Me dejo de tonterías. En los tiempos que corren la guitarra flamenca está a niveles insospechados, muy por encima de lo que ha avanzado el cante o el baile. Me mojo ahora: están por ahí todos los guitarristas y después, un puñao de escalones por arriba, Antonio. Y así como antaño se hablaba de Diego o Paco y no hacía falta apellidarlos, ahora es Antonio –Rey– el que reparte, domina y manda. Gustos a un lado, no hay quien le eche la pata, o mejor dicho la mano, en cuanto a ejecución y técnica. Y eso es impepinable. Perdonad que sea tajante. Y si no, juzgad por vosotros mismos. Que haya ganado dos Grammys Latinos no es necesariamente motivo que lo justifique, más ahora que los premios musicales y los reconocimientos de los concursos están devaluándose o prostituyéndose por cuestiones mediáticas. Pero también están ahí. Los que sí lo avalan son los oídos cabales, los compañeros de profesión que se postran a sus uñas y la profusa agenda de conciertos que da viajando por medio mundo. Parece que aquí no nos enteramos. Lo de anoche en la Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas era gratis para el público y se fajó hora y media de toque bajo un puñetero foco que no lo dejaba ver el mástil hasta que, pasada la mitad del concierto, se lo apagaron. Lo mismo se entrega en un cuartito entre amigos que para miles de personas, porque Antonio no entiende la cosa a medias, ni lo condiciona el caché. Ofreció una actuación magistral digna de los mejores teatros del mundo, revalidando así su cetro entre los sonantistas contemporáneos.
No sé cómo le cabe tanta música en sus adentros, ni cómo le fluye con holgura por las yemas de sus dedos. Tiene una mano izquierda prodigiosa y una derecha de vértigo. La pulsación precisa, potente y rotunda. Pisa los trastes con aplome. No se le escapa un chasquido, una nota sucia, ni se equivoca en la digitación. Siempre afinado, sensible en los pasajes suaves, poderoso en las partes valientes. Los picados veloces y cristalinos, alzapúas de pasmosa pulcritud, bordones redondeados, arpegios y trémolos finos, tiraíllos sostenidos o arpegiados, contratiempos, golpes y silencios en su medida… Su guitarra se entiende, brilla preñada de melodía, sin perderse en marañas armónicas que camuflen el compás, transparentando en todo momento qué palo está entre sus cuerdas, leyéndose en su mástil cómo discurre la jondura de sus falsetas, apoyadas por rasgueos perfilados, de aparente sencillez, pero tremendamente pulidos y trabajados.
«Su guitarra se entiende, brilla preñada de melodía, sin perderse en marañas armónicas que camuflen el compás, transparentando en todo momento qué palo está entre sus cuerdas, leyéndose en su mástil cómo discurre la jondura de sus falsetas, apoyadas por rasgueos perfilados, de aparente sencillez, pero tremendamente pulidos y trabajados»
Tocó durante la hora y media de recital sin cejilla, al aire, desde el hueso de la cabecilla a la boca de la guitarra derramando escalas imposibles para la mayoría de los mortales, disfrutando del paseo, haciéndole cosquillas a la bajañí y al respetable, que no pudo más que rendirse ante él. A pesar de un exceso de decibelios y a veces descompensación de volúmenes entre las dos guitarras. No sé si a gusto de Antonio o de su técnico de sonido.
Se abandonó con enjundia por varios de los cortes de su último disco, con guiños al anterior, Flamenco sin fronteras –con Calle Cañaílla, por ejemplo– principiando con aires levantinos para meterle mano a su rumba, las citadas alegrías, las bulerías de Historias de un flamenco, la minera Calma… Tocó al alimón con su padre Tony Rey y se trajo de segunda guitarra a Manuel Heredia, cuya base empastó a la perfección cuando el sonido dejó que se escuchara. A la percusión estuvo Ané Carrasco, con las intervenciones justas para aportar el soniquete sin molestar. Y como artista invitado se arropó con la garganta atronadora y aterciopelá de Jesús Méndez que estuvo bien por tangos, pero mucho mejor en los fandangazos que endiñó sin megafonía y el ratito por bulerías con el que echaron el telón.
Apoteósico. Antonio es hoy el rey de la guitarra.
El amigo Pablo Parrilla disertó previamente con maestría sobre la trayectoria y las cualidades de Diego Clavel, el homenajeado de esta Semana Cultural. Pero su conferencia bien merece mención aparte o si lo tiene a bien, su publicación íntegra en esta revista.
Ficha artística
Recital de Antonio Rey
XXXV Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas, Sevilla
31 de marzo de 2025
Guitarra: Antonio Rey
Segunda guitarra: Manuel Heredia
Guitarra invitada: Tony Rey
Cante, artista invitado: Jesús Méndez
Percusión: Ané Carrasco
Conferenciante: Pablo Parrilla
Presentador: Jesús Pérez







