{"id":10827,"date":"2026-10-05T20:24:09","date_gmt":"2026-10-05T18:24:09","guid":{"rendered":"https:\/\/expoflamenco.com\/revista\/?p=10827"},"modified":"2026-10-05T21:30:49","modified_gmt":"2026-10-05T19:30:49","slug":"flamenquify-un-verbo-nos-ha-nacido-cuajara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/expoflamenco.com\/revista\/flamenquify-un-verbo-nos-ha-nacido-cuajara\/","title":{"rendered":"Flamenquify. Un verbo nos ha nacido. \u00bfCuajar\u00e1?","gt_translate_keys":[{"key":"rendered","format":"text"}]},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left\">A Meira Goldberg,<br \/>\nflamenca querida del Bronx<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El 28 de febrero de 2026 impart\u00ed una conferencia en la <a href=\"https:\/\/www.nypl.org\/locations\/lpa\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">New York Public Library for the Performing Arts<\/a> sobre <strong>Encarnaci\u00f3n L\u00f3pez J\u00falvez, <em>la Argentinita<\/em><\/strong>, una de las figuras m\u00e1s significativas de la llamada Edad de Plata espa\u00f1ola (c. 1898-1936). Me acompa\u00f1aron sobre las tablas dos estupendas artistas del mundo flamenco, la cantaora <strong>Roc\u00edo M\u00e1rquez<\/strong> y la bailaora <strong>Irene Morales<\/strong>, pero no estuvimos solos en escena: a trav\u00e9s de las palabras que le\u00ed en voz alta y de las piezas art\u00edsticas que mostr\u00e9, acudieron a acompa\u00f1arnos los poetas Joan Margarit y Federico Garc\u00eda Lorca, los dramaturgos Tennessee Williams e Ignacio S\u00e1nchez Mej\u00edas, el cineasta Charles Chaplin, los escritores Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, los compositores Manuel de Falla, Gustavo Pittaluga y Rodolfo Halffter, el pintor Salvador Dal\u00ed y los bailadores Pilar L\u00f3pez, Anton Dolin, Lydia Sokolova, Mario Maya, L\u00e9onide Massine, Carmen Amaya y Antonio Gades. En medio de aquella constelaci\u00f3n multig\u00e9nero de artistas y escritores, pronto me di cuenta de que se echaban en falta ciertas palabras, t\u00e9rminos espec\u00edficos del rico vocabulario flamenco que parec\u00edan intraducibles.<\/p>\n<p>En un momento de la charla habl\u00e9 del inter\u00e9s que los int\u00e9rpretes de flamenco han mostrado por un repertorio concreto: el conjunto de diez canciones tradicionales seleccionadas y armonizadas para voz y piano por <strong>Federico Garc\u00eda Lorca<\/strong> en 1931 que la Argentinita grab\u00f3 bajo el t\u00edtulo de <strong><em>Canciones populares antiguas<\/em><\/strong>, con Lorca al piano y ella misma cantando, tocando las casta\u00f1uelas y, en ocasiones, zapateando. Estas piezas populares han recorrido estilos, escuelas y territorios art\u00edsticos muy diversos: el folk, la canci\u00f3n de sal\u00f3n, el repertorio cantable del bando republicano espa\u00f1ol e internacional en la Guerra Civil, y, finalmente, el flamenco. Sobre todo, el flamenco, un g\u00e9nero con el que han descubierto una afinidad irresistible. \u00abEsto tiene que ver \u2013dec\u00eda\u2013 con el amor que muchos artistas flamencos sienten por la obra de Lorca, pero tambi\u00e9n con la capacidad singular de este arte para hacer algo que no es f\u00e1cil de traducir: aflamencar, es decir, convertir en flamencas piezas musicales que no lo son. Mis estudiantes y yo acordamos que, para tal menester, deb\u00edamos usar la palabra <em>flamenquify<\/em>\u00bb. Desde el atril pude percibir la reacci\u00f3n complacida del p\u00fablico: murmullos festivos, risas sueltas.<\/p>\n<p>El ingl\u00e9s carece todav\u00eda de una palabra que vierta ese concepto y esta ausencia importa, porque la acci\u00f3n que nombra es central en lo que concierne a los mecanismos de creaci\u00f3n y desarrollo del g\u00e9nero. \u00bfQu\u00e9 hacer, entonces? \u00bfDeber\u00edamos usar el verbo espa\u00f1ol e intentar encajarlo en el discurso for\u00e1neo o tratar de encontrar un equivalente ingl\u00e9s adecuado, uno que podamos proponer, justificar, definir y comparar con t\u00e9rminos ya existentes y ayudar a poner en circulaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Febrero marcaba tambi\u00e9n el inicio del semestre de primavera de 2026 en el <strong>Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Granada<\/strong> y yo acababa de impartir las primeras cuatro semanas de mi curso <strong><em>El arte flamenco en la sociedad y la cultura<\/em><\/strong>. Para entonces, conoc\u00eda ya bastante bien a aquel grupo de diez alumnos curiosos, vivaces e ingeniosos: la mayor\u00eda eran estadounidenses y, unos pocos, estudiantes internacionales matriculados en universidades de Estados Unidos.<\/p>\n<p>Al final de esa cuarta semana, antes de partir para Nueva York, nos hab\u00edamos preguntado en clase si el verbo espa\u00f1ol <em>aflamencar<\/em> podr\u00eda verterse satisfactoriamente al ingl\u00e9s. Tras explicar el significado de la palabra, sonde\u00e9 a los estudiantes sobre si la consideraban intraducible \u2014tal como est\u00e1 sucediendo con el sustantivo <em>duende<\/em>, tan estrechamente asociado a la po\u00e9tica de Federico Garc\u00eda Lorca y hoy usado en el ingl\u00e9s americano sin ninguna alteraci\u00f3n de su graf\u00eda\u2014, o si ser\u00eda posible hallar el equivalente ingl\u00e9s. Rebuscando en mi memoria, creo que fue <strong>Evan Divittorio<\/strong> quien pronunci\u00f3 primero la palabra y que <strong>Emma Mej\u00eda<\/strong> fue la primera en respaldarla: [flam\u00e9nkif\u00e1i], eso fue lo que pronunciaron aquellos labios. Otros, entre ellos <strong>Isabel Ibarra, Jin Isaac, Hazel Seligson<\/strong> y probablemente <strong>Nicanor Roebuck<\/strong>, apoyaron pronto la sugerencia, algunos con cierta vacilaci\u00f3n, mientras varios ofrec\u00edan paralelos ingleses: <em>jazzify<\/em>, <em>bluesify<\/em>, <em>rockify<\/em>, <em>funkify<\/em>, incluso <em>popify<\/em>. Eran precedentes s\u00f3lidos y acreditados, acu\u00f1ados, por a\u00f1adidura, en el mundo de la m\u00fasica. Muy bien, pens\u00e9 para mis adentros, hab\u00edamos encontrado la palabra o, al menos, sus \u00faltimas letras.<\/p>\n<p>La forma de pronunciarla planteaba, no obstante, un problema. Todos hab\u00edamos articulado instintivamente la voz como [flam\u00e9nkif\u00e1i], secundando un patr\u00f3n fon\u00e9ticamente veros\u00edmil que ahora hab\u00eda que trasladar a la graf\u00eda inglesa, y yo mismo hab\u00eda escrito de manera autom\u00e1tica <em>flamenquify<\/em> en la pizarra, siguiendo las convenciones ortogr\u00e1ficas del espa\u00f1ol. En ingl\u00e9s, sin embargo, este verbo reci\u00e9n creado se leer\u00eda de forma natural como [flam\u00e9nkuif\u00e1i], tal como sucede en <em>liquify<\/em>. La idea parec\u00eda buena, su sonido resultaba persuasivo, pero estaba claro que la ortograf\u00eda segu\u00eda sin asentarse, y ninguna palabra nueva se impone si no muestra una forma escrita clara.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote><p><em>\u00abEl flamenco es uno de los grandes g\u00e9neros musicales vivos y el t\u00e9rmino que aqu\u00ed se discute es necesario para nombrar \u2014tambi\u00e9n en ingl\u00e9s, puesto que el ingl\u00e9s es hoy una de las lenguas en las que esta m\u00fasica vive y crece\u2014 una acci\u00f3n que ha sido hist\u00f3ricamente, y sigue siendo hoy, fundamental para la creaci\u00f3n y la encarnaci\u00f3n de los bailes, cantes y actuaciones musicales flamencas. Dicho de otro modo, ni la lengua inglesa ni los pa\u00edses que la hablan son ajenos al desarrollo del que llamamos arte musical andaluz, todo lo contrario. Son razones suficientes para defender la necesidad de este neologismo\u00bb<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En espa\u00f1ol, los sonidos \/ka\/, \/ke\/, \/ki\/, \/ko\/ y \/ku\/ casi nunca se representan con la letra <em>k<\/em>, que aparece sobre todo en pr\u00e9stamos como <em>k\u00e9fir<\/em> o <em>kimono<\/em>. <em>Flamenkify<\/em> ofrecer\u00eda, por tanto, el equivalente fon\u00e9tico m\u00e1s cercano, conservando la pronunciaci\u00f3n espa\u00f1ola no diptongada de la palabra, pero al precio de alejarse m\u00e1s, tanto visual como etimol\u00f3gicamente, de la propia palabra <em>flamenco<\/em>. Corr\u00eda, adem\u00e1s, el riesgo de incorporar una connotaci\u00f3n no deseada: desde hace d\u00e9cadas, movimientos contraculturales y radicales espa\u00f1oles como el anarquismo o el punk han usado la <em>k<\/em> a modo de marca gr\u00e1fica de transgresi\u00f3n, sustituyendo la <em>c<\/em> en palabras como <em>radikal<\/em>, <em>okupaci\u00f3n<\/em> o <em>kapitalismo<\/em>. Esa no es la asociaci\u00f3n que deseamos para nuestra palabra base, aunque nada impedir\u00eda que otros se la a\u00f1adieran m\u00e1s adelante, en contextos contraculturales espec\u00edficos.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n <em>flamencofy<\/em> tiene ciertas ventajas. Conserva la palabra <em>flamenco<\/em> de forma inmediatamente reconocible, convirti\u00e9ndola, de hecho, en la ra\u00edz aparente del nuevo verbo o, m\u00e1s precisamente, en una suerte de lexema falso, ya que la ra\u00edz efectiva ser\u00eda <em>flamenc<\/em>-. Tradicionalmente, cuando una palabra base termina de forma natural en &#8211;<em>a<\/em> o en &#8211;<em>o<\/em>, el ingl\u00e9s eliminaba esa vocal final antes de a\u00f1adir <em>-ify<\/em>, evitando as\u00ed grupos voc\u00e1licos inc\u00f3modos que sonar\u00edan pesados o resultar\u00edan dif\u00edciles de pronunciar. Hoy en d\u00eda, sin embargo, si los hablantes comunes inventan un verbo nuevo a partir de un pr\u00e9stamo acabado en <em>-a<\/em> o en <em>-o<\/em> (terminaciones, por cierto, bastante infrecuentes en ingl\u00e9s), suelen simplemente adherir <em>-fy<\/em> o <em>-ify<\/em> a la palabra entera, sin aplicar la regla cl\u00e1sica de elisi\u00f3n, porque no est\u00e1n pensando en t\u00e9rminos de morfolog\u00eda latina, sino tratando el sufijo como modular y acoplable. As\u00ed, <em>persona<\/em> y <em>Russia<\/em> dan respectivamente <em>personify<\/em> y <em>Russify<\/em>, mientras que <em>data<\/em> y <em>disco<\/em> dan <em>datafy<\/em> y <em>discofy<\/em>. Por esas razones, <em>flamencofy<\/em> no resulta ortogr\u00e1ficamente engorrosa ni morfol\u00f3gicamente forzada. Con todo, <em>flamenquify<\/em> segu\u00eda imponi\u00e9ndose como la soluci\u00f3n m\u00e1s elegante, favorecida adem\u00e1s por sus numerosos precedentes musicales. Como h\u00edbrido juguet\u00f3n que lanza un gui\u00f1o a la forma adjetiva espa\u00f1ola y a su caracter\u00edstico cambio ortogr\u00e1fico, se percibe, adem\u00e1s, m\u00e1s conscientemente biling\u00fce y donoso que <em>flamencofy<\/em>.<\/p>\n<p>El ingl\u00e9s cuenta tambi\u00e9n con el verbo compuesto <em>to jazz something up<\/em>, con sentido parecido a <em>to spice up <\/em>(<strong>avivar, animar, darle a algo chispa o salsa,<\/strong><strong> proporcionarle m\u00e1s sabor,<\/strong> incluso <strong>echarle picante<\/strong>), aunque tambi\u00e9n puede significar \u00abarreglar una pieza musical al estilo del jazz\u00bb, una acepci\u00f3n tan marginal que pocos hablantes la reconocer\u00edan sin que se les explicara. <em>To flamenco up<\/em> podr\u00eda parecer extensi\u00f3n natural suya, pero esta analog\u00eda se apoya en un significado demasiado restringido como para constituir su sost\u00e9n. Queda una \u00faltima posibilidad: <em>flamenqify<\/em>, si bien la descartamos de inmediato, ya que tanto en ingl\u00e9s como en espa\u00f1ol una <em>q<\/em> seguida de cualquier vocal que no sea <em>u<\/em> resulta del todo ajena a sus respectivos sistemas de escritura.<\/p>\n<p>Todo parece apuntar, entonces, a <em>flamenquify<\/em> como la opci\u00f3n m\u00e1s segura, junto con sus posibles nuevas derivaciones: formas verbales como <em>flamenquified<\/em> y <em>flamenquifying<\/em>; formas sustantivas como <em>flamenquification<\/em> y <em>flamenquifier<\/em>; y el adjetivo <em>flamenquifiable<\/em>. Resulta s\u00f3lida respecto a la posible acu\u00f1aci\u00f3n del neologismo, as\u00ed como en relaci\u00f3n con las dos lenguas implicadas en esta transferencia: la prestadora, el espa\u00f1ol, y la receptora, el ingl\u00e9s.<\/p>\n<p>No est\u00e1 en nuestras manos de hablantes corrientes, de a pie, imponer al lexic\u00f3n de una lengua la adopci\u00f3n de un t\u00e9rmino nuevo, por convencidos que estemos de su necesidad; pero s\u00ed tenemos derecho a proponerlo, a echarlo a andar, a darle un primer empuj\u00f3n alentador, a contemplar sus primeros pasos vacilantes y, tal vez, a presenciar su fracaso, que nunca deber\u00eda tomarse como definitivo. La gran lexic\u00f3grafa espa\u00f1ola <strong>Mar\u00eda Moliner<\/strong>, grande por haber construido, sola, represaliada por el franquismo y en su propia casa, sobre la mesa de su cocina, de hecho, uno de los repertorios m\u00e1s extraordinarios de la lengua espa\u00f1ola, el <em>Diccionario de uso del espa\u00f1ol<\/em>, y grande tambi\u00e9n por haber sobrevivido en aquellos a\u00f1os de hierro con integridad y dignidad, advert\u00eda en la introducci\u00f3n de esa obra monumental que \u00abmuy pocos \u201clanzadores\u201d de un neologismo podr\u00e1n vanagloriarse de haber visto consagrado su invento\u00bb. Ten\u00eda raz\u00f3n: las palabras reci\u00e9n acu\u00f1adas que terminan asimil\u00e1ndose en una lengua son excepcionales y, aunque la incorporaci\u00f3n de lemas es un proceso constante, es raro que lleguen con una carta firmada de presentaci\u00f3n. Pero el flamenco es uno de los grandes g\u00e9neros musicales vivos y el t\u00e9rmino que aqu\u00ed se discute es necesario para nombrar \u2014tambi\u00e9n en ingl\u00e9s, puesto que el ingl\u00e9s es hoy una de las lenguas en las que esta m\u00fasica vive y crece\u2014 una acci\u00f3n que ha sido hist\u00f3ricamente, y sigue siendo hoy, fundamental para la creaci\u00f3n y la encarnaci\u00f3n de los bailes, cantes y actuaciones musicales flamencas. Dicho de otro modo, ni la lengua inglesa ni los pa\u00edses que la hablan son ajenos al desarrollo del que llamamos arte musical andaluz, todo lo contrario. Son razones suficientes para defender la necesidad de este neologismo.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n acu\u00f1\u00f3 por primera vez palabras tan ingeniosas y vivaces como las brit\u00e1nicas <em>bloke<\/em> o <em>cheers<\/em> o las americanas <em>funky<\/em> o <em>cool<\/em>, en sus muchos sentidos actuales? \u00bfQui\u00e9n, con cari\u00f1o y constancia, las repiti\u00f3 despu\u00e9s? No lo sabemos. Pero podemos considerar a sus creadores como poetas y artesanos an\u00f3nimos. \u00bfQui\u00e9n pronunci\u00f3 por primera vez el t\u00e9rmino <em>flamenquify<\/em>? Probablemente varias personas, en distintos tiempos y lugares. <strong>Yo solo puedo dar testimonio de lo que sucedi\u00f3 en una clase formada por diez sagaces alumnos universitarios en Granada, Espa\u00f1a, y afirmar que uno de ellos, o quiz\u00e1 dos, secundados con entusiasmo por el resto de la clase y su profesor, hallaron la palabra y la proclamaron alegremente en un fr\u00edo d\u00eda de febrero de 2026<\/strong>. \u00bfPerdurar\u00e1n el verbo y sus derivados l\u00e9xicos? Solo el arte \u2014que, a diferencia de la vida, es largo\u2014 conoce la respuesta. Mientras tanto, aflamenqu\u00e9monos, <em>let\u2019s flamenquify ourselves<\/em>, que no nos arrepentiremos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2192 Con mi gratitud hacia Carlos Van Tongeren, Thea Pitman y Christopher Maurer<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Texto: <strong>Jos\u00e9 Javier Le\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false,"gt_translate_keys":[{"key":"rendered","format":"html"}]},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablamos de la capacidad singular de este arte para hacer algo que no es f\u00e1cil de traducir: aflamencar, es decir, convertir en flamencas piezas musicales que no lo son. Mis estudiantes y yo acordamos que para tal menester deb\u00edamos usar la palabra &#8216;flamenquify&#8217;. 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Mis estudiantes y yo acordamos que para tal menester deb\u00edamos usar la palabra 'flamenquify'. 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