memoria para los restos de los restos. De fondo, se escucha el ladrido de un perro. \u2666<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false,"gt_translate_keys":[{"key":"rendered","format":"html"}]},"excerpt":{"rendered":"<p>Aqu\u00ed se vivi\u00f3 lo inexplicable. En aquella finca de Ignacio S\u00e1nchez Mej\u00edas, en aquella noche, los poetas y los artistas se dejaron llevar por algo m\u00e1s grande que ellos mismos. 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